lunes, 27 de junio de 2016

SELVA, JARDÍN DE AMOR

Selva, jardín de amor, es el título del poema que traemos para la sección, Poema semanal, del blog Ancile, del libro, Mal de Lujo, 1998.



Selva, jardín de amor, Francisco Acuyo, Ancile
De Catrin Welz-Stein





SELVA, JARDÍN DE AMOR





“ I went to the Garden of Love,
And saw what I never had seen “

(Fui al jardín del Amor
y ví lo que nunca había visto )

WILLIAM BLAKE: “Songs of Experience”


ESTA selva jardín de amor ofrenda;
la arista en equilibrio por encima
del jazmín ya se esboza, donde arrima
la luz incierta sombras de leyenda.

Así de espliego traza el seto senda
y se afina; estará la oscura sima
de límpido color y fruta opima
encubierta, y será de amor la venda

embeleco y será la sensitiva
fruta, el ámbar, el labio, la saliva,
la faz que frunce a la verdad el ceño,

la muerte que ilumina con su empeño,
porque duerma la sombra persuasiva,
y despierte a la vida con el sueño.




Francisco Acuyo, Mal de lujo, 1998.




Selva, jardín de amor, Francisco Acuyo, Ancile

jueves, 23 de junio de 2016

CONCIENCIA, SEGURO AZAR

Cerramos los argumentos expuestos sobre el advenimiento y los fundamentos de la idea de Dios, con este post titulado, Conciencia seguro azar, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.


Conciencia, seguro azar, Francisco Acuyo, Ancile
De Gaby Herbstein


CONCIENCIA, SEGURO AZAR



Conciencia, seguro azar, Francisco Acuyo, Ancile
De Gaby Herbstein



 SI en poesía el gran propósito de su dinámica creativa ha pasado por describirse tras el resultado artístico expresivo literario como producto del seguro azar[1], no deja de verse emparentado aquel impulso creativo con la idea de lo trascendente, en relación al cierto orden –fuera del ámbito de la razón científica (no tanto filosófica)- que es capaz de imponer en el aparente caos de las cosas observadas en el mundo de los fenómenos y del funcionamiento del universo. En poesía, estas leyes del caos que parecen regir en el desconcierto aparente del mundo y que alcanzan proporción y armonía en su interpretación (poética) no nos resultan extrañas en su simulada o fingida[2] y extravagante jerarquía. En el ámbito de la interpretación, reconocimiento y explicación física de lo que azarosamente acontece en el mundo, quizá, no sea ese azar deducible lógica y racionalmente el que más se precisa, sino que pone de manifiesto en la imposibilidad de traspasar sus límites,  la incapacidad de entendimiento de ese seguro azar que en poesía es del todo tan natural y, no obstante, paradójica y sorpresivamente predecible.
                Las contadas y fundamentales constantes cosmológicas que rigen en el universo (gravitación,  temperatura –cero absoluto-, velocidad de la luz, de Plank….) exponen un hecho evidente que pone en serias dudas su supuesta y tan cacareada azarosa disposición, y es que cualquier modificación de alguna de ellas hubiese podido imposibilitar la existencia del universo, o al menos hubiese dado lugar a uno muy, muy diferente del que conocemos. Y en este punto, nos referimos al de la conciencia del mismo y de su asombrosa y acaso incognoscible realidad, implica que las coincidencias -tan remotas- que han hecho posible el universo tal y como lo conocemos resulten[3] y que Jung definía con tan raro acierto como sincronicidad[4], y que implica, gracias a la conciencia, un orden universal de comprensión, que ha de complementar a la mismísima causalidad para ser lo que es en nuestro mundo.
Conciencia, seguro azar, Francisco Acuyo, Ancile
                Que la consciencia, como cabe deducirse de lo anteriormente expuesto, sea el fundamento de la materia -y del ser mismo- no es desde luego un argumento nada nuevo (véase el concepto de caída bergsoniana como generadora de la materia y de la vida). Que el acto de observación sea el que colapsa la onda de posibilidad del objeto, y que esta distinción del objeto y de la consciencia en el instante de la medida cuántica, no es más que apariencia, tampoco es un referente novedoso, de hecho se dice que incluso es también onda de posibilidad del cerebro (aunque sea entendido por las corrientes materialistas y positivas como el origen de la conciencia, y esta, como un mero epifenómeno de aquel), acaso porque la medida cuántica en nuestro cerebro establece nuestra propia autorreferencia[5]. El hecho experimental se dice que paga un tributo capital, cual es el del condicionamiento de nuestras acciones en referencia a un ego, con cuya identidad asumida perdemos el estado de consciencia en el que éramos una unidad consciente, más allá de nuestra descendente –caída- individualidad, mediante la que acabamos escindiendo el mundo en el sujeto y en el objeto, olvidando la no localidad de aquella primera conciencia creadora que en realidad es única.
                El concepto de campo en física (y sobre todo en matemáticas) nos hace contemplar a la conciencia como potencia creadora, del orden matemático (y poético) por ejemplo, y que quizá nos hable del tejido último de la realidad como entidad no  material, sino abstracta, y somos conscientes que la idea pura platónica tiene mucho que ver con esta aproximación a la conciencia como vía de entendimiento último de la realidad, y de la importancia deel proverbial logos griego como interventor para poner orden en el caos de las sensaciones. Hay un ejemplo estupendo, extraído del corazón mismo de la teoría estándar de la física de partículas, la cual, en su su exigencia de descomposición en partículas aún más pequeñas de los hadrones del núcleo, vendrían a cavilar  la necesidad de los quarks, entidades matemáticas que describen perfectamente el comportamiento de la materia subatómica, a fuer de reconocer que dichas entidades -no observables- fundamentan, en su combinación la dinámica, la estructura subatómica de la mateia, por lo que sólo serán reconocible en virtud de los efectos producidos en una suerte de red de relaciones que, si bien dan constancia de la materia observable, dejan en una sugestiva e inquietante ¿nanidad? el corazón mismo de  aquella. Tan impalpable realidad nos obliga a interrogarnos por su sustancia, si es que tal es posible sin recurrir a la conciencia y las potencias de abstracción de la misma.
                Aquel dominio de lo intangible, productor de la materia reconocida experimentalmente, se inspecciona, examina y reconoce a tenor de los efectos que producen en los denominados campos[6], y su singular naturaleza vibratoria que nos invita a pensar qué aquello que lo constituye y da forma –según la teoría cuántica de campos- no es tanto las partículas materiales como objetos, sino sus no
Conciencia, seguro azar, Francisco Acuyo, Ancile
menos peculiares interacciones. No deja de ser previsible la deducción que aparece como otra interrogante de todo esto, a saber: ¿Entonces, no es la realidad sino información?
                En anteriores post ya hablaba de la necesidad implícita para el método científico en su inventiva y explicación de los límites y de sus consecuencias a los que se enfrenta, el reconocimiento de iniciativas de búsqueda de significado que necesitarán de una semántica ¿nueva? que ya vienen siendo harto familiar en la creación poética (recuerden la numerosa referencia a las analogías, las metáforas, las sinestesias en otras entradas de este blog…). Acaso sea la vía más recomendable para reconocer que el ámbito de la conciencia pueda coincidir con el que es propio y reconocible en el dominio de lo cuántico, por lo que, el que observa y lo observado conforman un sistema indiferenciable.
                No estamos muy lejos, en virtud de lo que puede inferirse del mundo escrutado por la física cuántica, de la óptica de Teilhard de Chardin, en cuanto parece que hasta la más mínima partícula tuviese un grado de rudimentaria conciencia, es así que el comportamiento, digamos, del fotón intuye o sabe de qué manera está siendo observado (y acaso también nos dice que tal partícula no existe de manera rigurosa hasta el momento de ser observada, y que los elementos o partículas cuánticas no sean tanto materia, sino lo dados mismos de Dios,[7] o lo que es lo mismo, del hombre que los observa. El principio de complementariedad (entre onda y partícula) de Heissenberg habría de ser el que apuntalara el fin del dualismo cartesiano, ya que la realidad es inevitablemente una complementariedad de materia y conciencia que debe ponernos en el capital antecedente, de que lo que creemos observación del mundo es en realidad participación en el mismo.
                El cifrado enigmático del código por el que se rige este universo que milagrosamente intuimos y queremos conocer mediante los sentidos, se sumerge en lo más profundo de nuestras mismas conciencias y, ante los límites inevitables en la indagación material o física de la propia ciencia, coloca a nuestra capacidad cognitiva más enigmática como es la conciencia, en la vía de un entendimiento que se mueve más allá del razonamiento de la lógica tradicional o convencional, acaso sea en la senda del impulso creativo –poético- en donde quizá encontremos las claves de un entendimiento que en realidad no es otra cosa que ser en el mundo.




Francisco Acuyo
               
               





[1] Recuérdese la expresión de Pedro Salinas.
[2] El fingidor de Pessoa, nos referimos.
[3] Guitton, J, Bogdanov, G. y Bogdanov I.: Dios y la ciencia, hacia el metarrealismo, debate, Madrid, 1991, ps.64-65.
[4] C. G. Jung: Sincronicidad, Sirio, Málaga, 1990.
[5] Apuntaremos tan solo el concepto de jerarquía entrelaza mediante el que, si bien no existe el colapso sin el cerebro, no podría haber cerebro, sino posibilidades a menos que se produzca dicho colapso.
[6] El campo como representación de una magnitud física (y matemática representada mediante una función) distribuida en el espacio tiempo, y sirve para la explanación de las acciones a distancia de fuerzas como la gravedad, el electromagnetismo o magnética.
[7] Guitton, J, Bogdanov, G. y Bogdanov I: p. 100.











martes, 21 de junio de 2016

CONTIGO

Del libro, Mal de lujo, 1998, traemos el poema titulado, Contigo, para la sección, Poema semanal, del blog Ancile.


Contigo, Francisco Acuyo, Ancile, Mal de lujo



CONTIGO




“ Omnibus auditur; sonus est, qui uiuit in illa “
(Todo el mundo la oye; un sonido es lo que vive en ella )

OVIDIO: “Narciso “ Metamorphoseon



VOY ( y vengo ) a tu imagen igualmente
que la sombra a la luz, y donde ufana
figura no se advierte ya lejana
presencia que se olvida providente.

Mas al tránsito, en manantial silente
deslizar como espejo en tu ventana
veo, sé que la eternidad cercana
plasmará en un instante su corriente.

Beber de este inmortal mantenimiento
pretendía sabiendo que tu esencia
embriaga el mundo con su dulce aliento.

En tu alma, mas sin ti, estaré contigo,
y amor, si es creación en la conciencia,
será con dos el único testigo.





Francisco Acuyo, Mal de Lujo, 1998





Contigo, Francisco Acuyo, Ancile, Mal de lujo

lunes, 20 de junio de 2016

LA POESÍA: REALIDAD Y METARREALIDAD. LÓGICA Y METALÓGICA EN LA IDEA DE DIOS.

Siguiendo con la relación temática de anteriores post, sobre la idea de Dios, ofrecemos ahora, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, el titulado: La poesía: realidad y metarrealidad. Lógicay metalógica en la idea de Dios.




La poesía: realidad y metarrealidad. Lógica y metalógica en la idea de Dios. Francisco Acuyo, Ancile.




LA POESÍA: REALIDAD Y METARRELIDAD.

LÓGICA Y METALÓGICA EN LA IDEA DE DIOS.





La poesía: realidad y metarrealidad. Lógica y metalógica en la idea de Dios. Francisco Acuyo, Ancile







SI las fronteras entre la materia y la conciencia (¿espíritu?) son cada vez más indefinibles a la luz de lo que muy bien puede resultar un nuevo paradigma de entendimiento del mundo que, acaso exija una epistemología de ámbito más exigente y desplazado, y que ofrezca unas exigencias –metalógicas, postracionales- con las que comprender los fundamentos de la realidad que, insistentemente nos hablan de la necesidad de ir un paso más allá de los lenguajes y los procesos ordinarios de entendimiento, con los cuales se quiere acceder sin perder rigor, pero aceptando el misterio de los procesos físicos como la complementaridad[1],  o metalógicos, como la indecibilidad en matemáticas, a la realidad misma.[2] Yo diría, muy consciente de los posibles prejuicios que pudieran deducirse de un poeta, que la necesidad de un pensamiento nuevo, de un lenguaje nuevo para la aprehensión y expresión significativa de la realidad, en realidad no es tan novedoso, siempre estuvo ahí, manejando enigmáticamente los conceptos, las ideas, los significados más allá de la razón misma, hablo claro está, de la poesía, no solo como metalenguaje, sino como impulso creativo y vertiente totalizadora y totalizante de interpretación del mundo.
Hoy se plantea la necesidad acuciante de establecer unos parámetros de reflexión distintos porque cada vez las fronteras indiscutibles entre materia y espíritu son sin duda más borrosas. A mi muy humilde entender, esa vía de reflexión y entendimiento siempre ha estado ahí, al alcance de aquellos que han querido verla, entenderla e incluso vivirla, la senda, digo, en la que el sujeto y el objeto no se ofrecen como elementos separados o contradictorios y que ha mostrado la atalaya más singular desde la que otear los límites mismos del conocimiento.
La verificación de las fronteras últimas e infranqueables de la realidad material por parte de la ciencia, son las fronteras mismas del método científico. Veamos por ejemplo, el quantum de acción o constante de Planck, la cual establece la mínima cantidad existente en el mundo material físico, así [3] todo lo cual plantea la existencia de otras fronteras absolutas del universo perceptible,[4] y que vienen a manifestarse como fuente de enigma y asombro indiscutibles.
La poesía: realidad y metarrealidad. Lógica y metalógica en la idea de Dios. Francisco Acuyo, Ancile
Se pondrá igualmente de manifiesto el que acaso sería el verdadero error de Einstein,[5] en tanto que creyó que la realidad sería siempre cognoscible, en franca contradicción con las previsiones y consecuencias a las que llegan los físicos actuales en virtud de las enigmáticas y raras fronteras que se establecen por la teoría cuántica. La razón del enigma es, en muchos aspectos,  una razón poética, en tanto que ha sido, es y será la otredad de razón o intuición no sólo para entender, sino para ser con el mundo. La poesía nos dice que la realidad no es posible en sí sino es a través del tamiz subjetivo afectivo y de consciencia de quien la observa. La poesía es la otra manera de poner orden el caos de las percepciones, y de mostrarnos que las leyes de ese caos son reguladas por un orden implicado[6] –poético- que hace inteligible el mundo no solo a la luz de la razón, también de lo más íntimo de aquellas entidades con conciencia. La poesía es la luz que nos permite indagar a un tiempo en la causa y el significado del mundo, no es en vano que muchos filósofos hayan visto relaciones estrechas entre el impulso creativo poético y el religioso[7].
Acaso es el momento en el como nunca antes estamos en disposición de entender que ese pensamiento metarrealista y metalógico acaso estuvo entre nosotros prácticamente desde la aparición de las primeras muestras de entendimiento del ser humano. Han sido muchas las ocasiones en las que, frente a un materialismo positivista y radical, he interpelado a sus defensores sobre el hecho incuestionable de no saber realmente qué es la materia o, lo que  es, según sus presupuestos, la realidad. Todo indica que, al menos, nos encontramos ante una nueva concepción de la materia (que diríase ha perdido su tangibilidad, su concreción,  su solidez…. Y que los elementos físicos  antes incuestionables del espacio y el tiempo, muy bien pueden ser ilusiones y que, una partícula, puede estar en más de un sitio a la vez (principio de no localidad), la realidad, en fin, plantea serias dudas sobre la causalidad y la localidad que la fundamentaban y que, aquella realidad material tan evidente acaso no sea plenamente cognoscible.
John Wheeler hablaba de lo anterior a la materia y su creación (antes del Big Bang), y decía que su procedencia era la de un océano infinito de energía que tiene la apariencia de la nada, afirmación que necesariamente nos hace plantearnos un concepto bien distinto de la naturaleza de la
La poesía: realidad y metarrealidad. Lógica y metalógica en la idea de Dios. Francisco Acuyo, Ancile
realidad y de la materia misma (y de la reformulación del vacío y de la idea misma de la nada, y si esta es posible de manera absoluta), al menos en el mundo que conocemos, y nos invita a imaginar cuando menos que la materia bien puede ser un reflejo de la (una) (C)conciencia capaz de romper la simetría primigenia y llevar a término la simetría fracturada que responde a la realidad de nuestro universo actual. La idea de Dios está latente en todas estas aproximaciones metarrealistas y metalógicas del mundo que acompañan a la nueva física y que ponen en cuestión no solo el papel primordial de la conciencia, también el sentido de la vida (azaroso, o, enigmáticamente necesario), pero que, en cualquier caso, parece una propiedad emergente de la materia y que, diríase, no obstante, devenir de lo inanimado, siguiendo unos patrones estructurales ofrecidos de forma extrañamente inteligente para interrelacionarse –como salvaguardando un curioso y raro sentido- y conseguir la vida en todo el dinamismo y complejidad que conocemos y que, inevitablemente, nos trae de nuevo la cuestión tan debatida de si la vida está sujeta al azar o la necesidad. En próxima entrada hablaremos de la idea de Dios y sus vinculaciones  entre la concepción de azar o necesidad del mundo tal y como lo entendemos y percibimos.




Francisco Acuyo



               




[1] Que enuncia que procesos físicos de partículas elementales se manifiestan como fenómenos corpusculares y ondulatorios.
[2] Que muestran que es imposible demostrar si una proposición es verdadera o falsa.
[3] Guitton, J, Bogdanov, G. y Bogdanov I.: Dios y la ciencia, hacia el metarrealismo, debate, Madrid, 1991, ps.14-15.
[4] Véase la longitud de Planck, como el intervalo más pequeño entre dos objetos aparentemente separados, o el tiempo de Planck, que viene a señalar la unidad más pequeña posible.
[5] Que no sería la de su célebre constante cosmológica, Lamda,(que está compuesta por la denominada energía oscura que contrarresta la gravedad y hace que el universo se expanda) que el propio Einstein acabó desestimando, mediante cuya ecuación de campo gravitatorio pretendía mostrar un universo estático y que, a pesar de todo, sin ella hoy no se podría entender el universo y que, a la sazón, con el descubrimiento de las ondas gravitacionales, daría un nuevo aldabonazo a la veracidad de la teoría de la relatividad de Einstein.
[6] Bohm, K.: La totalidad y el orden implicado, Kairós, Barcelona, 1988.
[7] Santaya, G.: Interpretaciones de poesía y religión, Cátedra, Madrid, 1993;  Heidegger, M.: Arte y poesía, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.



La poesía: realidad y metarrealidad. Lógica y metalógica en la idea de Dios. Francisco Acuyo, Ancile

miércoles, 15 de junio de 2016

AMOR DE EREMITA

Para la sección, Poema semanal, del blog Ancile, traemos los versos intitulados, Amor de Eremita, del libro, Mal de lujo, 1998.




Amor de Eremita, Mal de lujo, Francisco Acuyo




AMOR DE EREMITA




“ ¿Podremos sacaros agua de esta roca? “

NÚMEROS: 20-12


PARA saber si pudo merecerla,
parece mucho el tiempo que suspira.
Que vivió sin apenas conocerla
y el aire por traer, la luz retira.

Tan poco dice aquél que quiso verla
cuando todo es sobrado si se mira,
pero el aire no basta, fuese perla
la piedra que será y que no respira

Mas caerán a tierra en su torrente,
debajo subirán dolor o vida:
Si fue desierto, bien se tuvo en fuente

la roca que será de amor herida,
con razón todavía te presiente,
después de tanta angustia contenida.






Francisco Acuyo, Mal de lujo, 1998




Amor de Eremita, Mal de lujo, Francisco Acuyo

lunes, 13 de junio de 2016

EL SER Y LA ESENCIA DE LO TRASCENDENTE: LA CONCIENCIA DEL SER

EL ser y la esencia de lo trascendente: la conciencia del ser, lleva por título la entrada siguiente, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, en la que sigue con las reflexiones sobre la idea de Dios de post anteriores, esta vez indagando sobre lo que el ser en la realidad sea y lo que signifique bajo la interpretación lingüística del mismo.




El ser y la esencia de lo trascendente: la conciencia del ser, Francisco Acuyo




EL SER Y LA ESENCIA DE LO TRASCENDENTE: 

LA CONCIENCIA DEL SER




El ser y la esencia de lo trascendente: la conciencia del ser, Francisco Acuyo


 No entraremos en esta nueva entrega sobre la fascinante idea de lo trascendente y su siempre controvertida disquisición, en una exhaustiva descripción sobre la no menos compleja cuestión del ser, que sin duda tendrá sugestivos elementos de relación con lo que debatimos en estas últimas entradas. En cualquier caso, es interesante establecer al menos algunas directrices entorno a lo que entendemos por ser y si este puede, como el existir, ser objeto de experiencia, o si, como otros exponen, es el Ser mismo el que revela su naturaleza.
                Si en cierto modo atribuimos rasgos del ser a lo más sutil e íntimo de las cosas, también hay quien se lo atribuye en igual medida al existir (Tomás de Aquino), será porque el ser se revela así mismo como adelantábamos, mas también porque revelará todas las cosas. Pero, ¿esto no implica una nueva insistencia dualista en la que el objeto y el sujeto son imprescindibles para el reconocimiento no solo de la realidad inmediata (de los sentidos y experiencias, también de la realidad última (o trascendente)? La idea de Dios bien puede pasar por un tamiz en realidad de un profundo carácter monista, si es que la  única realidad posible es la del Ser mismo, y el existir de las cosas son solo ilusión y apariencia que hacen caer en el olvido y la ocultación al Ser mismo; ya  denunciaba Martin Heidegger que la misma metafísica no es sino ese olvido del ser[1], en cualquier caso la idea del ser ha sido (véase a Platón, como la idea perfecta, y a Aristóteles, como la sustancia compuesta de materia y forma inseparablemente constituidas….) y es debatida en nuestros días y, según parece es cuestión que está lejos de superarse o subsumirse.
                El Dios de Berkeley (acaso en deuda singular con la visión ideal platónica de lo que es en realidad perfecto y eterno), ofrece la visión monista contrapuesta al materialismo del existir mediante el sentido, en tanto que son las ideas, esse es percipi, las que hacen que las cosas materiales percibidas sean en realidad conjuntos de ideas, pues es la voluntad las que las hacen reales (Schopenhauer, después) y las mentes son activas, aunque al pairo siempre de la inteligencia trascendente, mucho más poderosa que nuestras mentes. Este realismo inmaterial puede tener un cierto rasgo pansiquista que encaja con ciertas corrientes de pensamiento actuales[2]. De hecho la [3], y de esto es responsable la conciencia que será la que en definitiva precipita como acontecimiento de la experiencia esta o aquella posibilidad[4]. Es interesante hacer una advertencia diciendo que sería nada menos que el propio John von Neumann, quien sugería la realización del colapso cuántico en virtud de la toma de conciencia del observador, aun cuando esto puede parecer una vuelta a la dualidad cartesiana, cabe otra proposición mucho más fascinante, a saber: la de un monismo idealista en el que se refiere a la conciencia como la realidad última y causa primera de la materia, hipótesis que, como digo, recuerda a la visión de mi muy admirado Berkeley, de donde se deduce que el fundamento del ser es la conciencia misma.
El ser y la esencia de lo trascendente: la conciencia del ser, Francisco Acuyo
posibilidad es tan real como lo es la actual –existencial-  (nos advierten que incluso más, en tanto que la potencia existe en un domino intemporal)
                Debate en torno a la naturaleza de la realidad no menos interesante sería el que pudiera establecerse en virtud de lo que las ciencias de la información, y lo que pueden aportar en relación con el ámbito de las realidades virtuales, sobre todo en el dominio de la denominada emulación cuántica. Aun cuando no tenemos ordenadores cuánticos, sí se puede teorizar[5] sobre la posible realidad de procesadores cuánticos capaces de emular la realidad física, así lo señalaba Feyneman nada menos, en el año 1981. Sirva este apunte  como mero inciso sobre la cuestión de la conciencia y la realidad que debatimos, sobre todo en relación con la cuestión del ser y el vínculo con la conciencia.
Es necesario hablar también de la cuestión del ser desde una óptica semiológica (y semántica, de la que ya apuntábamos algo al principio: el to on aristotélico entendido como ser existente y el ens (entidad[6]), y que Peirce[7] decía que tiene una extensión ilimitada y una intensión (comprensión) nula y que, como aclaraba Eco, es como referirse a todo, pero sin tener significado alguno. Pero si ese ser, en definitiva, se refiere algo, es inevitable acabar preguntándonos en esa referencia al algo del que queremos hablar, a la producción de signos, en fin, para su referencia. No entraremos en disquisiciones de filosofía del lenguaje, solo es bueno tenerlo muy presente a la hora de incidir sobre cuestiones de tanto interés, puesto que hablar del ser implica inevitablemente establecer la famosa interrogante leibziana del pourquoi il y a plutôt quelque chose que rien[8]. Todo parece indicar que el ser es el ámbito natural de la conciencia, puesto que debe de haber algo en el mismo instante que nos interrogamos sobre el por qué hay algo en vez de nada, por eso la cuestión del ser es tan importante para establecer la idea de Dios, porque quizá sea antes que la de Dios mismo, ya que sin esta primera evidencia no cabría la interrogante divina. Todo parece indicar que el ser es algo del que se puede decir algo, por lo que difícilmente será desarraigado del lenguaje y toda su problemática.
El ser y la esencia de lo trascendente: la conciencia del ser, Francisco AcuyoLos onomata[9] parmenideos, dignos de toda desconfianza, ponen en evidencia no solo la enfermedad del discurso,[10] sino que el ser es indefinible y que la única manera de referirlo es mediante la analogía (poética) que exceda la penuria nominum del común del lenguaje. No será la metafísica (ya lo advertía Heidegger, en tanto que se preocupaba del ente y no del ser), sino la poesía (en tanto que quiere hablar y revelarse a través de los afectos creativamente) la que atienda a dicho  fundamento del ser, en tanto que este no es un problema a debatir por la metafísica sino que es cuestión que atañe a la misma existencia, pues, el ser es el que revela este lenguaje –poético- capaz  de durar, y por lo tanto, será lo que dura la obra singular de los poetas[11]. Es así que, como advertía [12], y reconocer que solo por la vía poética (mediante el símbolo, la metáfora, la analogía… puede hablar y reconocer el ser mismo, vía que acaba por ponerse al servicio de la misma ciencia positivista en cuanto que esta evidencia sus propios límites en la definición de la realidad, y la poesía ofrece en su singular lenguaje los medios de expresión de esa realidad indefinible por el común lenguaje. Hablábamos unos párrafos atrás de la emulación de la realidad mediante procesos de información cuántica de datos, como una vía científica de representación de la realidad, pues será el arte poética como impulso creativo, no tanto el que defina el ser, sino el que trate de rivalizar con el ser mismo mediante su emulación. Es evidente el agotamiento de los actuales paradigmas para identificar el ser y, por tanto, la realidad en virtud del límite en el que nosotros mismos nos situamos.
Por todo esto, creemos que, si no es posible una metafísica del ser (y acaso sí una semiótica del sentido –Hjelmeslev-)[13], es seguro que sí lo puede referir una poética mediante la que se acepte el sentido (o sentidos prohibidos)[14] del ser, y en la que pueda sucederse al albur de aquellos límites –noes sobre los que el lenguaje común no puede hablar- que comentábamos, y es que el verbo poético pone sobre la mesa las negaciones –es decir la nada- que se infieren del ser, para ser convocadas en total libertad mediante el lenguaje poético afirmativamente, afirmación que es precisamente la de ser.
Seguiremos con estas y otras aproximaciones sobre el tema argumentado de manera diversa en siguientes entradas de este blog.


Francisco Acuyo





[1] Es muy interesante el acercamiento y estudio lingüístico (semántico) sobre la terminología ser usada de consuno en como ente, y por tanto con autonomía existencial, no obstante, de ser infinitivo o participio, gramaticalmente puede ser considerado como un acto (participio presente ente, del latín ens entis) y cuya norma lingüística parece que no se atuvo en la lengua común, por lo que es frecuente la confusión entre sujeto y el ente en muchos de sus usos lingüísticos.
[2] Nos referimos a toda la corriente filosófica que ha devenido en torno a la teoría cuántica desde sus inicios.
[3] Lo verdaderamente importante de estas corrientes de pensamiento es el énfasis que ponen en el supuesto de que las ondas de posibilidad no se mueven en el espacio y el tiempo.
[4] Los electrones viajan como ondas de posibilidad y dícese que, cada vez que observamos y medimos se produce su –colapso y- actualidad.
[5] Ver: De la emulación cuántica a la representación de la realidad, en este mismo blog en el enlace: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2012/12/de-la-emulacion-cuantica-la.html
[6] Tenemos el sustantivo, ente; otro sustantivo, el ser; y un verbo, ser.
[7] Peirce, C. S.:  Nominalism vs Realism, 1868, p.145.
[8] ¿Por qué hay algo en lugar de nada?
[9] Nombres falaces
[10] Eco, U.: Kant y el onitorrinco, Debolsillo, Barcelona, 2013, p. 40.
[11] Así lo refería Hölderlin en el verso último del poema Andenken.
[12] Eco, U.: p. 50
[13] Hjemeslev, L.: Prolegómenos a una teoría del lenguaje, Gredos, Madrid, 1971.
[14] Eco, U.: p.75.




jueves, 9 de junio de 2016

EL AMOR DE NARCISO

El poema titulado, El amor de narciso, del libro titulado, Mal de lujo (1998), para la sección, Poema semanal, del blog Ancile,




El amor de Narciso, Mal de lujo, Francisco Acuyo


EL AMOR DE NARCISO


“ Ecce Deus fortior me, qui venies
dominabitur mihi “
(He aquí un Dios más fuerte que yo,
viene a dominarme )

DANTE ALIGHIERI: “Vita Nuova”


MIRÁNDOSE los ojos en la fuente,
si no esquiva, se place tan flagrante
que así, sin sosegarse, va delante
la copia quieta al cauce en su corriente.

Mirándose a los ojos obediente,
mejor tuviese el agua su semblante
que ciego no perdiese cada instante
lo que mil luces dieran juntamente.

Así quedó la faz de luz tocada
que en inasible pecho sostenida,
hirió del cielo espejo, cuando cada

mejilla dos estrellas, impelida
dejó en la fuente apenas constelada
la eterna luminaria de su herida.




Francisco Acuyo, Mal de lujo, 1998.





El amor de Narciso, Mal de lujo, Francisco Acuyo

lunes, 6 de junio de 2016

EL TEISMO A TRAVÉS DE LA CONCIENCIA RACIONAL Y LA EXPERIENCIA COGNITIVA.

Proseguimos en la sección, Pensamiento, del blog Ancile, cavilando sobre la cuestión siempre fascinante de la idea de Dios, esta vez bajo el título: El teismo a través de la conciencia racional y la experiencia cognitiva.


El teismo a través de la conciencia racional y la experiencia cognitiva, Francisco Acuyo




EL TEISMO A TRAVÉS DE LA CONCIENCIA RACIONAL

 Y LA EXPERIENCIA COGNITIVA.



El teismo a través de la conciencia racional y la experiencia cognitiva, Francisco Acuyo



VEÍAMOS[1]  que la fides quarens intellectum[2], para la búsqueda de la idea de Dios, dio mucho, diverso y fascinante juego durante casi mil años, y todo en su ambiciosa pretensión de que la misma racionalidad era posible para la justificación de la creencia religiosa. También que la presunta historia natural de la religión, antiteísta de Hume, no satisface la idea de Dios, que sólo se justifica bajo las necesidades psicológicas y sociales que pudiere manifestar entre los seres humanos a lo largo de su relato existencial, y, desde luego, la muerte de Dios –nietzscheana-, hoy día, no acaba de confirmarse, a pesar de los movimientos culturales, ideológicos, científico positivos y políticos ateos de gran pujanza en la actualidad. La extensión del pensamiento cartesiano en la idea de Dios es larga y poderosa y toma renovada fuerza en la actualidad (véase Jean Guitton), si es que las propiedades de tan enorme excelencia atribuidas a Dios pueden depender únicamente de mí mismo, que las pienso, si es que en verdad yo no tengo, ni formal ni eminentemente idea de aquella infinita excelsitud.
Si bien la contradicción tan debatida hoy en la dualidad entre la rex extensa y la rex cogitans cartesiana, parece superada, no obstante, no deja de resultar de enorme actualidad la analogía cartesiana en la compresión de la prueba matemática y la idea de Dios, en tanto que deben existir ambas de manera real y eterna, y todo a pesar del mismísimo Kant y su proposición sintética –y contradictoria- de la existencia de Dios, a la que aludíamos en la anterior entrada; en cualquier caso no está de menos actualidad las versiones ontológicas modernas de Norman Malcolm, Charles Hartsthorne o Alvin Plantinga (este último, a través de una compleja lógica modal establece un sistema de mundos posibles, pero no reales, mediante los que establecer la posibilidad y la necesidad de los mismos, ya que la validez de sus enunciados dependerá de que se cumplan en esos varios mundos posibles; por cierto, que análoga referencia a la teoría de cuerdas y la necesidad de diversas y necesarias dimensiones para no contradecir sus principios y presupuestos matemáticos).
                Pero, volvamos un instante a las pruebas de la inexistencia de Dios de Faure[3], concretamente a lo que en este fragmento y título nos interesa, la cuestión creativa; la uno: la creación es inadmisible ya que, atribuida a Dios, sería esta una imperfección, pues estaría sujeta a una
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volición o deseo; la cinco: el ser inmutable no puede haber creado, si entendemos la creación como un cambio; y la sesta: Dios no puedo crear sin motivo, y en verdad que nos es muy difícil encontrarlo en su Infinita Dignidad. Del manido catálogo de tópicos recriminatorios para la inexistencia de Dios de este pensador nos interesan estos tres para la exposición que proponemos, y esto porque es precisamente en virtud del prodigio y enigma del acto creativo desde el cual encontramos las analogías más pertinentes a todos los misterios que rodean a cualquier ser consciente, a saber:  la creación del mundo, la creación de la vida, la creación de la misma consciencia…
Será bueno ver qué entendemos por creación (creatio, acción y efecto de crear), si crear es engendrar, producir algo nuevo (creare, y su sufijo, ción, acción o efecto; mas este creare, a su vez proviene de la raíz indoeuropea Ker, crecer). Así las cosas, y pasando por alto la arrogancia del presupuesto del conocimiento o entendimiento de la voluntad trascendente por parte del endeble razonamiento de Faure (parte de un presupuesto de conocimiento a priorístico de la voluntad divina que no vamos siquiera a discutir), tenemos que decir: ¿qué hay más trascendente que la capacidad de creación, acaso débilmente contagiada al ser humano y, al menos aparentemente, en rango muy inferior? Crear es hacer algo –nuevo- donde no había nada, o, cuando menos, extraer algo distinto de lo que ya había. Estas realidades creadas y cognoscibles para el ser humano, dícese que son muchas de su puño y letra, véanse las matemáticas –atribuidas por no pocos a una entidad superior, Dios es un matemático, muchas veces hemos escuchado esta afirmación-, las cuales, tantas veces nos han mostrado de forma apriorística hasta la realización del mismo experimento la realidad de sus formulaciones. O, acaso ¿no hemos de tenerlas por realidades por el hecho de que no son tangibles e incluso materialmente mensurables? ¿Será por tanto la matemática un fundamento lógico, racional, capaz de describir realidades materiales y, sin embargo,  irreal? Mas, todavía hemos de creer (y digo bien, porque no es más que otra creencia) que lo único real es lo perceptible? A tenor de tan ingenua creencia muy poco habría descubierto y avanzado la misma ciencia. Si todo lo que hubiera que considerar como merecedor de estimación científica fuera aquello que pudiese traducirse en una contabilidad sensible, más nos hubiese valido permanecer en las grutas paleolíticas, al pairo de su pétrea defensa y al arrimo de la azarosa aparición del fuego en algún incendio fortuito. Que la acción creativa tenga una manifestación sensible no significa que principie ni termine en ella.
El teismo a través de la conciencia racional y la experiencia cognitiva, Francisco Acuyo                De lo anteriormente expuesto creo que será de muy digna consideración otra cavilación muy a propósito de lo que exponemos hasta el momento, a saber: la cognición, es decir los proceso de conocimiento y reconocimiento del mundo, de aprehensión y comprensión ¿son sólo sensitivos? ¿no es hoy día más que evidente que los sentidos nos engañan (véase por ejemplo como la sensación de la tierra plana llevó a negar su esfericidad durante siglos)? A mi muy humilde entender, pensar que el conocimiento de lo sensible es el conocimiento total, ni siquiera de las cosas materiales, es un auténtico despropósito que ya ni la misma ciencia positiva se atreve a aseverar. La matemática (como la poesía) indagan en ámbitos que el sentido no puede siquiera aproximar (ni siquiera la física departículas, la piedra de toque del materialismo, puede obviar algo tan imperceptiblemente evidente, al menos un sentido como el que hoy reconocemos en su ámbito tradicional perceptivo (vista, oído, olfato, gusto y tacto), para lo que sería muy interesante estudiar los fenómenos sinestésicos y sus relaciones con el fenómeno de la conciencia.
           Si la experiencia científica se basa en la comprensión esencial de lo que se estudia a través de la experiencia, ésta, se pone en duda que sea necesariamente sensible, los estudios científicos de muy diversa índole nos enseñan (incluidos los de la física) que la experiencia es variable y subjetiva a la hora de la elaboración, clasificación y catálogo de determinados valores (muchos de ellos no medibles, por ejemplo los estéticos, fisiológicos, emocionales, psicológicos…) por lo que las teorías del espectador o del receptor, o también las aplicables a las ciencias duras como la física en los reconocidos como principio antrópico…. Son cada vez más necesarias para la compresión del conocimiento y de la misma conciencia. De lo que puede, finalmente, deducirse que aquella posición absoluta –objetiva- kantiana en relación a la existencia no está nada clara sin referirla necesariamente al sujeto de dicha existencia. La idea de Dios, en este sentido, sigue permaneciendo en nuestra conciencia de manera pertinaz e insistente, a pesar de que no hallemos prueba perceptible eficaz de su consistencia a la luz del método científico. En cualquier caso, a la misma luz de este entendimiento hoy no parecen tan claras cuestiones que desde Parménides parecía estarlo. De hecho, todo el conocimiento del mundo se ofrece al sentido común (y filosófico) como algo afirmativo y dependiente de la propia existencia que, a la fin y a la postre, también exige una explicación de su génesis. ¿Es que todo lo que esté fuera de una existencia material es impensable?, o por contraposición, ¿lo que no existe es nada y esta, como advertimos, es inimaginable para aquello que existe y es consciente de su existencia?. No obstante, la física última acude precisamente, ante análogas interrogantes (qué había al principio, antes del Big Bang primigenio que habría de dar existencia a todo, y se recurre al vacío, con todas las peculiaridades que se quieran (Parménides insistía en la imposibilidad de pensarlo, hoy se recurre a él como vía de comprensión de lo que es incluso materialmente). En matemáticas, también hubo sus evidentes controversias al acudir al vacío (teoría axiomática de conjuntos) y al de infinito (de Georg Cantor) para dar respuesta a determinadas proposiciones lógico matemáticas.
                Parece que la nada, como algo que no es y no ha sucedido, no puede ser protagonista de algo, pero, ¿esto significa que solo el existir –sensible- confiere realidad a las cosas? ¿O son posibles, aunque sean en el pensamiento, la potencia de ser determinadas otras? Estas interrogantes viene a concluir con la siguiente: ¿Es la percepción sensible el medio único para entender y conocer la realidad? Al margen de la vieja controversia entre las esencias en su momento y lo que existe en el suyo, hoy parece ponerse en tela de juicio que el sustrato material existencial pueda limitar lo existente,  el fenómeno de la conciencia tiene mucho que decir en referencia a lo que la realidad sea. La proverbial evolución material mediante la que constatamos que la materia inorgánica se transforma en orgánica y esta, a su vez, es capaz de dar cuenta de fenómenos tan extraordinarios (y raros) como el de la consciencia parece dar cuenta de esto que enunciamos. Hoy, sin embargo, no está tan claro si los cambios propios de la materia (en principio a nivel subatómico) existente están sujetos a la supuesta autosuficiencia –existencial- de lo que existe materialmente, al menos ya no se pone en duda que la conciencia actúa sobre la materia y puede llegar a cambiarla.
                Desde sus orígenes la ciencia dícese prosperar desde el dualismo: El objeto está separado para ser interpretado y, desde luego, manipulado. ¿Ha llegado, con los avances de la nueva física, a los límites de su método para interpretar el mundo? ¿O, acaso ha caído en la cuenta de que el objeto y el sujeto que observa no son tan distantes como cabía conjeturar en un principio? De hecho, puede deducirse de estas nuevas hipótesis científicas algo que no es extraño en determinados círculos filosóficos e incluso místicos en los que el Ser aparece como algo inconcreto, de infinitas posibilidades y que García Bacca establecía como atmósfera de luz en que todo se hace visible…sin que la luz sea propiamente visible…. Es lugar de aparición….[4]
                Veremos en próxima entrada algunas reflexiones nuevas sobre el ser y la esencia de la idea de lo trascendente.



Francisco Acuyo
               
               




[2] La fe en busca de la comprensión, de San Anselmo que tanto ha sido –y es aún hoy- debatido como argumento ontológico para la demostración de Dios.
[3] Faure, S.: Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios, La máscara, Valencia, 1.999.
[4] García Bacca. J. D.: Höderlin y la esencia de la poesía, Anthropos, Barcelona, 1989, t. V, p.597.





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