lunes, 14 de agosto de 2017

GNOSEOLOGÍA Y EPISTEMOLOGÍA POÉTICA

Sobre la poesía y su posibilidades metodológicas para adquirir conocimiento, en el blog Ancile, para su sección, Pensamiento. Trabajo bajo el título: Gnoseología y epistemología poética.

Gnoseología y epistemología poética. Francisco Acuyo




GNOSEOLOGÍA Y EPISTEMOLOGÍA POÉTICA



Gnoseología y epistemología poética. Francisco Acuyo



El entendimiento de la poesía, en su vertiente gnoseológica y, por qué no, epistemológica, no sólo se la puede emparentar en muchos aspectos con las matemáticas, sino con la ciencia misma, si es que, como a todas luces nos parece, es una forma singular de aprehensión de conocimiento, y porque acaso se conforma como una de las estructuras más abiertas, integradoras y fundamentales para alcanzarlo.
                La esfera experimental de la poesía está, a diferencia de la empírico-matemática, conformada, además de por nociones y conceptos lógico racionales, por juicios especiales e intuiciones amparados en el ámbito de lo irracional y simbólico, no exentas de contradicciones, y en vez de ofrecerse como unidades ideales a las que pueda referirse el dominio de lo subjetivo, como así sucede en las matemáticas, se ofrecen como unidades existenciales evocadoras de la vivencia personal imbricada, integrada, no obstante, de forma necesaria e inevitable en el mundo.
                En poesía, lo discreto, lo contable, no es, aún en su antinomia evidente, sino deudores de lo infinito y del continuo, por eso el signo y el símbolo poético no será(n) unívoco(s) sino ampliamente abierto(s), polivalente(s) y, en definitiva,  verdaderamente liberador(es).[1] La deuda de la poesía al orbe de lo infinito, y la del infinito con el proceso creador poético, se manifiesta en el carácter singularmente polisémico del lenguaje y del símbolo poético, abiertos siempre al universo enigmático de lo infinito. La ambigüedad de la proposición poética se muestra menos preocupada por la precisión de su significado, como atenta en su extraordinaria complejidad, a la integración de su saber, de su alcance significativo y significante con la conciencia, y  esta con el mundo.
Gnoseología y epistemología poética. Francisco AcuyoAl igual que la matemática aplicada creó un sensum ómnium de sentido común sobre la necesidad de la causalidad para explicar los fenómenos físicos, así mismo sucedió al integrar los estudios literarios a la poesía como un género más o menos particular, sujeto a esa discreción convenida para su estudio, con la inevitable influencia en su concepción y entendimiento de la poesía, como un derivado literario, sujeto a la leyes de la lógica y del concepto lingüístico y literario, por cierto, también aherrojado a la causalidad[2] en sus fundamentos. Quiero decir con esto que la poesía no tiene en modo alguno por qué estar sujeta a estas convenciones literarias o lingüísticas, mucho hemos debatido al respecto desde la óptica lingüística[3] y o de la métrica.[4]
La sincronicidad o simultaneidad en el acaecer poético es una constante contra la que muchas veces pugna el poeta, tratando de dar causalidad temporal y espacial en muchos momentos a su intuición poética, anclada de hecho en un ámbito mucho más complejo e inexplicable; para hacerse entender (cuando esto preocupa al poeta, cosa que no sucede siempre), trata de hacer discreta, computable temporal y espacialmente, el torrente irracional e infinito del que proviene, donde el tiempo y el espacio no son en realidad nada.
El concepto de causalidad en poesía es una cuestión harto interesante, en tanto que nos abre un dominio de reflexión sobre la naturaleza del discurso poético y sobre todo, del impulso creativo de la poesía que dará muchísimo juego para el mejor entendimiento de la misma. De esto hablaremos en posteriores entradas de este blog Ancile.




Francisco Acuyo



               



[1] Zellini, P.: Breve historia del el infinito, Siruela, Madrid, 1991, p. 216.
[2] Mucho juego a dado desde antiguo los tratamientos del espacio y el tiempo en el teatro y la novela, por ejemplo.
[3] Acuyo, F.: en Ancile: Roman Jakobson, de lingüísitica y poética: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2010/10/roman-jakobson-sobre-linguistica-y.html
[4] Acuyo. F.: Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007, pp. 374.
 Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009, pp. 427.



Gnoseología y epistemología poética. Francisco Acuyo

domingo, 13 de agosto de 2017

ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE

He querido traer para la sección, Poesía y pintura, del blog Ancile, una breve muestra de la obra de la artista Isabel María Fernández Aparicio; también unas reflexiones de la propia autora en torno a su trayectoria y motivaciones creativas. He querido, como decía, incluirla en la sección de, Poesía y pintura, por dos razones fundamentales, primero, porque he creído ver y entender en su obra pictórica una vigorosa y al tiempo delicada vena lírica que en modo alguno está reñida con la expresión artística plástica, el espacio, la figura, el color... se manifiestan en el ámbito temporal en virtud a la gracia poética en la que mueve su mundo artístico singular; segundo, porque, una vez hube contemplado alguna de sus espléndidas composiciones, brotaron a mi imaginación algunos versos que, con toda modestia, quieren acompañar esta exigua pero muy significativa muestra de su obra. 
Quede pues, aquí, este prototipo de exposición digital, muestrario mínimo de una artista cuyo mundo pictórico original recomiendo vivamente a todos a aquellos que apreciarlo sepan. Y aquí, ahora, sus palabras a modo de exposición de motivos que pueden servir de orientación en en ese mundo artístico suyo tan personal e interesante. También os remito a su dirección digital, donde podréis indagar muy a vuestro sabor todo esto de lo que ahora os hablo.



Enlace a: MY FEMALE GHOSTS INSIDE



ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE, Francisco Acuyo





ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O

 MY FEMALE GHOSTS INSIDE






ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE, Francisco Acuyo



“MY FEMALE GHOSTS INSIDE” (o mis fantasmas femeninos adentro):

 Elegí el título por la presencia femenina en cada obra y en gran parte de mi trabajo hasta ahora desarrollado. El fin de este proyecto es el de reunir una selección de obras que van, desde el inicio de mi carrera hasta la actualidad, y donde la figura femenina es la principal protagonista y comunicadora.
La selección consta de dieciocho obras –todas de técnica mixta sobre tela o panel, algún óleo también sobre tela o panel y un par de dibujos que he querido destacar, de hecho uno de ellos, “Coldest”, ha dado un giro internacional en la contraportada de una revista literaria de carácter semestral difundida por países de los cinco continentes.
El por qué de esa presencia femenina en mis pinturas, es un misterio incluso para mí. Rara es la vez que el protagonismo en la figuración se lo lleva una representación masculina,
ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE, Francisco Acuyo
aunque sea de un niño, o aparece un animal que no sea un insecto; los paisajes oníricos y líricos incluso cuando se ven rodeando o integrando a la figuración, huyendo del total realismo y todavía más del paisaje urbano, por ejemplo.
¿Pueden ser aspectos de mi psique? (de ahí que hable de mis fantasmas “adentro”), ¿pueden ser mis propios arquetipos?, mi bruja, mi niña inocente, la madre que habita en mí o que no quiere habitar. De cualquier manera son pequeños jeroglíficos, todos encierran varias lecturas, simbolismo y mucha psicología, y no es plato de buen gusto dar la solución de la adivinanza si quien entra a jugar quiere perderse en sus incógnitas…
A mi juicio y por la experiencia que he tenido conforme incubaba y luego sublimaba las obras, cada una de ellas ha sido presagio de algún acontecimiento en mi vida o me ha revelado algo que estaba a punto de aprender sin ser, en su momento, consciente de ello.
Un vistazo al desfile de imágenes que personifican con sus figuras dulzura, misterio, dolor, fuerza… en algún caso se entra incluso en el juego de causar temor. Lejos de parecer en conjunto disonante, a pesar de los años que distan desde el primer trabajo hasta el último y todo el recorrido incluído, tienen  en común o poseen en su sonoridad un “bajo continuo” de una “aletreza” (alegría+tristeza), todas parten de una oscura melancolía, de la que asoma un rayo de luz y esperanza y viceversa.

Me atrevo, aunque siempre lo he considerado algo “suicida”, a etiquetar el estilo pictórico, que, aunque por separado pueda diferenciar claramente a unas obras de otras, todas tienen en común el simbolismo y el lirismo. Suelo etiquetarlo entonces de “simbolismo figurativo”, movimiento que a pesar de poder sonarnos casi decimonónico, en su apariencia y tratamiento de la técnica, así como los elementos representativos convierten a la obra –como cualquier trabajo que se haga HOY-, en arte contemporáneo. Una obra, por el simple hecho de estar ejecutada por un hijo del XX-XXI, lleva la huella implícita de un ser que aplica el filtro de lo vivido en este tiempo hasta para retratar a una señora encorsetada o de aspecto del pasado. Es lo que se comunica, con qué medios y de qué manera.


Isabel María Fernández Aparicio





ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE, Francisco Acuyo



LA ROSA ROJA
 EN EL JARDÍN DE LOS VAMPIROS


Para Isabel M. Fernández Aparicio



                                         TIERNA rosa y purpúrea, si un momento
                                          vi a mi amor en tu cáliz inclinada,
y por pétalos del trasmundo amada
aspirar sangre pura en cada aliento,

   viera en contra de sí mi pensamiento
correr al nácar de su cuello, y con cada
pulso la sangre efímero impulsada
en torno a su inmortal mantenimiento.

   Allí, mi amada, a tu corola uncida
pleitesía sangrienta nos demuestra
que hasta sus labios a gustar convida,

   y entre tu cáliz, si su cuello tuve
es sangre de tus pétalos la muestra,
que el infinito sin moverme anduve.





Francisco Acuyo

De, Rimas del jardín de los vampiros.



ISABEL MARÍA FERNÁNDEZ O MY FEMALE GHOSTS INSIDE, Francisco Acuyo


viernes, 4 de agosto de 2017

MÁS ALLÁ DE LOS NOMBRES Y DE LAS IMÁGENES: EL INFINITO POÉTICO

Siguiendo la estela de anteriores entradas sobre el infinito poético traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, el post que lleva por título: Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético.

Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo




MÁS ALLÁ DE LOS NOMBRES Y 

DE LAS IMÁGENES: EL INFINITO POÉTICO





Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo




Una de las cuestiones más fascinantes en mi empeño de comprensión del número en poesía fue, sin duda, la constatación de que, a pesar de la demostración de las relaciones entre los cómputos métricos y la eufonía y expresividad del verso en determinadas ocasiones, llegaba siempre a la conclusión de no acabar de entender, a pesar de la evidencia aritmética de dichas relaciones, todos aquellos datos de manera precisa, acaso influido nocivamente por la visión mecánica del verso. Acaso también la visión platónica de que, más allá de los nombres y de la imagen no entendemos,  influyó sin duda, y ayudó para enardecer la perpetua duda en la comprensión definitiva de la dinámica estructural del poema. Las contradicciones (antinomias) descritas en anteriores trabajos sobre el número en el verso (la descripción discreta de sus componentes y la realidad continua de su entidad como totalidad poemática), hubieron de sembrar de dudas abundantes el intento de aproximaciones deterministas en relación a su naturaleza y funcionamiento. Es claro que olvidaba la realidad viva de la poesía, con todos sus ingredientes, lógicos conceptuales, pero también irracionales y simbólicos.
Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo                SI hubo un momento[1] en el que el ámbito de las matemáticas se pudo demostrar la imposibilidad de un sistema formal completo, simbólicamente cerrado, en poesía siempre se mantuvo un horizonte perpetuamente abierto, así entendí yo al menos, el signo[2] y el símbolo poético. El mismo sistema métrico del verso ofrece en la aparición de sus desvíos de la norma[3] la insuficiencia de cualquier formalismo mecánico en su sistema, siempre abierto, de hecho la coherencia métrica no se puede tampoco deducir de su preceptiva mecánica del verso, por lo que la paradoja (ciencia de la paradoja, decíamos que entendíamos la poesía) entre la coherencia del metro y la incompletitud de su sistema formal, pone de manifiesto en su antinomia la dinamicidad y continuidad del proceso creativo poético que lo abre, inevitablemente, hacia la realidad de una naturaleza que se ofrece como auténtica corriente infinita, realidad que hace de la poesía la vía más cercana para el acceso al entendimiento de lo que sea el infinito actual.
                La refutación de la mecánica del metro[4] puede ser un ejemplo interesante para constatar la realidad dinámica, viva, orgánica del verso. Así mismo puede decirse de las otras vertientes del constructo poemático (lingüístico, gramatical….), donde las violaciones o desvíos manifiestos ponen en evidencia que las supuestas contradicciones (negaciones de la norma) no hacen sino constatar su aspiración a ir más allá de la medida, del límite, y expone su inclinación hacia la totalidad y el infinito, si es que puede en verdad conciliar la afirmación y la negación como la realidad del mundo.
                En la lógica poética (paradójica, antinómica, ambigua…) no subyace la típica unidireccionalidad de las demostraciones del matemático, sino que se abre al arbitrio de la infinitud que de otro modo no puede siquiera señalarse, quedando a la discreción del intérprete de su signo y simbología el convencer, entender o engañar, si es que pretende anunciar y esconder la función singular de dicho signo y símbolo poético, no obstante, abiertos a la conciencia y al mundo, intentando superar las imágenes refractarias e incompletas que se proyectan en la caverna de nuestras percepciones y que la sitúa en el lugar indescriptible, inmarcesible que trasciende la representación y que tiende muchas veces hacia lo inexpresable.
                En el extraordinario espejo de la poesía podremos ver, como desde emporio privilegiado, las miserias y limitaciones del positivismo que nunca supo barajar con crédito el inevitable problema de las antinomias en el ámbito de la ciencia, las matemáticas y, desde luego, en la misma poesía.
                La intuición poética es portadora de un saber primigenio de donde hubieron de partir todas las elaboraciones lógico-racionales y desde donde podemos intuir lo decible de lo indecible, ver lo visible en lo invisible, contar con el número natural, entero y deducir el transfinito. Ultimaremos en próximas entradas cuestiones análogas a las descritas en ese blog Ancile.



Francisco Acuyo
               
               






[1] Remitimos al célebre teorema de incompletitud de Gödel.
[2] Acuyo, F.: Signo y poesía, Desde el sur: el discurso sobre Europa, Actas del 10º Simposium internacional de las sociedad andaluza de semiótica, pgs. 121- 146, Universidad de Granada, 2007.
[3] Acuyo, F.: Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007, pp. 374. Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009, pp. 427, ISBN: 978-84-936932-2-0.
[4] Recuérdese la afirmación popperiana: Una teoría se define científica, si es refutable.



Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo

jueves, 3 de agosto de 2017

LOS INDISCERNIBLES EN MATEMÁTICAS Y POESÍA

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: Lo indiscernibles en matemáticas y poesía.



Lo indiscernibles en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo





LOS INDISCERNIBLES EN MATEMÁTICAS Y POESÍA




Lo indiscernibles en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo




Es sabido que las leyes que rigen para el dominio de lo limitado, de lo discreto, son inaplicables para el ámbito de lo infinito. En poesía (Leibniz ya lo advertía también matemáticas) se intuye que las representaciones de lo real y los infinitos inmarcesibles se encuentran en una suerte de heterogénea contingencia, en la que se mezclan en diversas variables aquello que puede ser posible. No deja de traerme a la memoria esta reflexión la enigmática realidad cuántica, en donde lo potencial puede hacerse real en virtud del colapso producido por la observación del fenómeno cuántico en cuestión.
                Si la lógica matemática[1] acercó bastante la idea del infinito a la actual matemática –y científica-, se vio, no obstante, obligada a tener que aceptar un trasfondo de totalidad más basado en la creencia que en la propia demostración lógico matemática, y menos aún científica. La poesía se mueve con más gracilidad en este ámbito, sobre todo porque los principios lógico gramaticales y sintácticos de su discurso resultan más abiertos a las potencias de lo irracional de la conciencia. Los indiscernibles propios de la infinitud en poesía, -a diferencia que la matemática- contrastan con las interrelaciones de la conciencia y el mundo circundante, pues no necesitan ser rigurosamente identificadas, lo que implica que la conciencia misma, no necesita de una identidad -simbólica- reductible en poesía. Esta liberación del axioma de reductibilidad del discurso poético es lo que hace del mismo, flexible y hermosamente conexo con el mundo.
                El ámbito de las paradojas del lenguaje poético es, sin embargo, el que le conecta mejor y más ampliamente con el entorno universal con el que superar la desconfianza precisamente en esta paradojas o antinomias aparentes. La simbología juega un papel primordial en poesía, en tanto que se manifiesta abierta, a diferencia del simbolismo lógico matemático -sin significado-, estrictamente dirigida (en su incompletitud)[2] a descripciones determinadas con significados profundos, dinámicos,  interactivos e integradores.
                La idea poética tiene la singular característica de ser, en ese flujo o continuo simbólico en el que se diluye, ese algo que es aun cuando nadie lo tenga conscientemente en consideración; su objetivadad -especial- radica en que su determinación no debería estar
Lo indiscernibles en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo
vinculada rigurosamente a un determinado objeto. El símbolo en poesía adquiere un carácter muy particular en tanto que vive y aspira en su ambigüedad esencial a un reconocimiento integral de la conciencia y del mundo. Sin embargo, la totalidad a la que aspira el símbolo –poético- no es incompatible con la diversidad del mundo, sobre la que mucho tienen que decir los matemáticos, pero sobre todo los poetas, si es que estos dirigen sus proposiciones lógicas o ilógicas –irracionales- a las cuestiones que atañen muy directamente a la existencia, mas sin renunciar a la evocación del signo (lingüístico y sobre todo poético) y del símbolo como arquetipo de significado, a diferencia de la reductibilidad del mismo en matemáticas.
                El infinito es parte indiscernible del ser de la poesía en tanto que la palabra poética es evocadora de un espíritu (símbolo) que aparece siempre.[3] Por eso la palabra poética puede pasar por ser la no palabra, si es que en verdad es revelación y ocultación de lo invisible y se mantiene al abrigo de las contradicciones lógicas.
                La poesía, en fin, convive en el continuo que trasciende las nociones de tiempo y espacio, si en verdad estos no son sino representaciones que quieren identificarse con los intervalos discretos que ofrece la naturaleza del mundo. En esta identificación del espacio temporal tiene mucho que decir el número métrico, arraigado desde el pensamiento más primitivo a la idea misma de tiempo.
                A diferencia del signo matemático, el poético, en modo alguno pretende ser neutral en relación a los objetos designados, así el símbolo poético siempre es evocador en virtud de sus analogías, metáforas u otras vías retórico epistemológicas, en un sentido estrictamente poético, siempre arraigadas a las distintas y diversas manifestaciones de la totalidad, y es que de la diversa proporción de las cosas es de donde la poesía deduce que está la marca del infinito. Seguiremos abundando sobre estas y otras cuestiones en próximas entradas del blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Russell, Whitehead. Principia mathematica, Bibliolife, United Kingdom, 2010.
[2] Gödel, K.: Sobre proposiciones formalmente indecibles de los Principia Mathematica y sistemas afines, Teorema, Valencia, 1980.
[3] Novalis, Gérmenes o fragmentos, Renacimiento, Sevilla, 2006.





Lo indiscernibles en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo

martes, 1 de agosto de 2017

TRASCENDENCIA MATEMÁTICA Y POÉTICA EN EL INFINITO IRREPRESENTABLE

La idea de trascendencia en matemáticas y poesía, una puerta al infinito, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, bajo el título de, Trascendencia matemática y poética en el infinito irrepresentable.

Trascendencia matemática y poética en el infinito irrepresentable. Francisco Acuyo





TRASCENDENCIA MATEMÁTICA Y POÉTICA

EN EL INFINITO IRREPRESENTABLE


               

Trascendencia matemática y poética en el infinito irrepresentable. Francisco Acuyo


Si la invención matemática es trascendente,[1] en tanto que se dice que es independiente de su lenguaje, o que, expresado de manera diferente, la dinámica estructural de las matemáticas es lingüísticamente irrepresentable,[2] la poesía puede ofrecerse como una ciencia (o un arte) fundamentado  en la paradoja,[3] que muy bien pudiera emparentarse con el arte de la docta ignorancia de los mínimos geométricos de Giordano Bruno,[4] sobre todo, porque la poesía, como advertíamos anteriormente,[5] pertenece a la esfera de la razón, pero también al vasto dominio de lo irracional. Por eso las antinomias, analogías, ambigüedades… portan el eco de lo infinito irrepresentable.
                La poesía trasciende la forma (del lenguaje y del mismo número métrico) en tanto que nos habla del infinito actual, y lo hace mediante las contradicciones, los símbolos, las metáforas, indagando los vestigios, los reflejos del absoluto, y expresado todo ello en muchas ocasiones mediante el símbolo y el enigma. Diríase que en el ámbito de los infinitos matemáticos se derivan los mundos del infinito poético y viceversa, donde es posible un apriorismo de verdad y de principios basados  en una ciencia (y arte) paradójico(s), antinómic(os) y por ello trascendente(s).
                Por todo lo anteriormente expuesto cabe deducir que lo trascendental de la intuición matemática y desde luego también de la poética, está(n) íntimamente ligada(os) al concepto de libertad, acaso ubicado (¿misteriosamente?) en nuestra conciencia creativa de donde han de manar todas las acciones de novedad y regeneración y entendimiento. El matemático, es el sujeto proverbial que no pertenece al mundo, sino que es el límite del
Trascendencia matemática y poética en el infinito irrepresentable. Francisco Acuyo
mundo,[6] en tanto que, de manera libre y autónoma, discierne sobre el número y sus relaciones con aquél. Pero, ¿y el poeta? ¿Mantiene una relación de autonomía y libertad similar a la del matemático? Veremos que en realidad su libertad es singular, en tanto que, sí, pertenece estrechamente al mundo y libera genuinamente de cualquier límite.
                La poesía es una manera –diferente en este punto a la matemática- de hacer converger los puntos contradictorios entre el límite y lo ilimitado en la conciencia del que accede al entendimiento de lo poético, más allá de la cadena de deducciones sucesivas[7]  que exige el axioma matemático, y es que  siendo su ejercicio creativo libre, no se mostrará atado a determinismo de ninguna especie como sí lo exige el matemático. La vinculación de la conciencia al mundo a través del lenguaje poético implica una ontología realmente integradora, cuya unidad de discurso no necesita exclusivamente de la deducción lógica ni del razonamiento estrictamente conceptual, para indagar lo definido y lo que carece de límite. La idea del mundo y su realidad se ofrece más allá de la mera representación, o de la ficción, en la verdadera poesía, pues ofrece la dimensión espacio temporal en su ilusoria magnitud y abre una ventana más allá de dichas magnitudes.
                La naturaleza del espacio y del tiempo también fue cuestionada como realidad última por las mismas matemáticas (Weierstrass, Dedeking, Cantor , Russell…), no obstante, en poesía adquieren una carta de singular naturaleza. De la naturaleza espacio temporal en poesía hablaremos en próximas entradas.


Francisco Acuyo




[1] Weil, S.: Cuadernos, Trotta, Madrid, 2001, p. 137.
[2] Zellini, P.: Breve historia del infinito, Siruela, Madrid, 1991, p. 93.
[3] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecittá, Granada, 2010.
[4] Bruno, G.: Sobre el infinito universo y los mundos, Orbis, 1984, Madrid, 1981.
[5] Acuyo, F.: Ancile, Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/lo-irracional-poetico-y-el-sustrato-del.html
[6] Wittgenstein, L.: Tractatus, Alianza editorial, Madrid, 1999, 5 632
[7] Zellini, P.: nota 2, p. 114.



Trascendencia matemática y poética en el infinito irrepresentable. Francisco Acuyo

lunes, 31 de julio de 2017

LO IRRACIONAL POÉTICO Y EL SUSTRATO DEL INFINITO POÉTICO

  Algunas reflexiones sobre lo irracional en poesía, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, bajo el título general de, Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético.


Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético.Francisco Acuyo


LO IRRACIONAL POÉTICO

Y EL SUSTRATO DEL INFINITO POÉTICO



Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético.Francisco Acuyo



Al igual que la música, el ritmo –la eufonía- del verso se sustenta en el silencio que, en definitiva, está antes que cualquier sonido. El valor métrico es fundamental en el poema, como también lo será su significado, el cual, a su vez, estará inevitablemente trabado a la ausencia del mismo. Como aquello que es perceptible claramente, lo estará a lo que no es visible.
                EL sustrato lógico racional del discurso lingüístico, así como el del literario obedecen a unos principios de orden (gramatical, sintáctico), sin los cuales su alocución podría ser ininteligible. En el caso de la poesía, estos principios lógico conceptuales y de referencia concreta no son, sino del todo imprescindibles, sí variables y en contradicción real o aparente con ellos. La cuestión es que los significados poéticos, en muchos casos, trascienden la conformación lógico racional del concepto, y se extienden a los ámbitos de lo irracional y lo simbólico.
                De manera análoga a lo que acontece en matemáticas, cuando esta nos dice que: la verdad conforme a la cual nada existe salvo lo que es actual parecería contradicha por una circunstancia: la existencia de los números irracionales[1], sucede en la poesía. El irracional irrepresentable mediante el número entero, parece hijo del azar o, mejor aún del caos. La imposibilidad de representación, nos recuerda al momento irracional del poema, pues se
Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético.Francisco Acuyo
sitúa más allá del discurso lógico conceptual, si origen o matriz de una realidad distinta o mucho más amplia.
 La irracionalidad del número dícese que no tiene realidad actual porque no puede ser mostrado el infinito conjunto de todas sus cifras. La irracionalidad poética tampoco puede ser descrita en tanto que se alimenta de la viva realidad de lo inconsciente, lo orgánico, lo vivo, lo simbólico irreductible a una razón actual o referente o a un orden cósmico numérico sujeto a una ley o medida cifrable. La poesía vive el número como la proporción en lo diverso[2] que interacciona entre el límite de lo medido y el infinito de lo creativo inconmensurable, que se resiste a una concreción definitiva.
                El límite y lo ilimitado conviven en la poesía como principio ineluctable, amparado este siempre en lo indefinido, si es que en verdad es potencia creativa, continuo que fluye a través del número (métrico) y la razón gramatical (sintáctica), aunque en realidad sea imposible computar el infinito, si es que el continuo es innumerable.
                Acaso sea la poesía el ámbito en el que mejor se puede contemplar que, la relación es el vínculo de las cosas[3], porque en verdad es el en continuo donde se produce la genuina poiesis y donde la paradoja, la ambigüedad, la relación entre contrarios es más evidente y, al tiempo, más invisible y donde el misterio del infinito se hace más innegable y real, aun cuando no sepamos describirlo con la herramienta de la dialéctica, de la razón y la lógica.
                La palabra poética es la transcripción más genuina del infinito en tanto que aúna la razón delimitadora del número y sus límites, y el símbolo irracional donde lo ilimitado habita y se hace acción. Seguiremos abundado sobre esta y otras cuestiones afines en próximas entregas del blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Zellini, P.: Breve historia del infinito, Siruela, Madrid, 1991, p. 51.
[2] Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso,
[3] Gioberti, V.: Della Protlogia, Nápoles, 1864, p.177





Lo irracional poético y el sustrato del infinito poético.Francisco Acuyo

viernes, 28 de julio de 2017

POESÍA: LOS LÍMITES DEL INFINITO

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la nueva entrada que lleva por título: Poesía, los límites del infinito.


Poesía, los límites del infinito.Francisco Acuyo


POESÍA: LOS LÍMITES DEL INFINITO


Poesía, los límites del infinito.Francisco Acuyo



La naturaleza de la infinitud en poesía se delimita singularmente en el constructo métrico del verso y del poema. Plotino expresa la delimitación de la infinitud –en matemáticas a través del punto, nosotros en las unidades métricas: acentos, pies métricos…- precisamente en su relación armónica entre dos infinidades de dichas unidades, que son en realidad límites que no hacen sino reconocer la naturaleza de su infinitud, y es que, lo que en realidad tratamos de delimitar con el límite es precisamente el infinito, por lo que no podemos sino reconocer que  no hay algo entre lo finito e infinito que pueda acoger la naturaleza del límite.[1]
                Como vimos en entradas anteriores, la potencialidad y la capacidad del límite del punto en matemáticas[2], puede emparentarse con los elementos esenciales rítmicos del verso (sílabas, acentos, pies métricos…), si es que estos son precisamente límites eufónico expresivos que poseen lo ilimitado, ya que lo mismo que el punto en geométrica para la matemática verdadera, estos elementos rítmicos han de hallarse de manera necesaria en la verdadera poesía.
                La magia y la fascinación de la poesía proviene acaso de la aplicación aritmética de su estructura rítmica que es, además, temporal. Los límites del tiempo son susceptibles de subdividirse ad infinitum en la conciencia, con la peculiaridad de que esa sucesión infinita es imposible de limitar en un período determinado de tiempo. Extraordinaria paradoja. Sí, esta es la más genuina paradoja de la poesía en tanto que se vierte con una exactitud matemática en su estructura (la poesía, como ciencia de la paradoja) para dirigirse creativamente a los inmarcesibles reductos del infinito de los que bebe como genuino poder creativo[3]. Por eso en poesía el tiempo es conciencia y se vierte como una suerte de corriente quieta entre esos intervalos de aquella sucesión infinita, por eso (también lo advertíamos en otras ocasiones) el tiempo en poesía se manifiesta como un eterno presente, pues en el
Poesía, los límites del infinito.Francisco Acuyo
poema extraemos la unidad de aquellos intervalos métricos (rítmicos, eufónicos…) supuestamente temporales y que no son sino el acto de contemplación poética que en realidad no puede sujetarse a ningún límite aritmético mínimo.
                A partir de aquí, es donde nosotros ponemos en serias  duda al carácter de ficción de la poesía. Al fin al cabo ella no hace sino ponernos continuamente de forma manifiesta la ilusión de los límites, trascendiendo la representabilidad de la ficción para exponernos al hecho incontrovertible del acto creativo, que se sitúa más allá del tiempo (convencional) y que, paradójicamente, siempre en marcha, muestra el ser de las cosas. El acto creativo que, para ser en verdad creativo, ha de ser nuevo, aparece como surgido de la nada en plenitud para la contemplación e integración en el mundo.
                Quizá por lo anteriormente expuesto sea por lo que el análisis, la observación aséptica del poema y su interpretación exacta resulta del todo imposible. El tejido vivo del poema ha de ser –valga la redundancia- vivido para ser entendido (más allá del escarpelo del juicio razonable y, por tanto, viciado por esta o aquella convención de conocimiento previo), y donde la conciencia –poética- es el fundamento de toda realidad.
                La poesía, concretada en el poema muy bien puede ser considerada un ingenio orgánico singular, cuya característica más genuina será la de realizar incontables e indefinidos procedimientos (medibles, por ejemplo, métricamente) en un intervalo discreto, finito y medible que, no obstante, aspira a la plenitud que paradójicamente está inmersa en lo infinito. El fingere de nihilo[4] en poesía no es aceptable porque el proceso creativo (poiesis) está siempre más allá del discurso netamente intelectivo, racional y abstracto que aspira a cercar formalmente lo inconmensurable. El aspecto irracional de la poesía está anclado a los puntos primitivos, primarios (simbólicos) que son anteriores a cualquier proceso de conceptualización y, por tanto, de formación estructural, pues nos habla de que más allá de la actualidad creativa del poema no hay nada.
                La realidad de las cosas en poesía están en esos sustratos creativos primarios y que acaso son posibles potencialmente en todas partes. Los límites –métricos, gramaticales, lingüísticos, retóricos…- son los que marcan los objetos poéticos que están signados con la plenitud simbólica de lo infinito. Proseguiremos en nuevas entradas este relato tan particular y fascinante de la naturaleza del acto creativo poético.


Francisco Acuyo



[1] Plotino: Enéadas VI, Gredos, Madrid, 1982.
[2] Acuyo, F.:  Ancile,  La cardinalidad del verso, la corriente infinita: https://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/cardinalidad-del-verso-la-corriente.html y El continuo poético  o la imposibilidad mecánica de la poesía.: https://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/el-continuo-poetico-o-la-imposibilidad.html
[3] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones (Fundación Internacional Artecitta), Granada, 2010, pp, 140. Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza), Jizo ediciones, colección El círculo del límite: Granada, 2013, pp, 112.
[4] Como pura ficción.


Poesía, los límites del infinito.Francisco Acuyo