sábado, 7 de mayo de 2016

LÍMITES DE LA RAZÓN Y SENTIDO: ¿MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA?

Siguiendo el hilo de las argumentaciones de la última entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos este otro post titulado: Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?


Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?, Francisco Acuyo, Ancile


LÍMITES DE LA RAZÓN Y SENTIDO:

 ¿MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA?



Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?, Francisco Acuyo, Ancile





A colación de la evidente necesidad de superar los insuficientes presupuestos de las denominadas nuevas corriente humanistas (por otra parte, siempre deudoras del humanismo renacentista, del que muy parcialmente toman,  decíamos[1], sus estimaciones y supuestos), hubieron de surgir los postulados y aproximaciones  de las denominadas corrientes transhumanistas[2]. Ante los peligros obvios que plantean estas iniciativas científico-culturales, con implicación irremediable en el ámbito de la ética, nos llevan de manera también inevitable a la evaluación de los límites de la ciencia en el dominio de la moral y, desde luego, de la posibilidad de dar sentido a las vidas de aquellas conciencias capaces de hacerse las interrogantes pertinentes en aquellas cuestiones fundamentales (de nuevo recordamos a Popper en tal planteamiento) ante las que la ciencia no parece la disciplina o el saber adecuado para responderlas.
Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?, Francisco Acuyo, AncileNo solo porque la ciencia trata de determinar lo que es, y no lo que debiera ser,[3] también por razones aducibles que expondremos, la ciencia ofrece límites claros a muchas interrogantes y necesidades humanas que están profundamente arraigadas, no solo cultural y psicológicamente, incluso también de manera física u orgánica[4]  (a pesar de que otras personalidades del pensamiento Todo conocimiento alcanzable debe ser alcanzado mediante métodos científicos, y aquello que la ciencia -natural- no pueda descubrir tampoco será cognoscible para la humanidad[5]), aun cuando esta afirmación nada tiene de científica –errónea- deducible y aplicada, dejando de lado las grandes verdades de la lógica y las matemáticas, cuyo rigor intelectual sobre pasa aquel que las ciencias naturales pueden ofrecernos[6].
La realidad es que una teoría científica tenida por válida no es tan fácilmente distinguible de la que se expone y se construye desde la mera conjetura. Los criterios para su distinción han sido muy discutidas por la filosofía de la ciencia  (véase, sobre todo, en los dominios de la física teórica, en los que existe el acalorado debate entre si teorías muy razonable –matemáticamente- expuestas son propuestas aceptables o no, en tanto que no son demostrables empíricamente, así, por ejemplo, la teoría del multiverso, o la teoría de cuerdas. Sin entrar en controversias puramente epistemológicas, advertimos de la defensa de ciertos criterios de evaluación[7] que deben ser tenidos como científicos más allá de su confirmación empírica[8]. Parece una cuestión incontrovertible que la existencia de este tipo de hipótesis científicas no verificables plantea la necesidad de una transformación y redefinición del mismo método científico.
En cualquier caso, y aun superando el problema de la demarcación popperiano[9] y su problemática a la hora de la confirmación, que nos dice que en modo alguno, a través del criterio de falsabilidad, pueden distinguirse teorías con mayor o menor grado de confirmación,[10] cuestión que podemos observar en el caso de la Teoría de Cuerdas, e incluso desde la óptica física que nos hace conjeturar que la misma realidad no es lo que parece (desde hace mucho tiempo en relación a apreciaciones que hoy nos parecen obvias, como que el Sol no gira en torno al Tierra, hasta las recientes, y no exentas de controversia con el denominado sentido común, en relación a la naturaleza –elástica- del tiempo y el espacio o el paradójico comportamiento de la materia a nivel subatómico) y que ponen en duda la existencia misma del tiempo y el espacio.[11]
Así las cosas, y siguiendo el criterio de que la verdad científica se caracteriza por su rigor y [12] que diría Ortega y Gasset, parece concernir a un saber que no tiene por qué adaptarse al método, y es una realidad que hay quienes prefieren ignorar estas cuestiones precisamente por eso,[13] ya que estiman que cualquier creencia en algo sin pruebas –científicas- que lo corroboren es un error, lo cual, y como hemos visto en relación a la aportación de la prueba –empírica- en hipótesis muy útiles desde la óptica científica no es algo definitivo, amén de que la búsqueda de la verdad en el que las pruebas pueden ser ambivalentes y sujetas a diversas interpretaciones, llegará el momento en el que tendremos que creer en algo aún sin disponer de las pruebas –empíricamente- concluyentes.
Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?, Francisco Acuyo, Ancile
Ahora bien, si esperamos que la ciencia responda a aquellas cuestiones fundamentales o decisivas, puede darse el caso desde luego muy peligroso de confundir la necesidad de la razón con la suficiencia de la misma,[14] lo cual acaso aconseja dejar al cuidado de la ciencia las cuestiones que tienen que ver con la dinámica, organización y estructura del universo material, y las de carácter trascendente a la filosofía, la metafísica y la religión. Todo parece indicar que para el tratamiento de estas cuestiones se hace preciso un saber multidisciplinar en el que la ciencia y otros enfoques no estrictamente científicos puedan aproximarse para satisfacer esas interrogantes tan profundamente arraigadas en el ser humano y que mucho tienen que ver con la búsqueda de un sentido que en muchas ocasiones se basa en la fe, si es que como apreciaba Wittgenstein, creer –en Dios- significa apreciar que la vida tiene un sentido[15].  En una próxima entrega veremos hasta qué punto muchas de las creencias que abrigamos, aun cuando carecen de una justificación impecablemente racional, es razonable mantenerlas en cosnsideración[16].



Francisco Acuyo






[1] Véase el post en esta misma bitácora intitulado: Del humanismo y el transhumanismo: entre la naturaleza imperfecta del ser humano y la cognición de lo trascendente. http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/05/del-humanismo-y-el-transhumanismo-entre.html
[2] Recordamos, también en referencia a la entrada anteriormente referida, que el transhumansimo es una corriente internacional cultural que, dícese, trata de mejorar la condición humana gracias a los nuevos avances científicos y tecnológicos, encabezado por científicos –genestistas muchos de ellos-  y pensadores como J.B.S. Haldane, Julian Husley, J. D. Bernal,  Nick Bostrom entre otros muchos.
[3] Einstein, A.: De mis últimos años: Convicciones y creencias, ciencia, asuntos públicos, ciencia y vida, personalidades, mi pueblo, Aguilar, Madrid, 1951.
[4] Véase: Hamer, D.: El gen de Dios, La esfera de los libros, Madrid, 2006, McCauley, R.N.: Religion Is Natural and Science Is Not, Nueva York, Osford University Press, pp. 83-143, ó, pp.254-268. Así también en este misma bitácora: ¿Dios, ingeniero genético? http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2012/11/dios-ingeniero-genetico.html  También Lipton, B. H.: La biología de la creencia, La esfera de los libros, Madrid, 2007.
[5] Russell, B.: Religión y ciencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1936.
[6] Mcgrath, A.: La ciencia desde la fe, Espasa Calpe, Madrid, 2015, p. 194.
[7] Dawid, R.: String theory and the scientific method, Cambridge University Press, Cambridge, 2013.
[8] Sus, A.: Los límites del método científico, Investigación y ciencia, nº 475, abril, 2016, p.64.
[9] Karl Popper establecía que lo que caracteriza a cualquier teoría científica frente a cualquier otro tipo de hipótesis o planteamientos de rigor teórico es su falsabilidad, es decir, el hecho de poder contrastarlas empíricamente, y en caso de verse refutadas, rechazar dicha teoría.
[10] Véase el caso de la Teoría de Cuerdas en Sus, A.: Los límites del método científico, pp.66-69.
[11] Por ejemplo, a nivel subatómico, en la última frontera infranqueable de los campos cuánticos covariantes, tras de los cuales rige la nada.
[12] Ortega y Gasset, J.: Obras completas, tomo VIII, Taurus, Madrid, 2004, p. 263.
[13] Madigan, T.: Clifford and The Ethics of Belief, Cambridge Scholars, Newcastle, 2008
[14] Medawar, P.: Consejos a un joven científico, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.
[15] Wittgenstein, L.: Cuadernos de notas (1914-1916), Síntesis, Madrid, 2009.
[16]  Ver en Eagleton, T.: Lunging, flainling, mispuncching: a review of Richar Dawkins The God delusion, London review of books, 2006.





Límites de la razón y sentido: ¿Más allá de la ciencia?, Francisco Acuyo, Ancile

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