lunes, 17 de julio de 2017

EL NÚMERO POÉTICO: SINFONÍA DEL INFINITO

Indagando en la estructura viva del verso traemos una nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, esta vez bajo el título de. El número poético: sinfonía del infinito.



El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo





EL NÚMERO POÉTICO: SINFONÍA DEL INFINITO







MUCHOS colegas y amigos insistían en comunicarme su estupefacción cuando colocaba a George Cantor como uno de mis héroes dilectos en el ámbito del pensamiento alcanzando acaso la cota más elevada jamás descrita por una mente humana[1]. No supone este escrito ningún reproche a tales interrogantes de propios y extraños, acaso porque yo tampoco puse la menor insistencia en justificar esta y otras predilecciones, tenidas por muy extravagantes para una persona cuya humildísima relevancia estaba objetivada en el dominio mal llamado de las humanidades.

                Cantor fue un personaje que, como matemático, pensador y ser humano siempre me causó fascinación, tal vez porque vi entre sus inquietudes de genio, las menesterosas, limitadas y escasas mías, que venían a confluir con mis groseras e ignaras intuiciones sobre materias y controversias en dominios impropios pero que en verdad para cualquiera con un mínimo de curiosidad intelectual resultan altamente fascinantes.

                Como poeta y modesto estudioso del constructo poemático,  y siguiendo siempre los parámetros propios de persona con mucha imaginación y pocos conocimientos, estuve viendo gigantes donde acaso no hubo más que molinos de viento. Es el caso que, cuanto más atendía a la estructura del verso y la comparaba con los tratados concienzudos de metricistas
El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo
y expertos de la lengua, más lagunas encontraba en las que pretendían ser rigurosas percepciones, sobre todo porque su ámbito singular de ser y funcionar parecía a la luz de sus convenios y preceptivas una compleja máquina de relojería que funcionaba en virtud de su resolutiva mecánica. A mi juicio, nada más lejos de su especial realidad.

                La cuestión es que a mí, reconociendo la indudable certeza del número en la organización rítmica y eufónica del verso, nunca me pareció un conjunto de engranajes y tuercas puesto en marcha para la idoneidad del discurso literario y menos aún para el poético. Algunas reflexiones he dejado al respecto[2].

                Cuando meditaba sobre las diferentes combinaciones numéricas en el ritmo del verso en nuestra lengua (también en otras, no románicas incluso), comenzaba a pensar que el cómputo silábico o de pie métrico eran descripciones del todo mecánicas e insuficientes para servir de modelo siquiera aproximado a la realidad orgánica de funcionamiento expresivo en el verso, primero, y en el poema, después. No era una mera cuestión de combinación o permutación matemática, según la importancia que le demos a la ordenación de sus diversas acentuaciones estrictamente delimitadas por el precepto métrico al que debiera estar sometido, y según qué tipo de verso. Era una visión extraordinariamente ordinaria y simplista de la realidad de la estructura dinámica, viva, del verso.

                Si las combinaciones de acentos, clases de versos, combinaciones de los diversos y complejos elementos del verso (licencias, pausas, cesuras,….), desvíos contrastables en el uso de la lengua y en el del propio precepto métrico, nos hablan de números enormes en las posibles combinaciones de todos sus elementos estructurales, cuya naturaleza dista mucho de la realidad comprendida en los estudios al uso de la materialidad poética, y cuya infinitud deja de ser potencial para ser contemplada como actual.

                Volviendo a Cantor, esta reflexión inmediatamente expuesta, está muy relacionada con las nociones numéricas de infinitud que describía y maneja el genial matemático de San Petesburgo[3], mas también con la electromecánica cuántica, en el que cualquier escenario mental al respecto de la infinitud de la materia a estos niveles  se mueve hacia una realidad material netamente contrastable. Entraremos de lleno en próximas entradas sobre esta interesante cuestión.



Francisco Acuyo



[1] Véase también como ejemplo muy particular el caso de mi admiración hacia Emmy Noether en relación a los modelos de simetría expuestos por la matemática, ver en Ancile: Belleza y simetría al albur de la genialidad matemática de Emmy Noether: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/11/belleza-y-simetria-al-albur-de-la.html
[2] Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso, Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007.  Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009.
Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones (Fundación Internacional Artecitta), Granada, 2010, 
 Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza), Jizo ediciones, colección El círculo del límite: Granada, 2013
[3] Otro de mi más admirado matemático también oriundo de esta maravillosa ciudad: Grigori Perelman, véase en Ancile, Acuyo, F. : El efecto Perelman: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/06/el-efecto-perelman.html




El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo

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