domingo, 17 de diciembre de 2017

LA TRIPLE (SUPUESTA) INFERIORIDAD DE LA MUJER EN EL MUNDO OCCIDENTAL

Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos la nueva entrada que lleva por título: La triple supuesta inferioridad de la mujer, por el profesor Tomás Moreno, siguiendo con la temática de la misoginia.


La triple supuesta inferioridad de la mujer, Tomás Moreno





LA TRIPLE (SUPUESTA) INFERIORIDAD 

DE LA MUJER EN EL MUNDO OCCIDENTAL



La triple supuesta inferioridad de la mujer, Tomás Moreno



Las mujeres han sido sistemáticamente consideradas y calificadas como  seres inferiores por naturaleza. Desde un triple ángulo –bio/fisiológico, intelectual y moral- la tradición misógina ha tratado, pues, de justificar y sancionar una supuesta triple inferioridad  de la mujer de la que va a derivarse una serie de interdictos y prohibiciones para la mujer y de exclusiones o expropiaciones de las mujeres verdaderamente humillantes y escarnecedoras de su dignidad como seres humanos que a continuación vamos a desarrollar. Analizaremos, en primer lugar, la denominada inferioridad bio-fisiológica, para continuar seguidamente con las otras dos, la intelectual y la moral.

1. INFERIORIDAD BIO-FISIOLÓGICA
Como nos recuerda Rosalía Romero en un esclarecedor ensayo, Aristóteles explicaba y legitimaba el orden social jerárquico por analogía con el mundo natural: “De este modo la conducta de la mujer era ordenada y definida por analogía con las hembras animales. Así, la mujer es más blanda, más débil, más pequeña, menos musculosa, de cerebro más pequeño
La triple supuesta inferioridad de la mujer, Tomás Moreno
, menos agresiva y tiene menos capacidad para defenderse y menos calor en el cuerpo, lo que significa que la vive menos que el hombre “y, en general, la hembra tiene menos iniciativa que el macho y es de menos alimento” (HA 608 b 9-13) [1]. La debilidad femenina era un dato indiscutible y evidente de su cuerpo y de su conformación psíquica y emocional.
            La razón de que en la antigüedad se prohibiera a las mujeres y a los niños beber vino –nos recuerda García Estébanez- era precisamente su debilidad física y esa blandura de su cuerpo y de su cerebro (entendimiento), el cual, siendo ya blando de por sí, se ablanda aún más por efecto del vino, haciendo que la mujer pierda el control de sí misma. Por lo contrario - y a propósito de los diálogos filosóficos que tenían lugar tras la comida-, Platón recomienda a los varones ya mayores que beban vino, pues a causa de los años tienen el alma seca y dura, y es necesario reblandecerla un poco, tanto para que se suelten las ideas y la lengua como para que se fijen en ella los conceptos y los buenos propósitos (Leyes 2, 666b-c)[2].

1.1. La misoginia aristotélica y su legado en el medievo
En Aristóteles son, pues, numerosísimos los textos[3] que intentan justificar esta conceptualización diferenciada de la mujer respecto al hombre mediante consideraciones de orden fisiológico. En ellas resalta sus deficiencias: su cuerpo es cóncavo y frío, su embrión se forma a la izquierda del útero, su semen es débil: leche y menstruación forman un peculiar sistema hidráulico con diversas aperturas[4]. Incluso cuando la argumentación, que él siempre conduce según el criterio cuantitativo del más y del menos, podría ser favorable a la mujer, como en el caso de los senos, que evidentemente son más gruesos en la mujer, Aristóteles encuentra el modo de demostrar la superioridad masculina. En este caso hace intervenir el criterio de la firmeza y la musculatura de los tejidos, para que, también aquí, la mujer resulte inferior al varón.
La triple supuesta inferioridad de la mujer, Tomás Moreno Como podemos fácilmente inferir de todo ello, la demostración de la inferioridad constitutivo-natural de la mujer es, en Aristóteles, sistemática y atraviesa de un extremo a otro el “corpus” de su saber y se manifiesta en todos los planos de su ser femenino: la define siempre en términos de alguna imperfección, insuficiencia, carencia o privación. Aristóteles llama, en consecuencia, a la mujer arren peperomenon, varón truncado o mutilado (De animalium generatione 2, 3). Así pues, del examen de esas diferencias biológicas entre los sexos, el Estagirita encuentra que pueden asociárseles diferentes rasgos caracteriológicos a mujeres y a hombres. Es decir, se les puede atribuir diferentes naturalezas por razón del sexo.       
            Santo Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, también define a la mujer a través de una deficiencia, como “varón truncado” o “fallido” (mas occasionatus), calificando su naturaleza como la de “un ser defectuoso o incompleto”, que no responde –asegura en su lenguaje más filosófico y abstracto- “a la primera intención de la naturaleza” que apunta a la perfección (al varón), sino “a la intención secundaria de la naturaleza, como putrefacción, malformación y debilidad de la edad” (Sum.Theo. Suppl. q. 52 art.1 ad 2)[5]. Siguiendo, así, el axioma aristotélico de que “todo principio activo produce algo semejante a él”, Tomás de Aquino afirma que en pura lógica natural siempre deberían nacer varones. Sin embargo, mediante circunstancias desfavorables, nacen mujeres, que son varones fallidos o truncados[6]. Esto significa para Tomás de Aquino “algo que no ha sido querido en sí, sino que dimana de un defecto” (In II sent. 20, 2, 1, 1)[7].
            La negación y estigmatización del cuerpo femenino (en toda su extensión, y también parcialmente: sus cabellos, su rostro, su voz, sus órganos sexuales, su sangre y otros fluidos corporales etc.), por parte de teólogos y médicos renacentistas, fue constante: “Al cuerpo de la mujer, sustraído al encanto y a un acercamiento natural, se le atribuyeron funciones y destinos impropios o excesivos. Y, por lo tanto, se convirtió en lugar de violencia, de curiosidad morbosa y de negación hipócrita. La historia de la histeria femenina, del sadismo misógino, e incluso la de las desviaciones sexuales masculinas, tiene su mejor fuente en la compleja cultura de la inferioridad fisiológica de la mujer”[8]. Con la Contrarreforma, el prejuicio acerca de la múltiple inferioridad femenina, fisiológica, biológica y sexual, creció desmesuradamente. (Cont.)



TOMÁS MORENO



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[1] Rosalía Romero, “Historia de las filósofas, historia de su exclusión (siglos XV-XX”, en  Alicia H. Puleo (Ed.) El reto de la igualdad de género. Nuevas perspectivas en Ética y Filosofía Política, Biblioteca Nueva, Madrid, 2008, p. 305.
[2] Emilio García Estébanez, Contra Eva, Melusina, España, 2008, pp. 88-89.
[3] La edición clásica de las obras conservadas de Aristóteles es la publicada por la Real Academia Prusiana con el título de “Aristotelis Opera”, en 5 volúmenes, entre 1831 y 1870. A esta edición se remiten todas las citas que desde entonces se hacen de Aristóteles. Las ediciones más accesibles en castellano de estas obras son La reproducción de los animales, Gredos, Madrid, 1994; Historia de los animales, Akal, 1990; Partes de los animales, Gredos, Madrid, 2000. La mejor traducción española de la otra gran obra biológica de Aristóteles es la de Tomás Calvo, Aristóteles: Acerca del Alma, Ed. Gredos (Madrid, 1978).
[4] Una deficiencia más: para los ginecólogos del siglo V la mujer sufre de un mal “histérico” que le es connatural junto con el útero, y cuya única terapia son el falo y el parto.
[5] Santo Tomas de Aquino, Suma Teológica, texto latino, traducción y anotaciones por una Comisión de PP. Dominicos presidida por Fr. Francisco Barbado Viejo OP.,  edición bilingüe,  17 vols., Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1947 y ss. En adelante citamos con las iniciales latinas de la obra Sum. Theo, seguidas por la parte Prima (I), Secunda de la misma (Prima Secundae o Secunda Secundae), Tertia  y Suplementun, más números de quaestio y de artículus.
[6] Uta Ranke-Heinemann en su tratado Eunucos por el reino de los cielos. Iglesia católica y sexualidad, tr. Víctor Abelardo Martínez de Lapera, Trotta, Madrid, 1994,  señala que Alberto Magno –inspirándose en el gran pensador griego del Liceo- escribe que occasio significa un defecto que no se corresponde con la intención de su naturaleza (De animal, 1, 250)  y Tomás de Aquino traduce esa expresión con mas occasionatus, un macho imperfecto, deficiente, ella es “un varón fallido”, frustrado o incompleto, un “varón defectuoso” Según D. Jacquart y C. Thomasset occasionatus puede significar también “imprevisible en sus causas”, es decir, “irracional” o “que se aleja del orden normal de la naturaleza” (Sexualidad y saber médico en la Edad Media, Labor Universitaria, Barcelona, 1989).  
[7]Santo Tomás de Aquino, Scriptum in IV L, Sententiarum magistri  P. Lombardi, Mandonnet-Moos, 1929.
[8] Romeo de Maio,  Mujer y Renacimiento, Mondadori, Madrid, 1988, p. 57.


La triple supuesta inferioridad de la mujer, Tomás Moreno

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