miércoles, 11 de abril de 2018

LA PASIÓN DE LO HERMOSO CONSEGUIDO


Bajo el título, La pasión de lo hermoso conseguido, publicamos, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, este nuevo post de reflexión sobre el concepto de la belleza.



La pasión de lo hermoso conseguido, Francisco Acuyo
De Gyru Lohmuller




LA PASIÓN DE LO HERMOSO CONSEGUIDO



La pasión de lo hermoso conseguido, Francisco Acuyo
De Tetsuya Ishida



Al margen de los argumentos cognitivos (y no cognitivos) y conativos que puedan desarrollarse en el ámbito de la belleza, debatiéndose con la inversión spinoziana de que lo deseado no se anhela porque es bueno, sino que es bueno porque es deseado, lo bello no es un mero espejo que refleja lo que hay en el exterior, y es que la vida (y la misma muerte) y todas sus consecuencias son las que marcan la necesidad de indagación y de relación de lo vivido, así como del hallazgo de la belleza en lo que de verdad se manifiesta esa indagación vital del mundo que, al fin y a la postre, constituye nuestra existencia.
            En cualquier caso, el valor de la belleza, al llevarlo a la objetivación de un mero placer (estético), se nos antoja insuficiente por incompleto su razonamiento, pues se colige fácilmente de lo anterior e inmediatamente  expuesto que: la belleza cambia y crea en el mundo y al estar estrechamente vinculada al propio dinamismo vital, no sería extraño que pudiera despertar aquel … je l’ai trouvée amére // et je l’ai injuriée[1], al que se refería Rimbaud. La pasión de lo hermoso (conseguido, que diría Juan Ramón), no está exenta de dolor.
            La disposición estética, no sólo del poeta, del artista, también del matemático, del científico… es un condicionante extraordinariamente importante en aquellas entidades vivas con voluntad
La pasión de lo hermoso conseguido, Francisco Acuyo
consciente. Si, sin saber por qué[2] somos capaces de reconocer figuras geométricas, simetrías en objetos y espacios, armonías en determinados sonidos, proporciones majestuosas, y si todo esto llega a emocionarnos, elevarnos, inspirarnos creativamente, será porque nos hablan de una potencia innata de nuestra consciencia y nos concita para su reconocimiento y vivencia creativa.
            Por todo esto es natural reconocer que la belleza sea una presencia viviente o una ausencia doliente[3]. Es un ámbito fascinante el de la naturaleza de lo bello y la propensión de nuestra conciencia hacia su descubrimiento y el ejercicio de su creación. Esto último debería apreciarse en lo que merece, sobre todo al albur de los estudios sobre la conciencia y, además, sobre la incidencia de esta sobre la propia realidad –física   - del mundo[4].
            La realidad del dolor y el sufrimiento en el mundo es incuestionable. En cualquier caso acontece, pareja a esta incontestable sustantividad del dolor, una suerte de coherencia universal de la que se dice que es placentera en su percepción y entendimiento, y que cala profundamente en todo aquello que concebimos que debe ser verdadero[5], es sin duda la belleza. Pero no nos parece en modo alguno que deba obviarse, en virtud de ese ánimo sensorial y deleitoso que embarga la percepción y entendimiento de lo bello, aquella otra faceta que, amparada en su virtud creativa, conlleva no solo a la captación sensorial e inmanentemente bello, también a la intuición de lo trascendente.
Aunque siendo un profundo y enamorado apasionado de la ciencia (sobre todo de la física, las matemáticas y la cosmología), hay algo que me impide aceptar esta abrupta ruptura con aquellas inquietudes (quizá, o sobre todo, porque soy poeta) que me inclinan a la indagación de factores e incidencias manifiestas en la psique (o alma, o espíritu… o como quiera denominársele) que, a mi juicio, son tan reales y eficientes como la materia misma. Una de ellas es la belleza y su concepción –y percepción- universal de toda criatura que tiene o aspira a tener conciencia, una conciencia que no sólo es pensamiento, conocimiento, experiencia o convención, sobre todo espíritu creativo.


Francisco Acuyo


[1] El hecho de encontrar amarga la belleza, y de desear injuriarla.
[2]  Ficino, M.: Il comento sopra il Conuito di Platone…, Softcover, 2016.
[3] Santayana, G.: Cartas, pp-238-239.
[4] Véanse en este punto algunas reflexiones recogidas en Ancile: La poesía y los fantasmas de la materiahttp://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/05/la-poesia-y-los-fantasmas-de-la-materia.html , De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/05/de-la-realidad-el-atomo-la-vida-y-la.html ; El sueño de la materia produce monstruos: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/05/el-sueno-de-la-materia-produce-monstruos.html
[5] Acuyo, F.: Elogio de la decepción, y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza, Jizo, Granada, 2013, pp. 82.


La pasión de lo hermoso conseguido, Francisco Acuyo


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