miércoles, 11 de febrero de 2015

JOSÉ LUIS HIDALGO, AMOR Y POESÍA

Traemos a la sección (algo olvidada) del blog Ancile, Amor y poesía, los versos del poeta cántabro, de Torres (1919-1947), José Luis Hidalgo, uno de los más destacados poetas de la primera postguerra. Su obra poética, publicada prácticamente toda de manera póstuma, dejó una colección de poemas amorosos de extraordinaria factura. Exponemos una breve muestra de estos en estas páginas nuestras (Vuestras siempre)  con el fin de que busquen su obra y se imbuyan de la maravillosa y sentida producción lírica de un de este autor extraordinario.


José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile




 JOSÉ LUIS HIDALGO, AMOR Y POESÍA





José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile




AMOR ASÍ




Cuando dos cuerpos se unen para amar,
se quema más despacio la soledad de la tierra.

De corazón a corazón, de hueso a hueso,
saltan pájaros ardiendo como puñales
piel del mundo o deseo donde la carne gime,
un gran río desnudo de inesperados crisantemos.
Cuando dos cuerpos se aprietan como bocas,
se empujan como voraces cataratas al rumor de la vida
perdiendo un posible contacto con la muerte que espera,
que sobre el olvidado planeta a lo lejos refulge
como un fantasma solitario y oculto.
Hombre o mujer, árboles vibrantes,
hirvientes besos estrujados y un ángel.

Amarse es poseer la tierra sin sombras para siempre.





EL SUEÑO DE DIOS





Brizna de eternidad, voy por el sueño
que el mismo Dios, en esta noche, duerme.
Celeste azul, donde un ángel sombrío
ha incendiado la estrella del poniente.
Aquí, en la tierra, donde el hombre habita,
ha doblado el terror su negra frente.
Duerme, duerme el Señor, duerme sin ojos,
en la noche total que lo sostiene.
Podéis amar, que su mirar terrible
no ha de saber lo que los cuerpos quieren;
dejad que el corazón baje a la tierra
y moje la raíz en su corriente.
¡Amad, amad! Todo el dolor del mundo
su caliente huracán desencadene,
y sea solo amor, que duerme el odio
que al fondo del amor brillaba siempre.
Pero, Señor, tu eternidad ardiendo
jamás podrá apagarse en esta frente.
Tus hondos ojos, desde mí, te miran,
un sombrío velar, hasta la muerte.





José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile


HOGUERA DE AMOR





 Este día que viene a mis labios
exprimiendo su zumo de oro,
moja el alma en su triste belleza
y la embriaga de sueños remotos.
 Todo acaba en su luz amarilla.
Los recuerdos se borran, y de otro
me parecen las manos que tocan,
me parecen las cosas que lloro.
 No pensar en las hojas que sufren
y olvidar el dolor de sus troncos.
No saber si las nubes que nacen
vuelven ya de un oscuro retorno...
Mas sentir en el pecho, encendida
por el viento que trae el otoño,
una hoguera de fuego que, alegre,
quema el mundo con un amor loco.    






ALGO MÁS







Nunca he sabido si acaso la muerte
era algo más que tocar una rosa
y sentir que sus pétalos rojos
se ocultaban, de pronto, en la sombra. 

Me he perdido de noche en un bosque
y vino a encontrarme la luz de la aurora,
y he comprendido que el sol encendido
dora de nuevo las lívidas lomas.

Porque la muerte no toca a los hombres
cuando en lo oscuro sus cuerpos se borran.
Sabe la tierra que late su entraña,
sabe la noche que todo retorna.

Sólo los hombres no saben. Pensamos
que el corazón es igual que la rosa.





DESPUÉS DEL AMOR





El zumo de la noche me gotea
con racimos de estrellas en la cara,
y madura mi frente su luz triste,
como una fruta sola si su rama.
He perdido mi tronco; ardientemente,
ha tajado el amor en sus entrañas
con un hacha sombría. En otro cuerpo,
la ceniza enrojece de mi savia.
A solas con la noche, me he quedado
con mi carne tendida, fruta amarga.
Y suena el corazón, bajo mi pecho,
con un crudo tañido de campana.





José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile






ROMANCE DE UN BESO



Besé tus labios calientes
allá en los últimos pinos,
tus labios llenos de flores
que temblaron por los míos.

Tus dientes de plata fina
se mostraron como lirios
que se estuviesen riendo
sin atreverse a decírmelo.

Me miraste, te miré,
te dije que te quería,
te fui diciendo al oído
lo que tú ya bien sabias.

Te pusiste de amapola,
te quedaste con ti misma,
después te reíste y...
murmuraste que eras mía.

Nos besamos otra vez
dormidos con el cariño,
en un gran beso desnudo
de silencios amarillos.






ATARDECER DE MARZO







Atardecer de marzo
en la mar cenicienta.
El crepúsculo, lejos.
ya no se ve, se sueña.
Atardecer de marzo,
tú estás aquí, tan cierta
como esta dicha de ahora
que me da tu presencia.
Dame tu mano, inclina
sobre mí tu cabeza
y calla, no me rompas
este paisaje y esta
ternura que se alza
desde ti y se me adentra
por el cuerpo y el alma...
Mírame, piensa y deja
todo así como está
sin besarme siquiera:
el cielo alto y sereno
que sobre el mar se espeja,
en el aire parado
la gaviota que vuela,
y bajo nuestros pies
éste poco de tierra...
Dame tu mano, inclina
sobre mí tu cabeza.
Todo así como está
sin besarme siquiera…






José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile





MI CORAZÓN, MI VIDA, MI SANGRE ENARBOLADA





Mi corazón, mi vida, mi sangre enarbolada, 
bajo esta noche hosca, tumbada como un perro, 
te busca para siempre, honda huella del llanto, 
para estrechar tu alma estremecida y pura 
contra este pecho mío tan grande como el mundo.
Quiero tenerte aquí, quiero hundir tu tristeza 
con el hacha amorosa de mi ardiente alegría. 
Quiero, como una llama, arrancarte la duda 
y probar que el dolor nos enseña la herida. 
Mi amor no muere nunca, pero renace siempre. 
Esta noche se ha alzado con la verdad desnuda 
como una espada inmensa cuando sueña en la muerte 
aferrándose al puño que conduce su vida. 
Tú calmarás mi fiebre, yo beberé en tus manos, 
me miraré en tus ojos cuando encontrarme quiera. 
De cada día haremos un corto paraíso, 
una conquista nueva arrancada al vacío. 
Serán cortas las horas, los meses y los años 
para tanta hermosura en esta dicha altísima...
Aquí estoy, en la noche, llorando como un niño, 
frágil cuerpo de hombre que estremecido espera.
Alrededor de ti crezco como la hierba 
junto a la encina clara que le presta su sombra. 
Porque en tu sombra habito y para ti me alzo, 
corazón, hacia arriba, sangre mía cimera, 
en busca de tu tierna delicadeza fresca 
que en un talle dulcísimo se me entrega ofrecida.
No quiero más, me basta, se me sosiega el ímpetu. 
Como el agua a la mano me ciño a tu presencia 
y te mojo la entraña de amor inexpresable.
Quiero vivir amándote, quiero morir contigo, 
quiero que nuestras sangres circulen paralelas 
hasta que nuestros cuerpos se pudran en la tierra.




AHORA QUE YA ESTOY SOLO TE LLAMO SUAVEMENTE...




Ahora que ya estoy solo te llamo suavemente
y bajas a mi boca como un fruto maduro
desde el árbol eterno donde existes y velas,
con las ramas rozadas por los astros desnudos.
Ahora que ya estoy solo puedo morir. Tú sabes
que a la muerte hay que ir sin que nadie nos llore,
ocultando las rosas del amor que encendimos
y el que sólo fue sombra que soñamos de noche.
Por eso está ya el fruto temblando entre mis dientes
mas no quiero morderlo sin que tú me lo digas.






José Luis Hidalgo






José Luis Hidalgo, amor y poesía, Ancile

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