lunes, 15 de mayo de 2017

LA POESÍA Y LOS FANTASMAS DE LA MATERIA

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: La poesía y los fantasmas de la materia, donde se sigue indagando sobre el concepto de realidad y la realidad misma.


La poesía y los fantasmas de la materia, Francisco Acuyo



LA POESÍA Y LOS FANTASMAS DE LA MATERIA



La poesía y los fantasmas de la materia, Francisco Acuyo



Tras abundar, rastrear e investigar (muy humildemente) sobre el concepto de la realidad y lo que la realidad misma sea, no hacemos más que encontrar escollos y problemáticas que ponen en evidencia la complejidad del asunto en un devenir de dudas, controversias y paradojas muy espeso. No obstante, el sentido común, pertinazmente, nos dice que no debiéramos de mantener ninguna suspicacia ante la (muy sólida )entidad de ese o aquel muro, sobre todo si marchamos contra él a velocidad considerable, a fuer de que queramos dejarnos la crisma muy cascada ante la consistente realidad de su inexcusable e impactante estructura. Nada, en esta compacta realidad de los objetos, amenazante siempre para el incauto aventurero que pretenda ponerla en tela de juicio (en forma de muro o de cualesquiera objeto colindante contra el que dirimir nuestras frágiles y torpes dudas), puede hacernos pensar que ninguna entidad material pueda hallarse en dos lugares a un tiempo[1]. Ni que decir tiene sobre la posibilidad de que aquello que acontezca en este lugar y momento pueda acaecer en otro lugar simultáneamente[2]. La realidad es incuestionable en virtud de lo que podemos percibir –sufrir- de ella, a veces de manera harto contundente, si no atendemos a la incontestable solidez del muro.
                De todo lo tan apresurado como torpemente expuesto en este primer párrafo introductorio, y que ofrece la incuestionable sustantividad de los objetos, parece  anunciar que aquello que pensamos, intuyamos u observemos tenga influencia sobre eso que con tanta seguridad constatamos como realidad perceptualmente consistente y, sobre todo, medible. Nuestras conciencias estupefactas tan solo pueden dar cuenta de las propiedades irreductibles de esa realidad material incuestionable, y rendir positiva pleitesía a su aplastante y contundente materialidad. ¿O no?
                Es un hecho que la medida (imprescindible para constatar la sustancialidad material de algo) no es asunto tan reductiblemente sencillo, así parece constatarse incluso en el ámbito experimental cuántico más rudimentario. Quizá aquella ingenua y grosera (y peligrosa) realidad del muro y la implicación del observador que ha de dar cuenta de las mediciones sobre la misma, acaso nos está intentando decir algo más de lo expuesto, esto es, poner en cuestión nada menos que la consistencia absoluta del mismo (muro). En cualquier caso, la visión cuántica de la materia expone situaciones y fenómenos harto extraños que suceden en nuestro mundo, los cuales exigen, cuando menos, una revisión del concepto de materia y, desde luego, de realidad, si, como parece, la conciencia (cuya realidad es también incuestionable) juega un papel crucial para el entendimiento de lo que somos y de lo que materialmente nos rodea.
                Acaso sea ese paso más allá del uso de la teoría del cuantum (perfectamente delimitado por la física y que tanto ha influido –tecnológicamente- en la vida cotidiana de todos) el que me ha hecho pensar en el por qué siempre me han resultado intuitivamente insatisfactorias las aproximaciones a la realidad positivo materialistas (naturalistas) del mundo cuántico. Se obvia cualquier significado extraíble de aquella. La cuestión de la realidad a la luz de las paradojas y enigmas que ofrece la fenomenología cuántica, parece situarse más candente quizá ahora que nunca[3].
               
La poesía y los fantasmas de la materia, Francisco Acuyo                Las fronteras entre la física, la filosofía especulativa (y desde luego la poesía misma, en ese concepto (tan ¿particularmente? mío de la misma), no me parecían tan claras como al común de personas con las que me intentaba compartir pareceres sobre la realidad del mundo. De hecho, los límites entre las diferentes estructuras mentales y físicas (naturales) de todo aquello que nos rodea me[4] no era sino una consecuencia natural del mismo proceso creativo.[5]
                Que la teoría cuántica afirmase que la observación (toma de conciencia) de un objeto cause su presencia[6] en el sitio de dicha observación, o que podía estar en varios lugares a la vez… me estaba diciendo que la misma naturaleza ejercía una vocación poético-creativa muy interesante, afín a lo que yo mismo intuía en el proceso de generación de versos (y todo el constructo y dinamismo complejo que encierran y mediante el que conectan con el mundo), y que se entiende de consuno como ejercicio de ficción o representación. Pero, ¿es el mundo una ficción? ¿O está tan ligado este a nuestra conciencia que su realidad es cuestionable? Entonces, ¿cuál es la naturaleza de la realidad y de la conciencia misma?
                La ciencia ha tratado de mantener al margen el motor teórico práctico (que tan bien funciona a niveles científicos tecnológicos), de las implicaciones de significado que conllevan las indagaciones en el ámbito más íntimo e ínfimo de la materia, los fantasmas de la misma parecen aflorar peligrosamente para el determinismo (y método) positivo materialista, además, los límites de la ciencia en este punto hacen aflorar otro peligro no menos grueso, la injerencia de otras maneras de acceder al entendimiento del mundo natural, patrimonio exclusivo desde siglos de la ciencia positiva, y en este caso, y con toda modestia, nada menos que desde la poesía. Reflexionaremos sobre estas y otras cuestiones en próximas entradas.




Francisco Acuyo
               
                 
               


[1] La mecánica cuántica pone en tela de juicio este entendimiento de sentido común, dando lugar a las más peregrinas intuiciones de ubicuidad que imaginarse puedan.
[2] Lo mismo cabe decirse de la realidad del trascurrir de los objetos –cuánticos- en el espacio tiempo.
[3] Como poeta (partiendo de la base de que la poesía, para mí, ha sido siempre mucho más que un mero ejercicio literario) acostumbrado a jugar con la conciencia como instrumento primordial de contacto con la realidad y su indiscutible potencial de transformación y sobre todo creativa, mantuve una relación singular con el concepto de realidad y aun con la sustancialidad de la misma. La libertad precisa para un ejercicio creativo genuino me parecía fundamental y, en cierto modo, reñida con el determinismo atómico de los naturalismos científicos (herederos sin duda de los positivismos más duros e irreductibles decimonónicos), por lo que (aun siendo un enamorado de la ciencia) creí que era preciso (entre otras razones por no acabar sumido en una profunda depresión) no cortar las alas al proceso imaginativo creativo que, al fin y al cabo, era el que me había motivado siempre, mi vocación auténtica es la de poeta, no la de físico; en cualquier caso, siempre había contemplado y entendido a la poesía implícita en la misma naturaleza ,por lo que me parecía (y aún me parece) que la realidad es algo más que una estructura atómica material movida por unas leyes físicas que siempre serán deterministas, sobre todo porque lo que la misma ciencia denomina realidad, acaba abarcando el fenómeno de la vida y el de la conciencia.
[4] La cuestión de la ruptura del tiempo es una vieja controversia en la teoría literaria, recuerdo con fruición El arte nuevo de hacer comedias, de Lope de Vega y su enfrentamiento a la Poética de Aristóteles y los academicismos de la época; o, por qué no, al cronotopo de Bajtín, donde el tiempo y el espacio literario adquieren una dimensión de unidad singularmente indisoluble.
[5] Hete aquí que, cuánticamente, esto es una realidad incuestionable.
[6] Rosenblum, B. y Kuttner, F.: El enigma cuántico, Barcelona, 2010, p. 27.



La poesía y los fantasmas de la materia, Francisco Acuyo

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