martes, 24 de enero de 2017

POESÍA: CUANDO LAS PALABRAS SON NÚMEROS Y LOS NÚMEROS PALABRAS

Siguiendo las directrices argumentales de anteriores entradas sobre la temática de la poesía y sus relaciones y diferencias con la matemática, traemos para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile, la reflexión titulada: Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras.


Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras. Francisco Acuyo



POESÍA: CUANDO LAS PALABRAS

SON NÚMEROS Y LOS NÚMEROS PALABRAS




Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras. Francisco Acuyo



Si la diferencia de un concepto que está sustanciado en la percepción (o experiencia perceptiva) y  aquél que tiene correspondencia la noción o idea metamatemática (ideal) -o metalingüística, a nuestro juicio la poesía- no tiene gran importancia para el operante, ya sea matemático o literario –poético-, mas, sí que tiene trascendencia para el entendimiento –filosófico- de la matemática o de la lengua, ante todo para la comprensión de su acervo ideal y el de su aplicación perceptiva. Los signos que construyen las representaciones matemáticas –o poéticas- tiene un carácter diagramático, ya que como sabemos no son el objeto que representan, sino más bien su imagen topográfica mapeada del mismo. El signo matemático y lingüístico no aplicable a la realidad empírica son las cartografías imprescindibles para el reconocimiento o la exploración de la realidad cartografiada. Estos instrumentos numéricos y lingüísticos (palabras) plantean, no obstante, y nuevamente, la necesidad de la distinción entre los conceptos -de número o de palabra- empíricos y no empíricos, sin embargo, no relegando  importancia a aquellas anotaciones numérico simbólicas mediante las que se construyen aquellos diagramas representativos de los que hablábamos al principio.
                En relación a los conceptos que se materializan mediante el número (propios de las matemáticas aplicadas) y aquellos que no es necesaria su identificación empírico perceptiva (dícese de las propias de la matemática pura), es de gran importancia establecer una clara diferenciación entre ambos por razones lógicas. Pero, ¿es posible establecer una distinción análoga en el ámbito de la construcción lingüístico poética? Todos sabemos del carácter representativo del lenguaje. Incluso si atendemos a los primitivos semióticos verbales que atañen comúnmente a todas las culturas (al margen de sus diferencias lingüísticas), como el soy, el otro, el quiero el siento….[1], entendemos que no tienen que ser postulados de significado, sino elementos primigenios de experiencia. ¿Significa esto que no es posible el juicio sintético apriorístico kantiano -y matemático- para el lenguaje y, sobre todo, para el lenguaje poético?
                Los esquemas narrativos que se ofrecen en el lenguaje ordinario, diríanse que se dirigen a organizar el caos de nuestras sensaciones y a ordenar nuestras experiencias. Mas, en el especial caso del lenguaje del verso se advierten singulares modelos, prototipos, arquetipos, patrones… propios, que aunque son netamente cognitivos, son susceptibles demarcación matemático numérica –como la [2]. Hasta aquí parece claro que la relación numérica o matemática del verso casa con la idea de la matemática aplicada en clara diferenciación con la pura abstracción sin necesaria relación con lo experimental. Estas categorías –sonoras en este caso- deducibles del discurso poético (timbre, ritmo,…), pueden relacionarse y a la vez distinguirse de las categorías salvajes[3] que las originaron (la musicalidad del verso puede provenir en muchos casos de la necesidad de mimetizar experiencias perceptivas para el lenguaje),[4] recordemos la afirmación en el Tractatus de Wittgenstein, cuando afirmaba que el pensamiento musical, la notación musical, las ondas sonoras, están todos, unos respecto de otros, en aquella interna  relación figurativa que se mantiene entre lenguaje y mundo[5].
Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras. Francisco Acuyo
música-, así, por ejemplo, el propio y genuino manifiesto en su particular secuencia sonora que, como decimos, es susceptible de verificarse numéricamente (a través de la ciencia y arte métricas), y que los distinguen de los prosarios rasgos del lenguaje estándar. El avisado poeta y metricista saben que la palabra y su expresión numérica encierra no solo un ritmo específico del verso, también su estrecha relación con la significación y expresividad de la palabra poética
                En cualquier caso, y atendiendo a elementos no sólo acústicos o sonoros del poema, es claro que el poeta enriquece no solo nuestras percepciones del entorno, también comparte valores, crea conceptos, pensamientos, aspiraciones, emociones… que, no obstante, no tienen que ser asumidas o necesariamente atendidas por el común entendimiento de la sociedad. Es así que el poeta o el lector avezado de poesía (en tantas ocasiones reunidos) no están conformes conque las representaciones llevadas a cabo por las taxonomías enciclopédicas o las recogidas en los diccionarios de la lengua conformen o completen el significado poético de su expresión lingüística y significado semántico, ya que no tiene por qué agotarse en ellos. Los rasgos precategoriales (reconocidos por el semiótico avisado) se dan cita ineludible en el discurso poético poniendo en valor el signo poético y, sobre todo, el símbolo, como vía singular de entendimiento de su especial discurso. Es en este punto donde las diferencias con el discurrir lógico matemático se hacen más claras. Los significados en el poema no siguen necesariamente el curso lógico ordinario para establecer categorías segmentando el torrente perceptivo o sensorial (también intelectual, emocional, trascendente…) en virtud de las diferencias y oposiciones lógicas deducidas de aquella segmentación.  El objeto y el sujeto poético no entran necesariamente en contradicción, se vierten en una suerte de conocimiento que se implica mutuamente. Es interesante destacar de lo dicho que lo estrictamente sensorial asumido convive con lo que no lo es necesariamente, me refiero a aquellos valores, emociones, conceptos o postconceptos, visiones trascendentes… que no tienen una traducción sensoria. En tal caso, ¿es posible que la poesía, como la matemática, sea portadora de verdades proposicionalmente garantizadas? Hablaremos de esta cuestión en entradas sucesivas de este blog.





Francisco Acuyo


                                                                                        



[1] Eco. U.: Kant y el Ornitorrinco, De bolsillo, Barcelona, 2012, p. 198-199.
[2] Acuyo, F.: Fundamentos de la proporción en lo diverso, Universidad de Granada, 2007,  2ª edición aumentada y corregida en Jizo ediciones, Granada, 2009.
[3] Acuyo, F.:Véase en este blog, Poesía, pensamiento salvaje, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2013/11/poesia-pensamiento-salvaje.html o  Magia, religión y ciencia: entre el pensamiento salvaje, la epistemología y la cognición de los trascendente, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2013/11/poesia-pensamiento-salvaje.html , también en Poética de lo racional inconsciente I y II , http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2013/07/poetica-de-lo-racional-inconsciente.html y http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2013/10/poetica-de-lo-racional-inconsciente-ii.html
[5] Wittgenstein, l. : Tractatus Logico Philosophicus, Alianza editorial, Madrid, 1990.


Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras. Francisco Acuyo

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