sábado, 1 de abril de 2017

BREVE APUNTE SOBRE EL MITO Y LAS MATEMÁTICAS: EL PROMETO MATEMÁTICO Y POÉTICO

Para la sección, Poesía y matemática, del blog Ancile, traemos hoy un nuevo post bajo el título: Breve apunte sobre el mito y las matemáticas: El Prometeo matemático y poético.



BREVE APUNTE SOBRE 

EL MITO Y LAS MATEMÁTICAS:

EL PROMETO MATEMÁTICO Y POÉTICO






 EN el inaudito trajinar creativo he resuelto –o intentado resolver- tanta veces el enigma de la forma que envuelve el ser vivo -que parece- que quiere ser creado (mediante el verso), que no he podido resistir sentirme imbuido –con toda modestia- por la reminiscencia del Prometeo de Esquilo, cuya cadena (y liberación) era el mismo número en el cual se informaba. El metro, la rima, el tropo…. serán enlace, vínculo y liberación creadores que, acaso como poeta, intuyo que habría vivido de forma análoga también el matemático con sus ataduras lógicas (también liberadoras), así sabe y lo reconoce el ingenio matemático, aun conducido al continuo de Cantor -para superación de lo numerable- o, para reconocimiento, no obstante, de la imposibilidad de un formalismo aritmético, cerrado, perfecto[1].
            El discurso poético esplende en este caso, porque su coherencia es siempre animada, orgánica y amparada en su sentido tantas veces paradójico. Cuando Pierre Boutroux afirmaba que el hecho matemático es más rico que la síntesis de la que es expresión,[2] si es que en verdad contiene infinidad de proposiciones no necesariamente atadas a aquél, se pone en estrecha relación con lo que podemos denominar el hecho poético. La inexcusable libertad creadora del espíritu matemático (y poético) que habría de traer Cantor en su continuo matemático, aun cuando el límite numérico es necesario se manifiesta siempre, en tanto que su artificio (ideal) nos presenta un hecho, una naturaleza individual; así escapa de sí mismo el poeta gracias al fruto de sus creación, como el matemático a través de sus entidades ideales sabe que adquieren, fuera de su voluntad, independencia propia, y es que en verdad el poeta - el matemático- pretende(n) significar más de lo que encuentra(n) en texto literal (lógico), y de aquello que encuentra(n) obtiene(n) más de lo que quiere(n) significar.
            El mito nos enseña que el ímpetu que lanza a la búsqueda de la verdad al hombre sólo es posible desde la acción, y es que la verdad es un proceso que pone en duda cualquier formalismo estático, cerrado, muerto. Por eso la matemática es (como la poesía) elástica, dinámica, viva, sujeta a una labor creadora continua. Si la aritmética era imposible cerrarla en un lenguaje formalista[3] por la propia incapacidad de ese lenguaje, vemos en poesía también esa lucha dramática por superar esas limitaciones ¿inevitables? La trasgresión (el desvío) de la misma norma gramatical -fundada en la lógica formal-, es una clara muestra de ello, como lo es también los usos desviados de la norma o el precepto métrico en determinadas ocasiones por el poeta[4].

            Si en matemáticas se ha intentado una ampliación y diversificación de su universo lingüístico,[5] en la búsqueda de la verdad y su conexión o aproximación con el mundo, en poesía esto es un constante, es la évolution créatice bergsoniana intrínseca en la vida y que nos habla y conecta a través de la conciencia, y que parece recordarnos la conclusión –casi zen- aristotélica en relación al problema del sujeto y el objeto, de que el alma es en cierto sentido todas las cosas.[6]
            Como en el mito, la confluencia de la casualidad y la necesidad, la lógica no se desarrolla o se manifiesta hasta el final del mismo, donde las potencias del instinto, la intuición, el sueño, lo inconsciente irrumpen desde lo más íntimo y que, para salir del sonambulismo provocado por aquellos, se ejerce o se pone en funcionamiento como impulso creativo (matemático o poético) en pos de un orden (ecuménico) que propenda a una vida y a una conciencia común de todos los espíritus conscientes.
            El caos de los sentidos precisa del reconocimiento de este para caer en la cuenta de las leyes singulares, vivas, dinámicas y cambiantes que lo configuran y, no obstante, como el dominio del mito, y tras la crisis de los fundamentos de la matemática y de la lógica y sus intentos posteriores de recomposición, volvemos la vista al griego clásico que descomponía la naturaleza humana y la desplegaba engrandecida en su espléndido círculo de dioses, pero no fragmentándola, sino mezclándola  diversamente, ya que cada dios contenía en sí a la humanidad entera,[7] por lo que la antinomia  de la abstracción lógica versus imaginación poética, no está en modo alguno justificada.
            Esta vinculación de la que venimos hablando desde hace tiempo (poesía y matemáticas), puede constatarse acaso en la manifestación de la proporción y la simetría, que es hablar de la belleza y que es fundamento en las artes y, por supuesto, en la poesía, y cómo no, en la naturaleza, pues nos habla de algo vivo que late en el corazón de la matemática para mejor comprensión del mundo. Hablaremos de esta cuestión en posteriores entradas de este blog.




Francisco Acuyo
           




[1] Véase el Teorema de Gödel al respecto.
[2] Boutroux, P.: L’objectivité intrinsèque des mathematiques, Revue de Metaphysique et de Morale, 1903, pp. 573-592.
[3] Véase el teorema de incompletitud de Gödel.
[4] Acuyo, F.: Fundamentos de la proporción en lo diverso, Universidad de Granada, 2007, Jizo ediciones, nueva edición corregida y adaptada, 2009.
[5] Wang, H.: The formalization of Mathematics, Journal of symbolic Logic, nº 19,1954, p. 241.
[6] Aristóteles: Acerca del alma, Gredos, Madrid, 2000.
[7] Schiller, F.: Escritos sobre estética, Madrid, 1991.



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