martes, 28 de julio de 2015

JAVIER LOSTALÉ, QUIEN LEE VIVE MÁS

Para la sección del blog Ancile, Editoriales amigas, traemos el título, Quien lee vive más, del poeta y escritor (y dilecto promotor y difusor literario) Javier Lostalé, en edición, abriendo el libro, un prólogo de Jesús Marchamalo y un epílogo, para cerrarlo, de Cristina Hermoso de Mendoza. Desde aquí recomendamos vivamente su lectura porque, en verdad, quien lee vive más y más plenamente. Estas páginas deliciosas darán fe de que la lectura es imprescindible para la vida vigorosa del corazón y el crecimiento más subido del espíritu. He aquí una breve pero intensa muestra de lo que con total entusiasmo recomendamos.





JAVIER LOSTALÉ, QUIEN LEE VIVE MÁS








EL BUEN LECTOR





EL buen lector es siempre agradecido y no olvida el día en que unas palabras, un gesto o la luz de un rostro trasmitiendo interior felicidad, le condujeron a los libros como compañeros que ya no le abandonarían nunca. No olvida al profesor que explicaba cada día la lección impartiendo no sólo conocimientos, sino abriendo ventanas a la imaginación y creando un clima en que cada alumno podía sentirse nombrado y dueño así de una vida apenas comenzada, porque al lado de la disciplina que era necesario aprender no faltaba un libro del que, en cada clase, leía una página, con tal pasión que, enseguida, pasaba a ser parte de los sueños, deseos, soledades y amores de los discentes. Transcurridos los años, el buen lector levanta un momento la mirada del libro y siente cómo la habitación se llena de una difusa presencia, no de este tiempo sino de otro ya lejano en que un profesor amigo no sólo leyó un texto en voz alta, sino que después puso en sus manos aquel volumen, su cuerpo tan luminoso. Hoy el  buen lector no teme preguntarse por la suerte de aquel profesor porque sabe que a través de la lectura estará siempre con él, pues los libros crean un territorio de solidaridad y amistad en el que nada de lo que fue se pierde. Es más, el buen lector vuelve a escuchar ahora sus pasos, la voz tan clara de su silencio diciendo: «Quien lee vive más».






AMISTAD Y LECTURA






JORGE Luis Borges dice en un bellísimo poema dedicado a la amistad: «No puedo darte soluciones / para todos los problemas de la vida, / ni tengo respuesta / para tus dudas o temores / pero puedo escucharte / y compartirlo contigo ( ... )». ¿No podrían estos versos referirse a la compañía que nos hacen los libros? Durante la lectura las palabras que alguien escribió se integran tanto en nuestra vida que se comportan como otro ser que escuchara el latido incluso de nuestros pensamientos. De ahí esa paz que sentimos con frecuencia mientras dialogamos con un libro, fruto de nuestro conocimiento de hallarnos no ante unas letras mudas sino ante un verdadero interlocutor que en silencio nos escucha mientras nos entregamos a ellas con nuestra biografía de vacilaciones, conquistas y derrotas. Y en silencio también nos responde, no con medicinas milagrosas sino abriendo puertas y ventanas a nuestro espíritu para que nos reconozcamos y aceptemos tal como somos, y algo se encienda dentro de nosotros que nos haga capaces de ver lo que antes no veíamos y de generar ilusión por el mismo hecho de vivir. Ese soplo cálido que acompaña nuestra lectura es el alma del libro, su invisible honda presencia que se comunica con nosotros como un amigo verdadero que nos ayuda en cualquier momento a hacer realidad nuestro lema: «Quien lee vive más».




Javier Lostalé, de Quien lee vive más, 2013
















lunes, 27 de julio de 2015

ALQUIMIA Y RELOJ DE SOL, EN POEMA SEMANAL

Para la sección del blog Ancile, Poema semanal, ofrecemos los poemas Alquimia y Reloj de sol, del libro, Vegetal contra mosaico, 1991.


Enlace a la Web Ancile









ALQUIMIA Y RELOJ DE SOL










ALQUIMIA


EL alma se diluye
para fundirse luego.
El alma se diluye
en pétalos de olvido
y en mixtura de nieve,
todo muy bien diluido,
–así dice el grimorio
que el alma misma bebe–
deja el cáliz al fuego,
para fundirla luego.




RELOJ DE SOL





QUIEBRA en el tiempo el cristal
del oprimido resorte.

La figura no confundas
manantial en los colores
que rubrican en el agua
de la sombra los resoles.

También supones perfil
dos amapolas de cobre
y un nardo desde la frente
que sobre el cuello repose.

El torso tiene temblor
de vidrios cuando de arpones,
y el sonido de la luz
para el umbral de la noche.

Reloj que mides la esfera
por lo infinito del orbe:
¡Quiebra en el tiempo el cristal
de tu oprimido resorte!


Francisco Acuyo, de Vegetal contra mosaico, 1991






jueves, 23 de julio de 2015

EUGENIO DE ANDRADE, BLANCURA, EN LA EDITORIAL POLIBEA

Tenemos el placer de traer a nuestra nueva sección del blog Ancile, dedicada a novedades editoriales que han causado una excelente impresión; llevará por nombre, Editoriales amigas. En esta primera entrega ofrecemos la antología poética de Eugenio de Andrade titulada, Blancura, editada con primor por la Editorial Polibea, en Madrid, en su colección Orlando versiones. Edición de poemas seleccionada, presentada y traducida con gran esmero por Miguel Losada. Su director, buen amigo, Juan José Martín Ramos, se encarga del singular y diligente diseño, obteniendo un resultado en verdad digno de encomio por su precioso fruto editorial y que, desde este lugar, os invito a adquirir pues, para los amantes de la buena edición integrada con la mejor poesía, seguro que hará las más excelsas delicias. Os presentamos un suculento adelanto de lo que encontraréis en el interior. Podréis leer el poema en su versión original (portugués) y española. Al final de la entrada os proporcionamos el enlace a la página web de Polibea, donde podréis ver su espléndido catálogo.






EUGENIO DE ANDRADE, BLANCURA, 
EN LA EDITORIAL POLIBEA







UMA CEREJEIRA EM FLOR





ACORDAR, ser na manhã de abril
a brancura desta cerejeira;
arder das folhas à raiz,
dar versos ou florir desta maneira.

Abrir os braços, acolher nos ramos
o vento, a luz, ou o quer que seja;
sentir o tempo, fibra a fibra,
a tecer o coração de urna cereja.





CEREZO EN FLOR




ESPERTAR, ser en la mañana de abril
blancura
abrir los brazos, acoger en las ramas
a1 viento, la luz, o lo que sea;
sentir el tiempo, fibra a fibra,
mientras teje el corazón de una cereza.
de este cerezo;
arder desde las hojas hasta la raíz,
dar versos o florecer de esta manera. 




PEQUEÑA ELEGIA DE SETEMBRO




NÃO sei como vieste,
mas deve haver um caminho
para regressar da morte.

Estás sentada no jardim,
as mãos no regaço cheias de doçura,
os olhos pousados nas últimas rosas
dos grandes e calmos dias de setembro.

Que música escutas tão atentamente
que não dás por mim?
Que bosque, ou rio, ou mar?
Ou é dentro de ti
que tudo canta ainda?

Queria falar contigo,
dizer-te apenas que estou aqui,
mas tenho medo,
medo que toda a música cesse
e tu não possas mais olhar as rosas.




 SUL




ERA verão, havia o muro.
Na praça, a única evidência
eram os pombos, o ardor
da cal. De repente
o silêncio sacudiu as crinas,
correu para o mar.
Pensei: devíamos morrer assim.
Assim: arder no ar.




SUR




ERA verano, había el muro.
E
n la plaza, la única evidencia
e
ran las palomas, el ardor
de la cal. De repente
el silencio se sacudió las crines,
corrió hacia el mar.
Pensé: debeamos morir así.
Así: arder en el aire.



Eugenio de Andrade


















martes, 21 de julio de 2015

ELENA MARTÍN VIVALDI, EN EL CORAZÓN DE LA NOCHE

Reproducimos del blog amigo Atticus Ediciones, para la sección de diseño editorial, la estupenda entrada que se ha dedicado a Elena Martín Vivaldi, con motivo de la edición de su antología En el corazón de la noche. 





Hoy traemos a las páginas de nuestro blog otro título que consideramos modelo de ejemplaridad editorial, y del que nosotros, Atticus ediciones, tenemos el privilegio de formar parte en su montaje, maquetación y diseño. Título que decíamos, nos honra especialmente participar en su publicación ya que se trata nada menos que de la poeta granadina Elena Martín Vivaldi, y que bajo título, En el corazón de la noche, vería la luz hace ahora dos años.
Es una antología temática dedicada a la noche que, con motivo de la primera edición de La noche en blanco de Granada, en el año 2013, vio la luz en la editorial Entorno Gráfico Ediciones, con una preciosa portada de Mª Teresa Martín Vivaldi, y con un prólogo introductorio del antólogo de los poemas, el poeta Francisco Acuyo.
Reproducimos aquí portada, un fragmento de la introducción y algunos de los magníficos poemas que conforman esta espléndida antología poética.







EN EL CORAZÓN DE LA NOCHE, 
DE ELENA MARTÍN VIVALDI




Fotografía de Antonio Arabesco





ELENA MARTÍN VIVALDI:
EN EL CORAZÓN DE LA NOCHE,
ITINERARIO POR LA NOCHE
MARTINVIVALDIANA




Fragmento de la introducción

[…] Si a la noche pudiésemos darle alguna forma, disposición, figura con la que adecuar (para algunos) el lugar de sus semejanzas, y aun siendo todavía en su relación imaginada objeto muy abstracto, aparecería casi siempre como aquel insólito reducto del alma, gentil albergue que al espíritu acoge incierto y a la vez bizarro y, más aún, si lo miramos bien proporcionado a la luz objetiva de los múltiples y raros y muy diversos asterismos. O, si acaso quisiésemos cotejarla desde lo más acendrado de nuestra tradición literaria y poética con el fin de encontrar hallazgos de significación comunes (pensemos, según el caso, en las Noches lúgubres, del gran Cadalso, o en vena bien distinta, la sublime Noche oscura de San Juan de la Cruz), es muy posible aun de consuno localizar elementos usuales, de frecuente recurrencia o de ordinario recibo en su dedicación, uso y usufructo, así como en su sentido, valor y significado. No
obstante, serán también muy numerosos los componentes, fundamentos y principios que los distinguirían con evidencia indiscutible. Es el caso, también contradictorio, de este breve y muy decantado prolegómeno y estudio en relación a todos y cada uno de los elementos que pudieran poblarla poesía nocturna de nuestra entrañable y muy añorada poeta Elena Martín Vivaldi.[…]



Francisco Acuyo






SOLEDAD VENCIDA


Y está la noche ahí, variando fuera.


J. Guillén


Y está la noche ahí. Alta la siento.
Escucho su armonía, mientras nombra
mi voz a las estrellas. Ni me asombra:
si fue casi un suspiro, yo lo invento.

Desde esta soledad marchar presiento
la luna desvelada, por su alfombra
de nubes va serena. Luz en sombra,
penumbras descorridas por el viento.

Olvidada de amor se me figura
que luna, noche, nubes, sombra, coro
de fervientes estrellas a mí ascienden.

Plegarias de sus voces, a la altura
de mi honda oscuridad dan su tesoro,
y de mis soledades me defienden. 





CON MI DOLOR A SOLAS


No es el amor quien muere
Somos nosotros mismos...
L. Cernuda



Porque no puedo decir nada.
Porque hace tiempo que acabó la hora
aquella, donde la luna fue el espejo,
aquella la manera de mi vida,
aquellas las preguntas de mi noche,
aquellos los caminos del ensueño,
—sombras de realidades, largo eclipse—
aquellos los deseos de mi sangre.

Porque nada es verdad
—siendo tan cierto—
sino ese tiempo desbocado, acérrimo
enemigo. Implacable. Acechando.
Robador de minutos,
abriendo y, ay, cerrando, cuantas puertas
llevaban a lo oscuro,
cuantas puertas
daban al viento, al aire que traía
semillas de esperanza, largamente esparcidas,
sin que la mano, inútil, lograra rescatarlas.
Ese tiempo que, estando, mueve y barre, dispersa
hojas desnudas, sangre del otoño.
Tiempo que, espada, deja larga herida
sobre lunas y nubes, que otro día, sí, existieran.
Porque no puedo decir nada.
Digo esta noche
mi dolor a solas.



DESENGAÑOS DE AMOR FINGIDO
(1984)


A Antonio Gallego Morell


V

A Emilio de Santiago

...teme, vuelve a la tierra que es tu asiento.
P. Soto de Rojas


Soñé que era verdad lo que, mentira,
un espejismo me mostraba, incierto.
Soñé de aquel jardín, gris muro abierto,
entrada al paraíso. No delira

la mente al recordar, porque respira
dentro de un sueño. Luz, que no desierto,
iluminando el cielo. En su concierto
un mundo de ilusión renace y gira.

Entre la vaguedad de lo soñado
imaginaba ya de amor ventura,
goce imposible, al despertar negado.

Pero el sueño tornaba su desvío,
lo que por siempre fuera noche oscura,
en alba florecida de rocío. 





LA LUNA CONFIADA


Y la luna me mira.
                       Y mira,
qué sonriente, ella, está,
la luna, sí, esta noche.

Algo alegre le corre por su sangre,
desangrada de amor,
blanca,
le corre una ilusión. No sé.
Su luz es risa,
la sonrisa, y lenta
va cruzando, rebasa ya el tejado,
va a otro cielo.
Y mira desenvuelta, alegre, irónica,
humorista la luna, sí, esta noche.

Mejor es no decirle la verdad.
Dejar que no adivine
lo falso de ella misma en mi reflejo.




DISTINTA NOCHE


A Carlos Villarreal en el recuerdo.


Después de tanto tiempo,
he llorado esta noche.

Como eriales, mis ojos desdecían la vida,
desterrados del goce,
resecos de la pena y del dolor:
sin alma.
Y hoy, renacidos, húmedos,
fueron lluvia a la sed ávida de mi verso,
su aridez aliviando, en su aliento crecidos.


No imagino el motivo, la causa de este único
dolorido sentir,
de este llorar sin lagrimas,
de esta tristeza íntima
—amarga su raíz—
que se enreda en mis sienes,
ni el por qué escucho, nuevo,
un florecer del vivido sentido de mi angustia.
Acaso, fue el sonido lejano de aquel verso
adentrando en la noche su claridad de asombro,
o la fría indiferencia, materia del olvido,
de lo que fuera un día principio de mis sueños.

Envuelta en mi dolor estaba tu partida,
la irrazonable marcha
súbita del amigo.
Y unido a este desgarro —la herida inexplicable—,
van otras voces, ecos, antiguos gestos, nombres:
huecos en el silencio de los mundos astrales.

Después de tanto tiempo,
he llorado esta noche.

La garganta enmudece, negándose al gemido,
y de toda la tierra asciende la pregunta
de un imposible acento
que desvele la noche.





LUNA LLENA




A Antonio Muñoz Molina

¡Oh más dura que el mármol a mis quejas...
G. de la Vega


Cómo marchas, tú, reina, indiferente,
sin atender ni oírme en mi desvelo.
Para ti sola quieres todo el cielo,
ignorando mi angustia. De tu oriente

llegas hasta mi ocaso. Inútilmente
mi corazón a ti tiende su vuelo
para alcanzar tu llama, ardiente hielo,
flecha para lo opaco de mi frente.

Ay, luna, que no sientes la mirada,
desde mi soledad, sobre tu espejo,
ni vibra ya en tu carne la llamada

dudosa de mi voz, tan cierta un día.
¿No hay de mi desaliento algún reflejo
que estremezca, impasible, tu luz fría?






Elena Martín Vivaldi, de, En  el corazón de la noche, 2013





Separador diseñado para la ocasión