martes, 29 de marzo de 2016

EL LÍMITE EN POESÍA

Para la sección, De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, ofrecemos un fragmento del trabajo, El límite en poesía.


El límite en poesía, Francisco Acuyo




EL LÍMITE EN POESÍA



El límite en poesía, Francisco Acuyo


Pasar aquellos fuertes y fronteras de San juan de la Cruz por afanarse en la búsqueda del amado acaso sea la apetencia última de cualquier entidad con conciencia. Por eso el limes (limitis, genitivo) es en realidad el sendero que pone en evidencia la tierra de nadie que, cuando se traspasa, es terra incognita, en donde la propiedad de un territorio y otro se disolvía y, por fin, sea quien fuere, puede libremente transitarlo. No deja de resultar curioso que el límite, la frontera (frons, frontis, frente, semblante) etimológicamente acaben significando la misma cosa no pareciendo tener una raíz común indoeuropea este último vocablo latino, y cuyas consecuencias en las acepciones aceptadas para esta circunscripción divisoria que es la frontera (y, al fin y al cabo, el límite), tenga sus efectos a la hora de establecer supuestos parentescos simbólicos con otros conceptos dignos de esa consideración, de hecho, es difícil encontrar alusión alguna al límite y la frontera en fuentes autorizadas sobre la simbología de dicho concepto, de hecho, como tal no he podido encontrar nada que pueda hacer referencia al respecto, sería si acaso el sendero que delimita una propiedad de otra la referencia más directa. Pero hemos de encontrar otra fascinante referencia etimológica que hace que resulte aún más extraordinaria su indagación lingüística: sendero, semitarius, si relativo a la senda, en realidad está sustentado por dos componentes léxicos: semita (desvío, atajo), y el sufijo arius (relativo a).  Si vamos hacia el sinónimo camino (cammin, del celta, y este de cam, paso), y entendiendo este como el camino o la vía por donde se circula habitualmente, constatamos la divergencia convencional del uso del concepto límite y el del sendero que arriba indicábamos que pone en evidencia la tierra de nadie, muy bien podrían interpretarse aquellos límites poéticos como la senda que trasciende la realidad convencional circunscrita, acotada, en pos de la trascendencia (véase que la vía láctea para las tribus  de América del Norte es el camino de las almas que se dirigen al más allá[1], por lo que estos límites nunca son estáticos, son la dinamia misma de la vida y del universo que apenas sospechamos, no en vano, esta vía, sendero o camino celeste, para Salustio, esta frontera trazada en el espacio sideral es el término superior (dinámico) de la materia sujeta a cambio, a la transmutación no sólo temporal, sino a aquella que se sitúa más allá del tiempo.






Francisco Acuyo



[1] Chevalier, J. y Gheerbrant, A.: pp.1064.



El límite en poesía, Francisco Acuyo

jueves, 24 de marzo de 2016

EL COLOR DE LA NOCHE

Para la sección, Poema semanal, del blog Ancile, traemos los versos titulados, El color de la noche, del libro, Los principios del tigre, 199, 2012, 2ª edición aumentada.








 EL COLOR DE LA NOCHE






Bergson


POR uno de los rayos de tu vida
voy surgiendo como sombra apenas
constelada, y la estrella de azucenas
en la abeja que aromas parecida,

de su albergue divino o su vacío
profano busca molde en tu figura,
y el color de la noche se apresura
en el pulso de un lento y largo río.

La noche que te ofrece a ti conmigo
por longitudes sin espacio, por
circuitos donde el tiempo sin testigo

se dilata, y exhala en luz sedeño
aroma de la sombra y el sopor
que despierta a la vida con el sueño.




Francisco Acuyo, de, Los principios del tigre, 1997, 2012, 2ª edición aumentada.





domingo, 20 de marzo de 2016

DE LOS LÍMITES Y FRONTERAS EN POESÍA, APUNTE SOBRE LA TIERRA EN LA QUE NACE Y VIVE EL POETA.

Para la sección, Juicios paradojas y apotegmas, del blog Ancile, traemos un breve apunte sobre cuestiones puntuales que afectan al mundo poético de no pocos autores, en este caso la cuestión del lugar de nacimiento y vida del poeta. Así intitulamos el trabajo, De los límites y fronteras en poesía, apunte sobre la tierra en la que nace y vive el poeta*.

De los límites y fronteras en poesía, apunte sobre la tierra en la que nace y vive el poeta, Francisco Acuyo



DE LOS LÍMITES Y FRONTERAS EN POESÍA, 
APUNTE SOBRE LA TIERRA EN LA QUE 
NACE Y VIVE EL POETA.


De los límites y fronteras en poesía, apunte sobre la tierra en la que nace y vive el poeta, Francisco Acuyo


 Aquellos que hubimos de mostrar a toda costa -la rara- inclinación por la poesía (no ya sólo como hacedores del verso, sino como asombrados espectadores, lectores ávidos y concurrentes consagrados al mismo) acaso subsistimos recogiendo perpetuamente su heredad tan singular, ora de este incontestable clásico, ora de aquel avisado iconoclasta, ora del poeta injustamente enmascarado por el prejuicio academicista… para, no sólo nuestro acervo particular poético, también para mayor caudal y estofa de la memoria, sensibilidad y entendimiento humanos que, acaso de manera no mejor, pero sí más característica, nos señala a los que amamos la poesía, si, a la sazón, a través de ella hemos de afrontar de consuno el trajinar, interpretar y vivenciar exclusivos de nuestras más o menos trasegadas vidas.
La grande devoción por la poesía, en lo que a mí, muy humildemente, respecta, tiene algunas extrañezas que en modo quiero que tengan por extravagancias. Es el caso que no puedo evitar constatar la poesía allí donde entiendo que hay belleza y, siguiendo el trazo proverbial que de ella se deduce, también infiero la verdad que aquella representa y que, la poiesis, es un rasgo común de aquel ejercicio creativo que inspira a los espíritus excepcionalmente escogidos a este propósito, y que no solo se asientan en el ejercicio muy noble del arte literario, que yo los veo sin parangón palpitar también en otras artes y ciencias y disciplinas y acontecimientos de la naturaleza… los cuales que dan sentido al concepto mismo de creación. Es el caso que aquellas excentricidades de las que daba aviso se sustentan en las excepcionales perspectivas, a veces inauditas interpretaciones y heterodoxa metodología, que vienen a colación sin duda movidas por mi mucha ignorancia y limitadas aspiraciones para la compresión y exégesis del fenómeno poético que, insisto, es el entendimiento, aprehensión y discernimiento del proceso creativo. Por todo esto pido disculpas de antemano, pero reconozco que no sé indagar en tan vasto, enigmático y necesario dominio sino es con estos privativos y puede que injustificables rudimentos.
                  Así las cosas, quise indagar en el ámbito, a mi juicio, capital de la poesía de algunos poetas (algunos buenos amigos míos), pues en ellos o en su poesía quise ver aquellos universales que ponen en evidencia los rasgos de la poesía verdadera. De este inmortal mantenimiento, patrimonio común de los poetas genuinos, pretendo hablarles en esta disertación sobre la poesía en general y muy particularmente de estos elementos idiosincráticos de la poesía y que he creído ver en los versos de estos poetas que anunciaba.  Y tengo que decir, ya de entrada, que en aquellos poemas  ya vi, sentí y me imbuí de aquellos universales de la verdad (y el ser) en la belleza que encierra la verdadera poesía. Decía que era primordial aquel territorio que los propios poetas denominarían como aquellos alrededores del tiempo*  donde se dirían que se configura la conciencia misma del poeta (y del lector, y del intérprete de estos versos y de la poesía que, de forma inevitable, se deriva gozosamente de aquellos).

         Es preciso tener muy presente que esos señalados alrededores (límites, fronteras, tan importantes en su poesía), vienen estrechamente vinculados a la tierra y expresos y emparentados en el amor mismo y el paisaje. Amor intemporal y entorno en continuo devenir que le sitúa con mayor arraigo inevitablemente en la tierra que le vio nacer y crecer personal y poéticamente, o, sin más, que le hubo de contemplar su vivir en poesía […]



Francisco Acuyo





* Extraído de unas aproximaciones a elementos característicos de la poesía del poeta y amigo Rafael Guillén, de próxima aparición.
* El propio Guillén.





De los límites y fronteras en poesía, apunte sobre la tierra en la que nace y vive el poeta, Francisco Acuyo

jueves, 17 de marzo de 2016

PERPETUUM MOBILE, A LA MEMORIA DE SANTIAGO CASTELLO

Aquí, para la señalada y habitual sección, Poesía, del blog Ancile, el poema intitulado Perpetuum mobile, a la memoria del poeta Santiago Castelo.



Perpetuum Mobile, a la memoria de Santiago Castelo, Francisco Acuyo





PERPETUUM MOBILE




Perpetuum Mobile, a la memoria de Santiago Castelo, Francisco Acuyo


A la memoria de Santiago Castelo

El cuerpo es un castillo en continuo derrumbe:
ayer un muralla; hoy una torre; quizás mañana
                                            un puente […]


Santiago Castelo,  La sentencia




   LA luz toca a las criaturas
y, las criaturas la luz
tocar no pueden; se apuran
desde lo más alto a ser
de las sombras el altura;

   por el cielo mismo pugnan
desde el abismo profundo
que el espíritu subyuga,
mas, si es el cuerpo un castillo
en franco derrumbe, alguna

   torre será -entre la bruma
o la tiniebla- mañana
de la nada  arquitectura.
Quitad la nada y serán
todas las criaturas una.

Dulce bucle ya la lluvia
tintinea en la luz al alma
con un brillo que involucra
en el silencio sonoro
a un fanal  que nos murmura:

   Por sí misma ser ninguna
cosa jamás puede aquí
abajo, pues solo encumbra
 tal culmen el  intelecto
vivo en tan alta tribuna.

   Una todas las criaturas
son, hermano en poesía,
de la nada extrañas dudan
todas y, no obstante, observan
que, solamente desnudas

de ornato verse en la oscura
senda del castillo pueden,         
e inexorable derrumba
las murallas la expansión
que una hace a las criaturas.


   He aquí, firme entre la bruma
la fe, sobre aquel castillo
derrumbándose, columna
que entre ruinas el espíritu
soterradas vida exhuma.

   Mas, azul luce la música
de la soledad sonora
cuando, sobre la penumbra,
el murmullo de la luz
entre las sombras se escucha.





Francisco Acuyo





Perpetuum Mobile, a la memoria de Santiago Castelo, Francisco Acuyo

lunes, 14 de marzo de 2016

DIALÉCTICA DEL TIGRE

El poema titulado La dialéctica del tigre, del libro, Los principios del tigre, 1997, 2012 en 2ª edición aumentada, para la sección, Poema semanal, del blog Ancile.


Enlace a la Web Ancile











DIALÉCTICA DEL TIGRE











Hegel




FUNDE la luz el filtro delicado
del crisol con medida rigurosa.
La imagen acicala
la presunción felina en la lisonja
del espejo que alienta con la luz
la silueta eminente de su sombra.

Lo racional, real en la pupila
magnética del tigre no perdona.
Lo real, racional desgarra la
conciencia, la memoria que se irisa
en el lomo ondulado por la lógica,
que eleva con un bucle inmarcesible
el movimiento grácil de su cola.




Francisco Acuyo, de Los principios del tigre, 1997, 2012 en 2ª edición aumentada.









domingo, 13 de marzo de 2016

EL EXORCISTA, O LO ATÁVICO EN LA POLIFONÍA POSMODERNA

Para la sección dedicada al cine del blog Ancile traemos unas interesantes reflexiones sobre el Film, El exorcista, William Friedkin, bajo el título, El exorcista, o lo atávico en la polifonia posmoderna.

El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo








 EL EXORCISTA, O LO ATÁVICO


EN LA POLIFONÍA POSMODERNA



El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo




Fue en el mismo año que la tripulación del Apolo XVII asiste al Congreso de los Estados Unidos después del último alunizaje humano de la Historia -hasta el momento-, o cuando se dita el lenguaje informático PROLOG. , o se edita el disco, The Dark Side of the Moon, del grupo de Rock progresivo (puntal de la psicodelia musical) Pink Floyd, o cuando la NASA lanza el Pioner XI, o se hace la primera llamada de teléfono celular (gracias a Motorola y a su inventor Martin Cooper), cuando se estrena el film producido por la Warner Bros, con guión de William Peter Blatty, a la sazón autor de la novela homónima (y producido por el propio guionista),  bajo la dirección de William Friedkin, The Exorcist[1] (El Exorcista).
                  Obra maestra del género de terror trata, en un momento de auténtica efervescencia de las nuevas tecnologías, descubrimientos científicos  y  viajes espaciales, la posesión diabólica de Regan MacNeil[2] (Linda Blair), y cuyo éxito de crítica y público invita a una detenida reflexión, habida cuenta tanto de los momentos singulares en los que se estrena, así como el lugar (meollo donde habrían de desarrollarse aquellas primicias de la ciencia y la tecnología), y donde habría de causar especial expectación, los Estados de Unidos, Europa y los países de reconocida influencia cultural de un occidente, entregados a la invención de una máquina más potente que él[3] (ser humano) mismo.
                  Si entretenemos  unos instantes en recorrer los momentos más importantes de la década de los setenta, podemos constatar que no sólo  se aspiraba a una sociedad basada en una idea de perfección y mejora continuas (y de particular asepsia), sino que esta sociedad empezaba (en palabras de Baudrillard) a ser ya una copia de lo que realmente era dicha sociedad, y donde la manifestación de una clara y violenta dinámica amenaza incluso con la desaparición del niño[4], en tanto que la infancia comenzaba a ser un periodo inexistente del individuo, en tanto que podía disfrutar de la
El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo
instantaneidad de nuevas tecnologías, juguetes, música, drogas… en el mismo momento que lo desease. No deja de resultar curioso que en la película que comentamos, unos de los protagonistas sea precisamente una niña, criatura alienada (poseída por un espíritu diabólico), mas, en el contexto fuertemente discordante de un argumento y una temática que indaga acaso en lo más recóndito (atávico) del ser humano y sus más recónditos demonios. El contraste, como digo, es notable porque en lugar de indagar en el ámbito de las realidades virtuales (psicodélicas, tan de moda en estos años), o de imaginarias guerras y otros tipos de simulaciones propias del momento, se conformase una historia (basada en hechos reales)[5] que, para colmo, indaga en las simas de lo más oscuro y terrible del ser humano (eso, sí en una forma de terrorismo[6] ancestral, cual es la pérdida de la razón y la voluntad en pos de una abisal posesión de no se sabe qué fuerzas irracionales u ocultas que ponen al ser humano al borde de la locura y de emociones ancestrales que le conectan nada menos que con la genuina semilla del mal. El mal, en ese sentido, desplaza cualquier atisbo de piedad en su concepto, pues trasciende cualquier noción de idea, de juicio, de reflexión, para instalarse en nuestras vidas inopinadamente como una pulsión involuntaria e inenarrable.
                  Es en verdad altamente sugerente una de las secciones (de arranque) de la película en donde se muestra (o mejor se sugiere) velada, sutil y muy inquietantemente la raíz temática del film, a través de la indagación de uno de sus más celebrados protagonistas, el padre Lankester Merrin -Max Von Sidon- que ayudará a Damien CarrasJason Miller- en el exorcismo, nos referimos a los momentos en los que se visualizan las excavaciones arqueológicas, en Al-Hadar, muy cerca de Nínive, en Irak, ruinas que no son solo las de una civilización, quizá las de la humanidad misma, dado a la apresurada huida  de su cara menos grata, oculta, soterrada por los avances sociales, culturales y tecnológicos  que, sin embargo, no consiguen evitar el pavor que nos sobrecoge en cuanto que rascamos un poco el barniz de nuestras costumbres nuevas y convenciones automatizadas.
                  Una película como El Exorcista en el mundo de la Sobremodernidad[7] no deja de ser una curiosa, pero muy interesante paradoja[8]. Acaso en el naciente movimiento de globalización (uniformización) tendente a una informe homogeneización social, responde en singular contraste una visión introvertida sobre un fenómeno que, aunque se arraiga en la noche de los tiempos, resulta cuando menos extravagante en una sociedad moderna, supuestamente desarraigada de supersticiones por mor de la revelación da la verdad objetiva de una ciencia en plena ebullición que pone la realidad en clara evidencia. No entendemos, por tanto, este film (y la literatura que le abarca y la estética de lo siniestro que proyecta[9]) como la reacción antropológica característica ante los fenómenos de universalización en pos de  identidades locales o gropusculares, sino la manifestación literaria y
El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo
cinematográfica que está enraizada en lo más íntimo del individuo y que se proyecta irracional o inconscientemente en la práctica totalidad de las declaraciones culturales –más o menos veladas- de una civilización: la presencia del mal y su oscuro poder como manifestación suprema de la violencia. En cualquier caso, sí que responde de manera particular a la paradoja del mundo contemporáneo que se debate entre lo uniformizado y lo diverso, en tanto que se ofrece como la otra dimensión que abarca tanto lo local como lo universal del mal  en el mundo.
                  Tras el inquietante hallazgo en las excavaciones del amuleto por parte del padre Merrin (Max Von Sidon), muy parecido al del demonio Pazuzu, se proyecta el film hacia el desarrollo argumental del mismo, en el que, por cierto, se recuerda tuvo que expulsar a un demonio de otra persona poseída tiempo atrás; mientras, el padre Karras (Jason Miller), sacerdote de la Georgetown, de Washington D.C. pasa por una profunda crisis de fe tras la enfermedad terminal -y muerte inevitable- de su madre; Chris MacNeil (Ellen Burstyn), comienza a observar cambios extraños en el comportamiento de su hija de doce años, Regan Linda Blair); así se sucede la trama narrativa del film en la que la hija de la actriz, Chris MacNeil, comienza a empeorar gravemente al tiempo que comienzan a sucederse misteriosos e inquietantes fenómenos paranormales en el domicilio de la familia. Sin solución para la dramática situación de Regan por vía de la ciencia convencional médica, se opta por la consulta al psiquiatra y sacerdote Damien Karras quien, finalmente, pide permiso para llevar a cabo el exorcismo de la niña, la que clama por la ayuda del padre Merrin en las grabaciones (escuchadas invertidamente) en las sesiones que tuvo con ella[10].
                  De la trama argumental del film se ponen en evidencia varias situaciones que son realmente interesantes, a saber, la insuficiencia del conocimiento científico para resolver o curar la enfermedad de Regan, y la búsqueda de una solución en el dominio de la fe –o vía irracional-, teniendo en cuenta que tanto Damien Karras como la propia madre de la niña, Chris, eran escépticos. Esta situación es muy propicia para contrastarla desde una óptica antropológica teniendo en cuenta el contexto (que ya advertía Marc Augé, en su trabajo anteriormente anunciado[11]) que, aunque siempre es planetario, estará presente en la conciencia de todos[12]. Los parámetros señalados en forma de movimientos complementarios  en la sociedad actual por Augé son, a mi juicio, idóneos para interpretar la película y esbozar una exégesis social y antropológica interesante del film.
                  Veremos que el paso de la modernidad a la sobremodernidad[13] ofrece unos resultados no solo sociológicos, también estéticos, en tanto que en la literatura y en el caso cinematográfico que
El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo
nos ocupa, ofrecen un discurso peculiar, oscuro, dramático e incluso terrorífico donde se nos muestra que, no sólo la sociedad posmoderna, con sus avances científicos y tecnológicos, no satisface, tampoco resuelve los problemas más íntimos y profundos del ser humano; es así que, el mal, no puede eliminarse sino con la vuelta al irracional –ctónico- anhelo de ser con el mundo; el análisis objetivo, forense, no es suficiente ni efectivo para explicar lo que está vivo y en continuo cambio. El espacio (los lugares y no lugares)[14] en los que se desarrolla la trama argumental no son en modo alguno casuales: la gran ciudad[15] moderna (Washington) y, al fondo, las civilizaciones primitivas (Nínive[16], nada menos) y su pensamiento integrador salvaje[17]. Y, por último, la distinción entre lo real y lo virtual[18], si es deducible del argumento y desarrollo del film en cuestión.
                  El tiempo moderno, como acumulación positiva es puesto no sólo en franca contradicción, sino en duda casi manifiesta, no solo (por aquel desencanto apuntado por Max Weber en relación a la modernidad), también porque se pone en cuestión también la relegación del mito, del entendimiento sagrado y el rechazo de sus representaciones y símbolos que, diríanse formar parte inseparable del inconsciente colectivo[19] de la humanidad. Desde luego no estamos ante el caso del surgimiento de un nuevo mito (utópico)[20] sino al contrario, en una evidente distopía, abraza el guión (y la novela en que está basado) el más viejo y ancestral de los mitos cual es el demoníaco ctónico, símbolo de los poderes tanáticos, del instinto de muerte bajo aspectos diversos[21], o también representado como el arcano decimoquinto del Tarot (Baphomet de los templarios), macho cabrío en la cabeza y las patas, mujer en los senos y brazos, que persigue la regresión o el estancamiento… y que se relaciona con el instinto, el deseo, las artes mágicas, el desorden y la perversión[22].
                  Si parece que llegamos al fin de los grandes relatos (Lyotard), la aldea global queda situada de manera particular en este film de El Exorcista: lo que se pone en evidencia de la
El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo
globalidad no es tanto la red económica, idiomática y tecnológica, sino el lado atávico, oscuro y abisal que el mal representa en el devenir de los tiempos. El fin de la historia (del que hablaba Fukuyama) es claro, pero no tanto porque las ideas no tienen influencia en un mundo globalizado –enajenado-, sino porque es la historia de lo oculto inconfesable que el mal conlleva lo que acaba por consumirla. Se pone énfasis en los límites de las teorías de la uniformación, pero al tiempo nos expone la naturaleza común del mal en la humanidad.
                  Como advertía Marc Augé[23] en relación a aspectos socio antropológicos, películas como esta sobre la que reflexionamos, ponen sobre la mesa la realidad del hecho excesivo de la modernidad y su influencia[24], acaso en este film  se hace referencia específica al lugar en el que se expone claramente cómo las relaciones entre los humanos no dependen enteramente del saber y de la ciencia[25]. El lugar donde acontece la trama es (al margen de la ciudad donde se representa) sin duda el más antiguo y ancestral, el de la mente humana con sus temores, instintos y perversiones y el de la culpa y el terror de no poder controlar el mal que nos embarga o que nos rodea en muy diferentes circunstancias.
                  Estamos, en fin, ante la imagen singular que hace incierta la distinción entre lo real y lo imaginario, pero no es la imagen del simulacro que intenta hacer de la ficción la realidad (recordamos que la película y la novela están basados en hechos de una posesión y exorcismo reales), sino que expone una verdad muy cierta (y es la que resulta, inconscientemente, escalofriante para el lector o espectador de la novela o el film), y no porque no quede sitio para la imaginación, como temía Augé, sino  porque la realidad (del mal) siempre supera cualquier ficción.



Jorge F. Acuyo Peregrina






[1] Obtuvo diez nominaciones a los Premios Oscar (obtuvo dos), siete nominaciones para los Premios Globos de Oro (ganó cuatro, entre los que se incluía la mejor película dramática y el Premio Saturn a la mejor película de terror
[2] Blatty basa su novela en un hecho sucedido en 1949 del que vino a informar The Washington Post y del que se hablaba de la posesión real, en este caso, de un niño de catorce años que, debido a las graves alteraciones de personalidad, fue sometido al proceso de varios exorcismos.
[3] Baudrillard, J.: Pantalla total, Edt. Anagrama, Barcelona, 2000, p.186.
[4] Baudrillard, J.: Pantalla total, p. 120.
[5] Recuérdese lo apuntado anteriormente sobre la investigación que llevó a cabo el autor de la novela y del guión de la película sobre un hecho real de exorcismo.
[6] No en el sentido (no en el sentido del que persigue unos propósitos políticos o ideológicos), incluso un terror que va un paso más allá del que proclama el propio Baudillard, que rompe con la realidad que el mundo vive, sino encarándolo con la peor de sus pesadillas: lo más sombrío de sí mismo y de lo desconocido que lo conecta con la más profunda iniquidad de la conciencia.
[7] Término muy a propósito utilizado por Marc Augé en su trabajo la Sobremodernidad. Del mundo hoy al mundo de mañana.
[8] Que persiste aún en nuestros días en forma de una estética (de lo siniestro) que parece seguir extendiéndose en formas muy diversas de expresión artística e incluso en una forma de cultura  que pretende interpretar el mundo.
[9] A. F.: Halloween, Víspera de los santos, Noche de Brujas,… De lo bello en lo sinestro, Sección de Pensamiento del blog Ancile,: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/11/halloween-vispera-de-los-santos-noche.htm
[10] Posteriormente, en el ejercicio de exorcismo, encuentran la muerte los dos padres (uno, Merrin, por su ya precario estado de salud, debido a su enfermedad coronaria, fallece durante el exorcismo, el otro (Karras), en un acto de desesperación reta al demonio a que entre en él y deje a Regan, cosa que sucede y, Demian, se suicida arrojándose por la ventana.
[11] La Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana.
[12] Ibidem, p. 2.
[13] Ibidem, p.3.
[14] Ibidem.
[15] No deja de resultar curioso que la ciudad, simbólicamente representativas de imagen (o centros) espirituales de orden celestial (Chevalier, j.: Gheerbrant, A.: Diccionario de los símbolos, Herder, Barcelona, 1988, p. 309), es el no lugar donde tiene lugar la aparición del opuesto celestial o lo demoniaco, además de ser símbolo maternal y de protección que acaba por violado por la aparición del mal, además en la sede inocente de una niña. La representación de la ciudad santa por naturaleza, Jerusalén, acaba por convertirse en el símbolo invertido de la ciudad, la anticiudad, la madre corrupta y corruptora que en lugar de traer vida trae la muerte y las maldiciones, ob.cit. p.311.
[16] Ciudad central en las rutas del Mediterráneo y el índico y que, por tanto, une occidente y oriente y que fue mencionada por vez primera allá por el año 1800 a. C.
[17] Levi-Strauss,Cl.: El pensamiento salvaje, Fondo de Cultura Económica, México, 1997.
[18] La Sobremodernidad. Del mundo hoy al mundo de mañana, p. 3.
[19] Jung, C.: El inconsciente colectivo
[20] Como el que anuncia Vicent Descombes en, Philosophie par gros temps.
[21] Cirlot, J. E.: Diccionario de símbolos, Siruela, 1997, p.169,
[22] Ibidem: p. 173.
[23] La Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana, p. 9
[24] Corolario de esto sería la sobreabundancia de información a la que está sometido el individuo.
[25] La Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana, p. 10





El exorcista, o lo atávico en la polifonía posmoderna, Francisco Acuyo