viernes, 13 de febrero de 2015

LUSTRICUS (ACAMPADA EN LA RIBERA)

Del libro de poemas Ancile (y su singular hermetismo, trascribo literalmente la observación de algún crítico al respecto), ofrecemos el titulado Lustricus, para la sección habitual del blog Ancile, Poema semanal.


Enlace a la Web Ancile


Lustricus, -acampada en la ribera-, Francisco Acuyo, Ancile



LUSTRICUS
-ACAMPADA EN LA RIBERA: LA TARDE-
(SEXTILIS)


I


Lustricus, -acampada en la ribera-, Francisco Acuyo, Ancile





ARCO fabril dirige
tirsos en vez de flechas al origen.
La sierpe del silencio
en vaporosa luz su seno fragua,
emprende sobre el lienzo,
cuadra el pincel inquieto sobre el agua.
El color de las cosas
da forma temporal a aquellas rosas,
floridos los jazmines
la línea tienen casi abrazando
bulliciosos delfines
que gamos de la mar están saltando.
Por números el mundo
figura en el presagio más profundo,
principia del abismo,
serena con la sombra oscuro emblema
que imprime de sí mismo.
Rosa entonces le nombra
con un temblor redondo aquella sombra.
Le graba la fragancia
aquel dorado fuego azul e intacto
o clara circunstancia,
marcada sobre el molde más exacto.



II


(NOCHE)


A lo demás exacto,
sin medir la razón con el instinto,
traslado luego el punto
imperceptiblemente tan distinto
que, cuanto queda, invade:
La gracia de la luz que el alma sabe.
O si la infancia, nada.
Tibio para la madre que fatiga
en su regazo amada
y viste del invierno y lo reabriga
en la álgida mañana
en malvas de rocío y porcelana
y el recelo del siempre mensajero
que entre la flor esencia
cierto el hombre perdido y sin sendero:
No guarda nada el ansia
más ligera que cálices de aceite.
ni mágica fragancia
que el pecho azul deleite
de violeta, la luz de dulce empeño
o la muerte olvidada desde el sueño.




III
(AMANECE)



NO sigue del idilio
el sentir deleitoso aquel auxilio
prestado a vuestro empeño,
pero un no pretendido albor adoro
donde la senda es sueño.
Roba la luna el aire con decoro,
la fuerza, quien se vence,
más fuerte quien no imprime
más fuerza y a sí mismo se convence.
Dejadme a bien el fruto
y el jugo valioso y su atributo,
sabed cual es la urgencia.
Le ha conocido y calla.
Habla en vano pues no le ha conocido.
No da reposo al haya
su sombra del provecho desprendido,
y más tuerce la senda
quien más busca el camino y nada enmienda.




IV
(NUEVA MARCHA)




QUIEN vive elogia blando
en las plantas flexibles cualidades
sus ramos ya doblando.
El camino a la luz
no es sino ser siempre el sol ingenuo,
allí jamás en sus
males tener se supo el hombre bueno
aunque tímida su obra
rebosa el corazón bondad y sobra.
Al fin la senda flores
verá distinta y junto germinar
lo que fuera en colores,
lo que ha sido la esencia de la mar,
y ese camino vea
de noche, aquella luz que el alma sea.
Y puestas en olvido
tal que, a pesar de todo, campo es llano
y verdad lo fingido;
Paisaje que en su plano
abierto yo no quiero,
como el pueblo, del llano hacer sendero.







Francisco Acuyo (Ancile, 1991)




Lustricus, -acampada en la ribera-, Francisco Acuyo, Ancile

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