jueves, 7 de julio de 2016

EL FIN DEL ALMA. DEL DUALISMO CARTESIANO AL MONISMO (NEURONAL) DE LA NUEVA CIENCIA DE LA MENTE

Proseguimos con cuestiones relativas a la idea del alma, esta vez bajo el título, El fin del alma: del dualismo cartesiano al monismo (neuronal) de la nueva ciencia de la mente, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.



El fin del alma. Deldualismo cartesiano al monismo (neuronal) de la nueva ciencia de la mente, Francisco Acuyo



EL FIN DEL ALMA
DEL DUALISMO CARTESIANO AL MONISMO
(NEURONAL) DE LA NUEVA CIENCIA DE LA MENTE



El fin del alma. Deldualismo cartesiano al monismo (neuronal) de la nueva ciencia de la mente, Francisco Acuyo






Del dualismo –proverbial- mediante el que se asevera(ba) la incuestionable diferencia entre el alma y el cuerpo (mi alma, por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta de mi cuerpo)[1], a la  visión monista –¿incuestionable?- y abierta –y, no obstante, clausurada- de la conciencia como producto (y epifenómeno) del cerebro, parece haberse llegado a la conclusión –cuando menos sorprendente- de que el constructo del alma ya no es necesario[2]. Se asevera (queremos creer que con inconsciente juicio, que no por ignaro desacierto y ralo desconocimiento) que el papel del alma en el pensamiento contemporáneo es algo que ya ha pasado de moda.[3] Toda esta argumentación –de tan grande enjundia e ilustrada y abundante demostración y dialéctica, disculpen el sarcasmo-- se basa en los conocimientos aportados (claro está) por la nueva piedra de toque de las ciencias de la mente, la neurociencia cognitiva – y aunque parezca chanza- de las reflexiones –filosóficas o no- que cabe extraerse de su mecánica concepción de la mente humana, así como de los mensajes de los ilustrados enciclopedistas de la neurociencia y su cohorte de eruditos (de tan insigne linaje y enorme bagaje de sabiduría humanista, artística, filosófica, literaria, antropológica e incluso psicológica que, según [4], que sí valoraron en lo que vale toda la profunda simbología del alma, estimación digo, muy digna de tenerse muy presente incluso en el ámbito práctico de la medicina psiquiátrica y psicológica, si es susceptible de  terapéutica muy diversa.
El fin del alma. Deldualismo cartesiano al monismo (neuronal) de la nueva ciencia de la mente, Francisco Acuyo
                Pues sí, todo queda al fin, en relación a la cuestión del alma, circunscrito al dominio de los mecanismos neurofisiológicos. Vemos aquí el viejo y manido y por supuesto superado postulado –de[5]. El ansia de objetivación –y reduccionismo- positivista, para algunos sigue teniendo el mismo vigor decimonónico aún en nuestros días, y todo por proseguir aquella vieja cruzada contra la metafísica que en realidad no hace sino poner en evidencia una vez más el gran desfase -descomunal diríamos- entre el progreso creativo y evolución paulatina acorde del pensamiento humano (manifiesto en la inamovible base y fundamentos de la filosofía, que apenas si han evolucionado desde el pensamiento grecolatino en occidente) y los avances científico tecnológicos. Es así que, en fin, la verificación positiva se establece como medida  -y cualidad- universal(es) de indagación sobre cualquier realidad, física o metafísica[6]. En verdad que este planteamiento radical y no muy meditado no hace bien siquiera a la misma ciencia, y es que si este es el único y verdadero motor de dinamización de la humanidad, ¿será también el que dará solución a todos y cada uno de los problemas que caben plantearse en el discurrir existencial de la misma?, todo parece indicar, sin embargo, que es claro que no ha hecho sino mostrar frustración y fracaso para darles respuesta. Los problemas capitales –y perennes- del ser humano, exigen el resarcimiento (ético, cultural, filosófico…) por las incumplidas promesas del positivismo. Por todo esto, y a la vista de que la auténtica revolución que se precisa en este mundo es la del individuo, nos parece extremadamente pobre, por no decir, analfabeta, el rechazo al concepto del alma, y todo para acabar haciendo un juego semántico no menos paupérrimo con el lenguaje para referirse al alma con análogas acepciones como es que caso del de la psique[7][8]; aunque toda esa fatua suficiencia acaba por rendirse ante la evidencia de que los estados mentales propios de la conciencia se muestran incapaces de explicar la génesis de sus circunstancias vitales subjetivas, en referencia entre otras incógnitas, véase por ejemplo el caso de los qualia[9].

El fin del alma. Deldualismo cartesiano al monismo (neuronal) de la nueva ciencia de la mente, Francisco Acuyo
                El prejuicio de la idea del alma (acaso también de Dios) como un concepto(s) netamente teológico o metafísico quizá lleve al científico de ideas poco abiertas, muchas veces  con grandes dosis de fatuidad y suficiencia, a caer en el mar de nuevas conjeturas que tratan de solucionar viejos pero profundos problemas (físicos y metafísicos que inevitablemente redundan en nuestras vidas), olvidando, incomprensiblemente el acervo cultural, antropológico, artístico, literario, filosófico, mítico, simbólico… que puede apoyar con gran eficacia la indagación sobre la complejidad de dichos problemas, y lo que tiene más bemoles, en nombre del avance de la ciencia. Este cientifismo (o fisicalismo) estrictamente reduccionista implica el reconocimiento de una única realidad, a saber: aquella que puede tenerse constancia material y física, por lo que todo lo que no participe de este monismo de naturaleza radical carece de importancia e interés de estudio y, desde luego, de cualquier consistencia positiva y verificable, por lo que pasa al territorio de la ilusión y lo irreal todo lo que no [10]-, no son más que subproductos de la mecánica material del universo, o lo que es peor, son del todo prescindibles para la realización plena de organismos conscientes y creativos como los humanos? ¿Las más excelsas creaciones del espíritu con las que hemos convivido –y quién sabe si sobrevivido- durante milenios  (literarias, artísticas, intelectuales, filosóficas, éticas o metafísicas) son cosa del todo baladí y de las que podremos prescindir con toda seguridad y ligereza? Todo el patrimonio del espíritu, que incluyen los símbolos, los mitos, el signo, el lenguaje poético, el matemático,…. por no tener consistencia material, de no haber existido hubiesen sido del todo prescindibles? ¿Por qué, entonces, la insistencia a lo largo de la historia de la humanidad en aparecer y expresarse y resistir cualquier embate, incluido el propio materialista?
                Trataremos de responder a estas cuestiones tan significativas en siguientes post relativos a esta, a nuestro juicio,  capital cuestión que comienza a resultar más que urgente ofrecer alternativas de interpretación realistas.



Francisco Acuyo
               




[1] Descartes, R.: Meditaciones metafísicas, Espasa Calpe, Madrid, 1985.
[2] Recuerden la nota al respecto del anterior post en relación a las afirmaciones de Katja Crone, Mente y cerebro, neurofisiología, El constructo del alma ya no es necesario, nº 78, mayo, junio, 2016.
[3] Ibidem, p. 36.
[4] Insigne ejemplo puede ser Carl Gustav Jung.
[5] Me estoy refiriendo a aquellas aseveraciones hechas por Stephen Hawkin con ocasión del origen, evolución y destino del universo, véase: Los dioses de Stephen Hawking http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/03/los-dioses-de-stephen-hawking-ii.html  http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/03/los-dioses-de-stephen-hawking-ii.html
[6] Acuyo, F.: Augusto Comte o la ciencia de los dioses, en: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2015/09/augusto-compte-o-la-ciencia-de-los.html
[7] Nota 2, p. 37.
[8] Psico, psyke, del griego, que en definitiva viene a significar alma, de hecho parece que al propio psicólogo debiera interesarle algo más las raíces que definen e identifican a su propia ciencia: psicología, psyche, alma, y logia, estudio de. El mismo símbolo psí, es identificativo con la ciencia misma, por lo que de antemano rechazamos desde su inclusión en el diccionario de la academia, la acepción sicología, ciencia sin duda propia del estudio de los higos, sycon, del griego, es higo; en fin, ya hemos denunciado en otras ocasiones los delitos de lesa etimología de la Rae; véase como ejemplo en este blog: Escrutinio humilde y apremiado del género: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/04/escrutinio-humilde-y-apremiado-del.html
[9] Quale, son aquellas cualidades subjetivas de las experiencias personales (colores, sabores…) cuya percepción y el sistema físico que lo sostiene (el cerebro) mantienen un vacío explicativo debido a que epistemológicamente no son cognoscibles debido a que son inefables, intrínsecos y privados.
[10] Recordemos la increíble descripción de fenómenos naturales mediante el juicio y la lógica abstracta de las matemáticas que describen, muchas veces lo hemos vistos, la naturaleza material de las  cosas a priori incluso de su verificación empírica.






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