domingo, 15 de febrero de 2015

LA DIVERSIDAD GENÉTICA Y EL DECURSO IRRACIONAL DE LA HISTORIA, SEGUNDA PARTE DE LA VÍVIDA HEREDAD

Ofrecemos la segunda parte de La vívida heredad, para la sección de De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, esta vez bajo el título de La diversidad genética y el decurso irracional de la historia.





La diversidad genética y el decurso irracional de la historia, Francisco Acuyo, Ancile



LA DIVERSIDAD GENÉTICA 
Y EL DECURSO IRRACIONAL DE LA HISTORIA



La diversidad genética y el decurso irracional de la historia, Francisco Acuyo, Ancile






La diversidad genética ha llevado, en no pocos y muy tristes episodios de la historia de la infamia, a impeler ensalzando una suerte de peculiar impulso irracional –tribal la más de las veces- reconocido (y enmascarado) bajo el tamiz de determinados intereses ideológicos y políticos, los cuales, tozudamente, se empecinan en trascender cualquier realidad no diferenciadora de sus anómalos, irreales y casi siempre estrafalarios argumentos de distinción (raciales, lingüísticos, culturales, por supuesto, genéticos…), que ponen una vez tras otra en evidencia lo nefando, irracional e irrisorio en tantas ocasiones de todos y cada uno de sus presupuestos. Mas esto lo traemos al inicio de esta segunda parte de nuestras reflexiones, más que porque pretendamos una refutación (de lo racional evidente) en circunscripciones ideológicas, políticas, culturales, o, siendo este último dominio el que nos ha traído hasta este opúsculo apresurado, nos referimos a la biología, intoxicadas todas ellas por esta peligrosa tendencia, y todo, decimos, porque el proceso evolutivo del ser humano (que se dice no ha cesado hasta la fecha) muestra una comunidad cada vez más uniforme en su potencial heterogeneidad. Hay quienes piensan que este proceso es el que ha traído, como reacción, esta vuelta a los reductos y valores de la tribu, frente a la dinámica globalizadora de nuestra sociedad. En realidad este proceso no es nada nuevo. La involución tribal no es más que un pálido reflejo de grupos impositores (e impostores) de intereses más o menos confesables respecto a otros grupos que pudieran ser una amenaza de aquellos rendimientos –vergonzosos- cualesquiera que pudiera ser su naturaleza u origen. Pero esto no es lo que más interesa a nuestros propósitos expositivos y de reflexión.
La diversidad genética y el decurso irracional de la historia, Francisco Acuyo, Ancile                  Aun aceptando que el proceso evolutivo humano no cese (como consecuencia de las mutaciones de las que es susceptible el ADN), no parece tan claro que dichas variaciones no puedan ser objeto de manipulación (y no hablamos sólo de las variaciones genéticas  que pueden, artificialmente, ser llevadas a cabo en laboratorio), sobre todo nos referimos a la adulteración y falsificación llevadas a cabo por determinados procesos ideológicos, políticos y culturales interesados. Así las cosas, si los factores sociobiológicos, culturales, ideológicos, políticos… marcan o pueden marcar las presuntas diferencias raciales, aquellos incluso (factores sociobiológicos) inciden, según algunos de estos científicos, en el éxito o fracaso de las trayectorias históricas de determinados grupos en relación a otros. La polémica que puede colegirse de esto último viene al caso en lo que exponemos porque, aun siendo cierta aquella afirmación, existen hechos existenciales (que pueden ser objetivados también por los valores deducibles de ellos) que, a nuestro juicio, nos unen y configuran como especie que comparte mucho más de lo que pudiera separarnos. Podría hablarse sin temor a equívoco que estos condicionantes existenciales[1] (y valores de ellos deducibles) nos exponen como comunidad uncida a una ecuménica trayectoria vital que, al fin y a la postre, es la que huella con más firmeza y realismo a la humanidad como individuos y en su conjunto, y que habrá de influir, por la imponente factura de sus argumentos y la necesaria exigencia racional de preguntas y respuestas, ante su realidad ineludible. El sentir y el pensar humanos, a fuer de los evidentes intentos de manipulación por la cultura, la ideología, la política e incluso la fuerza aparentemente arrolladora de nuestra naturaleza biológica, son susceptibles de cambio en virtud del reconocimiento o no de estos presupuestos que marcan nuestra existencia.
                  De todo aquello tan urgentemente enunciado en los párrafos anteriores dará cuenta la historia del pensamiento (la filosofía, el arte y, aún la ciencia, a través de disciplinas como la misma psicología, sin dejar de contar con las manifestaciones religiosas más profundas) que no hace sino indagar y preocuparse por trascender sus propias limitaciones en pos de un entendimiento veraz de la naturaleza y destino humanos. Nos parece este el momento oportuno para plantear una cuestión ética –y estética, no lo duden- que trasciende también este ámbito y que no nos parece nada baladí, a saber: ¿cuál debería ser la causa común a perseguir por la estirpe humana? Trataremos de dar respuesta en el siguiente capítulo de este sintético corolario sobre la naturaleza y designios del ser humano al albur de los movimientos culturales, políticos, ideológicos y científicos que competen para un dictamen cada vez más necesario y perentorio.





                                                                                                         Francisco Acuyo






[1] Condicionantes que se manifiestan a través de preguntas que sobre hechos como por ejemplo, el sentido de la propia existencia y la ineludibilidad de la muerte, de la enfermedad, de la vejez, del sufrimiento en general en nuestro tránsito existencial, por qué las cosas son y suceden como suceden y no de otra manera, y que atañen no sólo a la filosofía como disciplina de explicación abstracta de estas cuestiones, sino que atañen a la ciencia, a la ética, al arte… y en definitiva a la actitud vital del ser humano.



La diversidad genética y el decurso irracional de la historia, Francisco Acuyo, Ancile

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