jueves, 4 de mayo de 2017

RELIQUIAS DEL PASADO: EL PROPÓSITO, EL SENTIDO Y LA CAUSALIDAD

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la reflexión titulada, Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.   

Reliquias del pasado: el prpósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo



RELIQUIAS DEL PASADO

EL PROPÓSITO, EL SENTIDO Y LA CAUSALIDAD




Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo


Hoy son pocos los avisados que creen que el mundo constituye su naturaleza y mantiene su estricto y riguroso funcionamiento según los principios clásicos –newtonianos- de la ciencia; la mecánica cuántica establece el estado cuántico[1] como la vía única de conocer y calcular ¿la realidad? física. Mas la cuestión capital radica en que el denominado estado cuántico diríase funcionar de modo perfectamente determinista hasta que se trata de observar en cualquier sistema, pues será entonces cuando aparezcan todo tipo de comportamientos aleatorios, contradictorios y paradójicos, teniendo sólo constancia de aquellos de manera probabilística (relativa) por lo que el resultado final será posible de entre varios o muchos probables. El principio de razón suficiente[2] parece que no es asumible en el mundo no solo de las relaciones cuánticas, acaso hoy (¿derivado de aquellas?) en el ámbito mismo de un sentido común razonable, donde los efectos sin causas no son sólo puestos en duda, sino que son recocidos como concebibles, y esto porque no tienen por qué ser necesariamente ilógicos aquellos razonamientos (de hecho en lógica matemática es perfectamente prescindible). La contemplación de esta potencial superación del sentido común ordinario se plantea científica y lógicamente como una vía de superación de cualquier propósito, sentido e incluso determinación de un origen causal (¿estamos ante un peculiar renacimiento de la idea de la generación espontánea?), donde, ni las leyes de la física ni el origen prístino atómico aducido de consuno por el naturalismo materialista, necesitan para explicar su existencia ni la del mundo regido por aquellas leyes y dicha constitución singular, por lo que puede prescindirse cualquier causa como supuesta consecuencia de su efecto o realidad percibida en el fenómeno último de la materia.
                ¿La causalidad será pues una reliquia del tiempo, es decir, de una época pasada[3]? ¿Todo propósito, sentido o causalidad obedece a la flecha del tiempo[4] que se refleja esencialmente en la memoria?[5] En el mundo de la lógica y de la matemática la causalidad no es conditio sine qua non para la explanación de sus presupuestos y de su contrastación con la verdad –matemático-lógica-. Todo esto nos hace reflexionar sobre una cuestión nada baladí y que afecta a la esencia de toda epistemología que se precie, y es que el conocimiento adquirido no siempre tiene por qué ser del todo fiable, dado que la fiabilidad conlleva cierto grado de incertidumbre que nos lleva al mundo de las probabilidades y a la necesidad de la actualización de nuestro conocimiento. La cuantificación es capital en aquello que creemos comprender, pero no podemos obviar la funcionalidad de aquello que creemos entender[6].
                De lo anteriormente deducido cabe reflexionar de nuevo, si el conocimiento empírico (sobre el que se sustenta el método científico) es en realidad aceptable epistemológicamente. El conocimiento obtenido de una determinada experiencia puede también ponerse en cuestión, no solo Wittgenstein participaba de este escepticismo, y la duda sobre lo que la realidad sea, es en cierto mátrix virtual que acaso daría la razón al mismo Wittgenstein sobre lo que es o no cierto cuando decía: De que me parezca a mí – o a cualquiera- que sea así, no se deriva que sea así. No obstante, la denominada conservación del momento[7], el movimiento constante del universo[8] y la ley de conservación de la información[9], hacen inevitablemente obsoletos el propósito, el sentido y la causalidad, aunque estos se muestren tozudamente resistentes a mostrarse definitivamente superados y –dícese- por lo que encuentran su último y único fundamento en el lenguaje, la manera de hablar del mundo será la que produzca la ilusión de una naturaleza aparente, siendo, no obstante ésta, la única realidad verdadera –y finalmente reducida a sus fundamentos atomistas-. ¿Es posible un reconocimiento del lenguaje como vía de ilusión, pero también de realidad incuestionable y de aquel lenguaje una suerte de naturalismo poético? Mucho es decir que sea algo más que lingüístico, hiperbólico que fuese poético.
Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo
modo razonable, de hecho no podemos saber si nuestra propia existencia no forma parte de una
                En cualquier caso aquel escepticismo razonable del hablábamos se muestra reticente y a un tiempo tenaz y porfiado por mostrarse tan real en el mundo de los átomos como en el de la conciencia, y es que nos invita a una seria reflexión del concepto mismo de realidad puesto a prueba más allá de toda duda razonable. El problema deviene, sin embargo, de lo que es en sí mismo razonable, a las matemáticas y a la lógica se les da una higa lo que sea o no razonable, son las propias reglas que las constituyen las que definen lo verdadero o falso, lo cual no implica que sigamos siendo escépticos y proclives a tener en cuenta lo mucho más numeroso que es lo incierto en nuestras vidas (más que lo seguro e irrefutable), y que apreciamos más allá de lo que nuestros sentidos puedan indicarnos, por lo que la realidad también puede ser perfectamente asequible por vías que, no necesariamente, tengan que ser las estrictamente científicas.
                Indagaremos en el conocimiento posible de la realidad más allá (o más acá) del método rigurosamente científico, eso será en próximas entradas de nuestro (vuestro) blog Ancile.



Francisco Acuyo





[1] También conocida coma la función de onda.
[2] Para cada hecho auténtico, hay una razón por la que es así, y por la que otra cosa no lo es en su lugar; de esta manera lo exponía Baruch Spinoza.
[3] Russel, B.: On the notion of cause, proceedings of the Aristotelian Society 13: 1-26.
[4]Concepto acuñado por Eddington para distinguir el tiempo en una dirección (que discurre desde el pasado, pasando por el presente, hasta el futuro) en un espacio de cuatro dimensiones.
[5] Carrol, S.: El gran cuadro, Pasado y presente, Barcelona, 2016, p. 74.
[6] El Teorema de Bayes será el instrumento capital para barajar todas las proposiciones posibles sobre un determinado creer que sabemos.
[7] Dedúcese de ésta que el universo no necesita un motor.
[8] Movimiento que, por esperado, es algo ¿natural?
[9] Dicha conservación muestra la evolución del universo pasando de un momento presente a otro donde no existen objetivos propincuos ni encuentra fundamento en su historia pasada.



Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo

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