martes, 16 de mayo de 2017

NULLIUS IN VERBA

Siguiendo con las reflexiones sobre la realidad de la ciencia y otras disciplinas del conocimiento, traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, el post titulado: Nullius in verba.



Nullius in verba, Francisco Acuyo




NULLIUS IN VERBA




Nullius in verba, Francisco Acuyo





Que hay maneras muy diversas de aprehender el mundo es algo por casi todos reconocido, pero en modo alguno la ciencia ha aceptado como verdadera interpretación de la realidad aquella que no esté sujeta a sus principios y metodología. Los límites de la ciencia convencional (ortodoxa), ¿no comienzan a ser acaso más una rémora que un incentivo para abrir una vía de entendimiento más amplia de la misma naturaleza?
                Si algo aprendí del ejercicio –creativo- poético es que, con todo el respeto hacia los grandes maestros, el principio Nullius in verba[1] debería regir en mis propósitos y mi vocación creativa. Construir sobre el sólido fundamento que los excelsos avisados han concebido no significa renunciar a la indagación propia y a libertad de concebir nuevos senderos de creación y transformación originales.
                Sin pretender convertirse esta nueva reflexión –humildísima-  en un alegato contra el reduccionismo material atomista, no puede evitar, sin embargo, verse imbuida por el espíritu que embarga cualquier intento creativo, entre el que se encuentra el de la misma poesía, acaso como exponente proverbial y singular de la misma creación. En verdad nos cuesta mucho restringir la estructura y dinamismo del universo, la complejidad de la vida y el raro fenómeno de la conciencia a un mero reducto de partículas elementales sujetas a unos principios o fuerzas reguladores; me congratula saber que dentro del ámbito de la ciencia también hay grandes sabios que tienen una opinión cercana a la que, toda modestia, exponemos en este breve compendio de juicios y reflexiones.[2]
Nullius in verba, Francisco Acuyo                Creemos que hay otras muchas disciplinas (y artes) junto a la ciencia que tienen mucho que decir para un mejor entendimiento del mundo y de nosotros mismos. Han sido muchas las entradas dedicadas a las matemáticas en este medio, como también a la poesía (o ambas singularmente interrelacionadas)[3] para la comprensión de este hecho incuestionable y, sin embargo, que no parece principio de complementariedad,[4] en el mismo meollo de lo más íntimo de la materia perfectamente reconocible y ampliamente aceptado. No en vano sería el mismo Bohr[5] quien ampliaría la idea de complementariedad al mundo de la misma biología: cualquier intento de análisis forense de la composición molecular de un ser vivo llevaría irremisiblemente a la muerte de dicho organismo, que es lo que propone la visión clásica positiva y reduccionista de la ciencia netamente materialista. La visión totalizadora es fundamental para el entendimiento de unos de los aspectos más fascinantes del enigmático fenómeno de la vida: la capacidad creativa.
                En poesía, siempre hemos defendido una visión holístico integradora de la misma en sus estudios, llevar al ámbito de la reducción atomista sus potenciales elementos constitutivos (palabras, oraciones, ritmos métricos…) es desvirtuarla en una óptica claramente mecanicista que nada tiene que ver con su dinámica compleja, viva, creadora que la constituye; una vez poema, en un organismo vivo sujeto a tantas y tan vivas interpretaciones como sujetos que quieran acercarse a su vívida y dinámica presencia. La reducción ha de entenderse y extenderse a su justo medio, no excluyendo esta visión integradora que no solo puede aportar la ciencia avanzada, también otras maneras de interpretar el mundo como la filosofía, el arte, la literatura, la poesía.
                La poesía, emparentada con cualquiera manifestación vital, es un modelo o sistema orgánico de funcionamiento que se mantiene en continua transformación, y cuyo dinamismo emergente se observa en la volubilidad e incluso en la ambigüedad de los patrones que la constituyen y deconstruyen (gramaticales, métricos, estilísticos…). Volviendo a la concepción de realidad de anteriores reflexiones, nos parece que aquella, si pretende ofrecer la verdad de cualquiera cosa que sea, necesita la complementariedad de lo que el concepto de dicha realidad implique y lo que la misma realidad supuestamente objetiva sea. La conciencia juega un papel crucial nuevamente. Incluso en la observación íntima de la materia y el establecimiento de su realidad, exige esta complementariedad, y es más, necesita para la constatación de su verdad genuina la aparición del factor imprescindible de la belleza. De esta cuestión hablaremos en próximas entregas.




Francisco Acuyo




[1] Sentencia de Horacio (Epístola) que literalmente viene a decir: En la palabra de nadie, y que aquí se entiende por: Nadie nos enseñará a cómo debemos pensar, o, Mira por ti mismo, lema de la  Royal Society de Londres.
[2] Un caso realmente sobresaliente es el de Freeman Dyson, véase por ejemplo; Sueños de tierra y cielo, Debate, Barcelona, 2015, p. 23.
[3]Blog Ancile,  De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-lo-innato-y-la-experiencia-en-el.html ; Del número y la realidad a la poesía, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html ; por ejemplo.
[4] Dícese del principio que advierte de que dos descripciones de la naturaleza son complementarias cuando amabas son verdaderas, aun cuando no puedan reconocerse en el mismo experimento, véase el caso proverbial de la dualidad onda partícula.
[5] Los nuevos descubrimientos en el terreno de la genética, con el hallazgo del ARN y del ADN, no son en modo alguno definitivos en este aspecto y no parece que sean los que escondan el auténtico secreto de la vida: la replicación estudiada para la observación y entendimiento de ADN es clara, pero el comportamiento metabólico de un ser vivo en modo alguno los es, el caos es la característica singular del mismo.


Nullius in verba, Francisco Acuyo

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