domingo, 21 de mayo de 2017

BELLEZA, TIEMPO Y TRASCENDENCIA

Para la sección del blog Ancile, Pensamiento, traemos la entrada que lleva por título: Belleza, tiempo y trascendencia.

Belleza, tiempo y trascendencia, Francisco Acuyo




BELLEZA, TIEMPO Y TRASCENDENCIA



Belleza, tiempo y trascendencia, Francisco Acuyo


En anteriores momentos de reflexión –sobre la realidad y sus conceptos[1]-  hacíamos incidencia en la noción y supuesta realidad física del tiempo, sobre todo para establecer los límites y el origen de la materia. El universo (afirman no pocos científicos actuales) solo tiene relevancia desde el origen mismo del tiempo (el Big Bang es la singular referencia de ese origen). Antes de éste, cualquiera conjetura es irrelevante para el estudioso de la física del cosmos. La nada -o el algo- que hubiere o no para el nacimiento del mundo no importa, pues está fuera de los parámetros de las cuatro dimensiones físicas reconocidas (espacial(es) y temporal). Cualquier indagación que se llevase a cabo sería meramente especulativa y sin fundamento científico. Es así que la óptica material positiva del mundo resuelve cualquier tipo de conjetura más allá del propio tiempo.
                  Aunque siendo un profundo y enamorado apasionado de la ciencia (sobre todo de la física y la cosmología), hay algo que me impide aceptar esta abrupta ruptura con aquellas inquietudes (quizá, o sobre todo, porque soy poeta) que me inclinan a la indagación de factores e incidencias manifiestas en la psique (o alma, o espíritu… o como quiera denominársele) que, a mi juicio, son tan reales y eficientes como la materia misma. Una de ellas es la belleza y su concepción –y percepción- universal de toda criatura que tiene o aspira a tener conciencia, una conciencia que no sólo es pensamiento, conocimiento, experiencia o convención, sobre todo espíritu creativo.
Belleza, tiempo y trascendencia, Francisco Acuyo                  La intuición de una belleza ontológica, una belleza que es y es cierta y que, en realidad, no puede poseerse porque existe al margen de cualquiera conocimiento y experiencia y que, muchas veces, aparece de forma inopinada, y de la que tomamos cuenta sin elección, sin juicios o prejuicios previos y que, cuando aparece en la palabra (si es poética) exige una comprensión más allá de la palabra misma, de su significado normativo aceptado, porque es más que conocimiento, y porque es, de manera total, global, holística y expone su verdad en la belleza. El caer en la cuenta del hecho creativo –poético-, será ante todo una percepción total de lo que es, al menos un segundo, donde la belleza muestra su plenitud de verdad.
                  Este hallazgo de lo bello no se obtiene mediante ninguna labor o trabajoso esfuerzo de búsqueda, no hay introspección, solo reconocimiento de los límites de nuestro pensamiento expuesto e impuesto en el conocimiento acumulado durante años y que, una vez liberado nuestro espíritu de su rémora, se ofrece sin alternativa. Este hallazgo es libre porque no implica cambiar nada de nosotros mismos, es simplemente la captación de lo que hay sin la intervención del yo –manido- que tantas veces nos ofusca con sus condicionamientos y prejuicios, donde el objeto y el sujeto que observa son uno en esa percepción única y total de la belleza, solo la vivencia de lo bello es real, al margen de quién y cómo lo mire.
                  En la vivencia de lo bello está la verdad de que no existe frontera entre lo visto y quien lo ve, desasido de todo centro, y esa espontaneidad que trae la belleza es la que en verdad está más allá del tiempo. Lo auténticamente creativo radica en el desasimiento de lo sabido para dejar abierto el camino a lo que no puede pensarse porque aspira a lo nuevo, a lo que no ha sido visto o mencionado, y esto es posible porque de este singular vacío que supone olvidarse –silenciarse- de todo lo conocido, es de donde surge la verdad de la belleza y de la creatividad genuina.
                  Ese vacío no es muy distinto al que rechaza o ignora la ciencia (el de los orígenes antes del mismo tiempo) que busca sus fundamentos en el tiempo y en la conciencia que de este surge, y de la que, en definitiva, surge la materia misma. Aquel vacío, aquella nada, es la que propicia las verdades y bellezas que algunas veces percibimos totales e infinitas un instante.


Francisco Acuyo




[1] En el blog Ancile: Sujeto y objeto: realidad de lo impracticable, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/05/sujeto-y-objeto-realidad-de-lo.html ó , De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/05/de-la-realidad-el-atomo-la-vida-y-la.html


Belleza, tiempo y trascendencia, Francisco Acuyo


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