jueves, 12 de marzo de 2015

GABRIEL BOCÁNGEL: SOLO LA MUDANZA ES FIRME

Inauguramos una nueva sección en el blog Ancile que llevará por título, Los raros. En ella se verán en desigual desfile poetas que, por circunstancias ¿de injusticia? muy diversas, acaso no alcanzan  el reconocimiento ¿canónico? dependiendo de qué época y que, no obstante, como se verá por la singularidad y belleza de los versos aquí muy brevemente seleccionados, merecieran una revisión y rescate para la delectación de sus muchas excelencias. Hoy estaremos con Gabriel Bocángel (1603-1658), bibliotecario políglota y cronista, poeta que precisa de mejor reconocimiento, contemporáneo de Lope de Vega y de Luis de Góngora.





Gabriel Bocángel: Sólo la mudanza es firme, Ancile







GABRIEL BOCÁNGEL: 
SOLO LA MUDANZA ES FIRME



Gabriel Bocángel: Sólo la mudanza es firme, Ancile



 ESTA PARTIDA IMAGEN DE LA VIDA



A un velón que era juntamente reloj, 
moralizando su forma


Esta partida imagen de la vida,
reloj luciente o lumbre numerosa,
que la describe fácil como rosa
de un soplo, de un sosiego interrumpida;

esta llama que al sol desvanecida,
más que llama parece mariposa;
esta esfera fatal que, rigurosa,
cada momento suyo es homicida:

es, Fabio, un doble ejemplo. No te estorbes
al desengaño de tu frágil suerte:
términos tiene el tiempo y la hermosura.

El concertado impulso de los orbes
es un reloj de sol, y al sol advierte
que también es mortal lo que más dura.





TU OBSTINADO CADÁVER NOS ADVIERTE




A un soldado que permaneció en pie 
un rato después de morir, 



Tu obstinado cadáver nos advierte
que hay vida muerta, pero no vencida,
pues sólo en tu valor, sólo en tu vida,
algo miró después de sí la muerte.

Fuerte es la Parca, pero tú más fuerte;
no se debió a su golpe tu caída;
tú contra ti la ayudas ya rendida,
que, ¿quién pudiera, sino tú, vencerte?

Tú dividiste el trance indivisible
de morir y postrarte, tan altivo,
que en el daño común no hallas ejemplo.

¿Cuánto más que inmortal y que invencible
contemplaré que fuiste cuando vivo,
si el cadáver intrépido contemplo?



YO CANTARÉ DE AMOR TAN DULCEMENTE 




Propone el autor 
discurrir en los afectos del amor




Yo cantaré de amor tan dulcemente
el rato que me hurtare a sus dolores,
que el pecho que jamás sintió de amores,
empiece a confesar que amores siente.

Verá cómo no hay dicha permanente
debajo de los cielos superiores,
y que las dichas altas o menores,
imitan en el suelo su corriente.

Verá que ni en amar alguno alcanza
firmeza (aunque la tenga en el tormento
de idolatrar un mármol con belleza).

Porque si todo amor es esperanza,
y la esperanza es vínculo del viento,
¿quién puede amar seguro en su firmeza?




VENCISTE, FILIS. YA EN EL PECHO MÍO 




Amante que siente
Los primeros efectos del amor




Venciste, Filis. Ya en el pecho mío
hoy la primer terneza se introduce,
y cual hielo en que el sol infante luce
lloro, mas con valor rebelde y frío.

Mengua mi obstinación, no mi albedrío;
que este afecto a que el hado me reduce,
no como ley, cual gusto se produce,
y, si le doy lugar, no señorío.

Impere la razón, y mis afetos
sólo al fuero se extiendan de vasallos,
en mi interior, ya amante monarquía.

Que si contra las leyes de sujetos
se conjurase amor a rebelallos,
trocaré yo el imperio en tiranía.





LLORO, FILIS, MAS ES SIN APARIENCIA




Amante que desmiente
La pretensión que se juzga por su llanto




Lloro, Filis, mas es sin apariencia,
que sé dolerme, mas quejarme ignoro;
lloro hacia el corazón: sepa que lloro
el dolor, pero no la diligencia.

Aunque es agua no opone resistencia
al fuego que encerré como tesoro;
que no llorara yo si mi decoro
aumento no le diera sin violencia.

Sale el fuego del pecho y vuelve al pecho
cual reloj que, en hilando las arenas,
las mismas otra vez en sí recibe.

Porque faltaran al amor sospecho,
ya penas contra mí, y así apercibe
que en mí, como en reloj, vivan las penas.





YO AQUEL QUE UN TIEMPO CON SEMBLANTE LEDO 




Rindiendo al amor su libertad


Yo aquel que un tiempo con semblante ledo
hice sagrado. amor, de la huída,
mi libertad, que aún vive defendida,
rindo a tu imperio, aunque negarle puedo.

Que si temiendo amar cautivo quedo
en la pena mayor, que es la temida,
ni pierde libertad ni arriesga vida
quien pide al golpe no morir de miedo.

Y aunque no falta en mi valor lo fuerte,
amor, contra venganzas de tu aljaba
desde hoy tus armas vencedoras sigo.

Amando excusaré -no ya la muerte,
que el miedo de morir también la obraba-
la afrenta de morir sin enemigo.




ABRIL VOLANTE, VIVA PRIMAVERA, 




A un ruiseñor que se le murió
 a una dama en el invierno


Abril volante, viva primavera,
tan viva, que engañado en tus colores,
te dio el tiempo el castigo de las flores,
que el invierno a su vida parca es fiera.

No moriste, volaste a más esfera,
pues Filis hoy te anima con dolores;
bien es que muera quien cantaba amores,
yo sé quien calla, aunque de amores muera.

Tu muerte procuraste, para verte
compadecido de quien vive ajena
de dolerse de un vivo enamorado.

¡Oh infeliz en la vida, y en la muerte!
vivo, no la causaste amante pena,
muerto, no te aprovecha su cuidado.





SEÑAS DE UNA BELLEZA SUPERIOR




Grandes los ojos son, la vista breve
(o amor la abrevia, porque a herir apunta);
arco es la ceja, y el mirar es punta
a quien amor sus vencimientos debe.

A su mejilla el nácar, nácar debe;
adonde en llamas de coral difunta
fuera la rosa, más su incendio junta
a la azucena de templada nieve.

El arte es superior, pero sin arte
el ingenio es acierto y no es ventura;
el andar es compás y no es cuidado.

De tantas partes no presume parte;
hermosa pudo ser sin hermosura;
yo, sin amor, viviera enamorado.





Gabriel Bocángel







Gabriel Bocángel: Sólo la mudanza es firme, Ancile







No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada