lunes, 12 de enero de 2015

ELIMINACIÓN DE LA FAMILIA Y CONTROL DE LA SEXUALIDAD, OCTAVA ENTREGA DE UTOPÍAS MAQUETAS.

Para la sección de Microensayos del blog Ancile, el filósofo y profesor Tomás Moreno remite la octava entrega sobre las Utopías maquetas, titulada Eliminación de la familia y control de la sexualidad.




Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás Moreno
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ELIMINACIÓN DE LA FAMILIA
 Y CONTROL DE LA SEXUALIDAD



Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás Moreno

 UTOPIAS MAQUETAS: ELIMINACIÓN DE LA FAMILIA y CONTROL DE LA SEXUALIDAD (8)
El odio tenaz por el matrimonio y la familia y la obsesión por controlar la sexualidad no son un capricho o  fantasía de Platón -la fantasía no tiene en utopía derecho de ciudadanía alguno- sino una consecuencia lógica de todo totalitarismo utopista, ha escrito François Laplantine[1]. Como será habitual en todos los diseños de estados utópicos, como veremos, en República se presta atención especial a la institución familiar, pero para suprimirla para la clase dirigente del Estado; únicamente para la clase trabajadora se mantiene dicha institución. Los gobernantes y guardianes se deben por entero al Estado, no pueden constituir una familia ni tener mujeres e hijos propios. Existe al efecto una comuna de mujeres para asegurarles la procreación dando ventajas a los mejores física e intelectualmente. Serán ellos los que tengan más oportunidades de copular y dejar descendencia.
            El Estado se encarga, pues, de propiciar y controlar los nacimientos mediante un rígido mecanismo de selección eugenésica. Para evitar que esta forma de selección por motivos raciales o de determinan quienes y cuando deben procrear. Platón llega a comparar esta selección con la que efectúan los criadores de animales para mejorar la raza de los descendientes mediante cruces cuidadosamente escogidos:
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prestancia física o intelectual no sea bien acogida por la población, se sugiere  que los gobernantes lo dispongan todo de manera que cada uno de los elegidos tenga la impresión de que su pareja sexual le ha tocado por sorteo. En realidad se tratará de un sorteo amañado por los propios gobernantes que

“De lo convenido se desprende –dije- la necesidad de que los mejores cohabiten con las mejores tantas veces como sea posible, y los peores con las peores al contrario; y si se quiere que el rebaño sea lo más excelente posible, habrá que criar la prole de los primeros, pero no la de los segundos. Todo esto ha de ocurrir sin que nadie lo sepa, excepto los gobernantes, si se desea también que el rebaño de los guardianes permanezca lo más apartado posible de toda discordia”. (Rep., Lib III, 459 d-e).

            En el Estado ideal cada cual debe ocupar la clase a que su calidad genética pertenece y esta se hereda de tal manera que los hijos mantendrán las cualidades de sus padres de acuerdo con su grado innato de excelencia, como se alude y contempla en el famoso mito de los metales[2]:  “Sois, pues hermanos todos cuantos habitáis la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos” (Rep., Lib III, 415 a-b).
Y en el caso de que por circunstancias imprevisibles ello no ocurriera así y erraran las previsiones de la naturaleza, el legislador de Kalipolis expone cuáles serían sus planes de ocasional recolocación social de dichas personas:

“Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro, o un hijo de oro de un padre de plata, o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmisertación a la clase de los artesanos o labradores” (Rep., Lib III, 415 a-c)[3].
               
                A la selección eugenésica  se dedica, pues, especialísima atención, pues de ella depende en gran parte la supervivencia del Estado perfecto; la degradación o degeneración de la forma política primigenia y superior se inicia precisamente como consecuencia de un deficiente control genético: ocupan el poder individuos inferiores, o “thymóticos”. Sin embargo, no debe hablarse stricto sensu de una sociedad de “castas” hereditarias por razón de “linaje” o de “sangre”, separadas y cerradas, ya que se contempla en ella –antes lo hemos contemplado- cierta posibilidad de ascenso social por parte de los individuos de la clase inferior y, paralelamente, una regresión a la inferior por parte de algunos individuos destinados a la superior por nacimiento. Esto es: son posibles canjes o trasvases entre clases sociales  pero no, desde luego, por impulsos humanitarios sino por exigencias derivadas del bien de la comunidad: el Estado no puede caer en manos de ineptos simplemente por el hecho de que sean hijos de gobernantes.
            También se contemplan prácticas eutanásicas para impedir la degeneración racial, ocultando “como es debido”  a los niños “inferiores” o  biológicamente tarados -si nacen “lisiados”, es su expresión-, que serán escondidos “en un lugar secreto y oculto”, eufemismos que equivalen a su simple y brutal "eliminación" (Rep., Lib III, 460 c). En otro texto  se afirma que a los ciudadanos bien constituidos se les atenderá como es debido por parte de los médicos, pero “en cuanto a los demás, dejen morir a aqullos cuya deficiencia radique en sus cuerpos, o condenen a muerte ellos mismos a los que tengan un alma naturalmente mala e incorregible” (Rep., Lib. III, 410 a). “Se trata”, comenta J. A. Rivera, “de un atropello mayúsculo a la intimidad de hombres y mujeres. Como suele ocurrir, los mayores amantes de la humanidad en abstracto son quienes mejor saben menospreciar a los individuos de carne y hueso que alientan a su lado”[4].
            En Leyes, existen también prácticas eugenésicas para la selección racial, control de la natalidad y de la crianza desempeñado por un comité de mujeres, cuidado y protección de las embarazadas y el adulterio será castigado con gran severidad. La natalidad, es el único fin del matrimonio: "dar al estado los mejores y más hermosos ejemplares de hijos que les sea posible
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engendrar". Platón prescribe que el matrimonio será casi "obligatorio"; entre los 25 y 35 años todo varón deberá desposarse; los solteros mayores de 35 o casados sin hijos serán multados u obligados al divorcio.
            En materia de utopía, no se puede tolerar el menor compromiso con la familia convencional. Se considerarán “hijos” del Estado a todos los descendientes que hayan surgido de ese cruce sexual de ganado humano; y cada uno de esos “hijos” llamará a su vez “padre” y “madre” a cuantos intervinieron en la ceremonia festivo-sexual, sin saber nunca a punto fijo quiénes son verdaderamente sus padres y madres biológicos. Ni siquiera las madres, concluye J. A. Rivera, llegarán a conocer a sus vástagos, pues, nada más nacer, les serán arrebatados y confiados a otras mujeres que harán las veces de niñeras o institutrices estatales.
            La familia y los vínculos de amor que en ella para nada cuentan, los sentimientos de los individuos y de sus familias deben ser sacrificados en obsequio de la grandeza del Estado.  La mujer, a partir de los veinte años y hasta los cuarenta, parirá para el Estado; y el hombre podrá procrear para el mismo hasta después de los cincuenta y cinco años. Como ocurrirá en el caso de la mayor parte de los fundadores de utopías: del ser humano sólo le interesará su simple reducción a la dimensión cívica del ciudadano.
            En la República platónica el Estado estará tanto mejor dirigido o gobernado cuanto menor sea el número de hombres y mujeres que se dejen arrastrar por sus propios sentimientos. Los sentimientos personales dividen a los Estados y Kalipolis deberá estar fuertemente unida para evitarlo. La comunidad de mujeres e hijos entre los guardianes se estableció  con el fin de que preservar esa unión ya que cada uno de ellos verá en los demás un hermano o una hermana, un padre o una madre, un hijo o una hija. Los matrimonios, o, mejor dicho, las uniones sexuales se efectuarán de acuerdo con los más estrictos principios eugenésicos como ya vimos. Es preciso erradicar toda inclinación afectiva o sentimiento personal como el amor.
            En cuanto a la consideración de la mujer en el nuevo Estado es igualitaria respecto al varón -algo insólito en una sociedad como la griega de su tiempo -, reconociéndosele la misma capacidad y derechos que a los hombres. En el libro V de República se señala que hombres y mujeres son cualitativamente iguales, sus diferencias son cuantitativas y físicas, no intelectuales; las mujeres podrán pertenecer a la clase dirigente, recibir idéntica educación y gozar de sus mismos privilegios y derechos. En "Leyes", sin embargo, su valoración cambiará negativamente.
            En la utopía de Thomas More, a diferencia de Platón y de la mayor parte de las utopías, la familia es la célula básica de la sociedad: es la unidad política y también la unidad económica. Las mujeres pueden contraer matrimonio a partir de los dieciocho, los hombres no antes de los veintidós. Antes del matrimonio no se tolera el trato carnal entre los jóvenes, so pena de graves castigos. Las mujeres, una vez llegadas a la edad adecuada, contraen matrimonio y viven con sus maridos bajo la autoridad del anciano padre del mismo y patriarca común de toda su estirpe familiar. “Ninguna familia habrá de tener más de 16 ni menos de diez hijos mayores de edad, pero no hay un límite determinado para el número de niños de corta edad”. Y en caso de que los integrantes de éstas produzcan demasiados niños, deben entonces cederlos en pro de las familias más desfavorecidas.
Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás MorenoEn Amauroto el Estado vela por regular y proteger estrictamente la institución familiar: se castiga severamente el adulterio, aunque existe el divorcio (por incompatibilidad de caracteres o perversidad intolerable) lo que para la época es “revolucionario”, éste sólo es posible tras el dictamen del Senado después de estrictas y lentas averiguaciones acerca de sus motivaciones. Antes de contraer matrimonio los esposos deben ser sometidos a un estricto examen de su desnuda fisiología con el fin de que no oculten algún tipo de defecto físico. Thomas More da a las mujeres un cuartos de nodrizas a la atención y cuidado de los recién nacidos y de los más pequeños. Anticipa la liberación de la mujer de las tareas domésticas durante el almuerzo o la cena. En la religión de Utopía el sacerdocio no está vedado para la mujer. Comparado con la situación y el rol de la mujer en la ciudad ideal de Campanella, tiene visos de liberal, de muy liberal.
papel más civilizado: en su “Utopía” existe igualdad en el trabajo y en la vida familiar, que se reparte entre la casa particular y los salones comunes, principalmente en el comedor donde caben unas 30 familias. Se cuida especialmente a las embarazadas y a las parturientas: habilitando locales y
Tommaso Campanella[5] en La Ciudad del Sol vuelve a dar a las relaciones mujer-hombre un enfoque parecido al de Platón. En su utopía no existe el matrimonio ni la familia y en su lugar se propone la creación de una comuna de mujeres o un gineceo colectivo, esto es una especie de un fondo común de las mujeres dentro de la mayor libertad de intercambios.  La abolición de la familia obliga a Campanella a plantearse el modo de sustituir los vínculos precoces de parentesco padres-hijos, que son siempre el punto de los afectos más intensos, y trata de solventarlo por una fijación exclusiva de sus sentimientos hacia una entidad impersonal: la colectividad. Los niños no sienten ya sentimientos de amor o de odio por su padre o su madre, sino por la colectividad, son hijos del Estado erigido en nodriza. Su colectivismo afecta y se extiende así a todas las facetas de la vida humana:

Utilizan viviendas, dormitorios, camas y todo lo que es necesario colectivamente. Ahora bien: cada seis meses designan los superiores quiénes han de dormir en tal o cual círculo, quiénes han de ocupar tal o cual estancia/habitación... tanto los hombres como las mujeres marchan siempre en formación, no viéndoseles jamás solos, y siempre también bajo las órdenes del que manda, al que obedecen de buen grado pues le consideran como un padre o un hermano mayor.

Aunque Campanella es menos estricto que Platón en el control eugenésico, insiste en su utopía -como hiciera Platón en su República- acerca de la necesidad de una selección eugenésica muy severa, pues la sociedad no puede permitirse el lujo de alimentar bocas improductivas. Para el monje
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calabrés, era absurdo esmerarse tanto en la cría de caballos o perros y dejar en cambio la de los seres humanos en manos de la concupiscencia del más arbitrario de todos los instintos, prescribe la cría de los seres humanos de acuerdo con normas de apareamiento prescritas por la autoridad. Aparece así de nuevo el legislador dictatorial, platónico, cuando establece esas normas para efectuar el acto procreador.
Mor, ministro del Amor, y sus Magistrados, aconsejados por astrólogos, velan por la pureza y selección de la raza, aplicando una eugenesia racional, aconsejándose de médicos y de astrólogos. Son explícitos sus deseos de regular y controlar la vida sexual: tanto el lugar, como la fecha y la hora de las relaciones sexuales deben ser reglamentadas de acuerdo con las tres leyes de la astrología, la higiene y el carácter. Los encargados de la selección eugenésica eligen las parejas que deben procrear y determinan cuando y cuantas relaciones sexuales deberán tener:

Como durante los ejercicios gimnásticos hombres y mujeres aparecen desnudos (al modo de los antiguos espartanos), los maestros que dirigen los ejercicios conocen quienes son aptos y quienes no, para la procreación: y saben además cuál es el varón sexualmente más adecuado a cada mujer. La unión carnal se realiza cada dos noches, después de haberse lavado bien ambos progenitores. Para satisfacer racional y provechosamente el instinto, las mujeres robustas y bellas se unen a hombres fuertes y apasionados; las gruesas a los delgados y las delgadas, a los gruesos.[…] La unión sexual no puede realizarse nunca antes de haber hecho la digestión de la comida y elevado preces al Señor.  

En espera de la hora de la unión, los varones y las mujeres duermen en habitaciones separados hasta que la encargada de su control estima llegado el momento. Han ideado procedimientos incluso para que las mujeres -¿por sugestión o impregnación?- puedan tener la mejor y más perfecta descendencia:

En las habitaciones hay estatuas de hombres muy preclaros, colocadas allí para ser contempladas por las mujeres, quienes asomándose luego a una ventana ruegan a Dios, con los ojos fijos en el cielo, que les conceda una perfecta prole. Después duermen en celdas separadas, hasta que llega la hora propicia para la unión carnal. Entonces la Matrona se levanta y abre por fuera la puerta de las habitaciones ocupadas por los hombres y las mujeres.

Por higiene y placer de los muchachos, mujeres embarazadas o infértiles podían iniciarlos en el aprendizaje de la sexualidad. Las relaciones sexuales se iniciaban a los 19, para las jóvenes y a los 21, para los muchachos. Los niños viven en común tras el período de lactancia, agrupados por aptitudes, sin discriminación de sexos. Podría decirse que lo más parecido a esta ciudad y a este régimen de vida, sería una gran ciudad conventual medieval o un estilo de vida regimental o militar, si no fuera por las peculiares costumbres sexuales y reproductivas a las que allí se acostumbraba y a las que ya hemos aludido.
Lo que más sorprende en Campanella es la mezcolanza entre una exagerada libertad sexual -pues admite las libres relaciones entre mujeres y hombres, el adulterio y el divorcio- y otras normativas en extremo estrictas y rígidas para otras conductas sexuales consideradas desviadas: los sorprendidos practicando la sodomía escarnecidos públicamente, por subvertir el orden natural. A pesar del aparente libertinaje en las relaciones intersexuales de la ciudad solariana -tan alejada de la moral sexual cristiana de la época, que sólo consentía la licitud de la unión sexual con una finalidad reproductiva- en realidad se trataba de una sociedad fuertemente represiva también en este plano sexual. Las mujeres -por ejemplo- podían ser condenadas a muerte por usar afeites o por llevar tacones altos: “Sería castigada con pena de muerte la mujer que emplease cosméticos para ser bella, usase tacones altos para aparecer más alta o vestidos largos para ocultar piernas mal formadas”, se prescribe.
Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás Moreno No existe, por lo tanto, en Taprobana  ningún tipo  auténtico de liberación sexual efectiva, sino todo lo contrario: un control y programación asfixiantes de la sexualidad, ya que no es muy placentero practicar el acto sexual al margen de afectos, sentimientos, inclinaciones o atractivos erótico personales y obedeciendo siempre a lo que decidan los superiores y todo ello al toque de campana.
En Bensalem, la capital de Nueva Atlántida de Francis Bacon, existe un tipo de  familia patriarcal, y aunque en el relato no se nos informa de cómo transcurre la vida cotidiana de sus integrantes, un extenso pasaje de la obra describe las fiestas que costea el Estado en honor de los hombres que tengan treinta descendientes mayores de tres años. Se trata de una sociedad s la Virgen del mundo”) en la que “no hay lupanares, ni casas de corrupción, cortesanas ni nada semejante”.


El matrimonio es muy respetado e indisoluble y no toleran la poligamia y  prohíben que se contraiga matrimonio entre parientes. Aunque se burla de More por haber propuesto que el novio y la novia se contemplen desnudos antes de la boda, Bacon instituye un examen similar, pero por delegación: “He leído un libro escrito por uno de vuestros hombres -explica  un hombre de Bensalem al viajero visitante recién llegado- que trata acerca de una república fingida donde se permite que los que van a contraer matrimonio se vean desnudos antes de comprometerse […]. Pero puesto que los cuerpos de los hombres y de las mujeres pueden tener algún defecto oculto, han adoptado una costumbre más decorosa: cercanos a cada ciudad hay dos lagos pequeños (a los que llaman de Adán y de Eva), donde se permite que uno de los amigos del hombre y una amiga de la mujer vayan a verlos, separadamente, mientras se bañan”.
En la Christianopolis de Valentin Andreae se cuida con esmero de la institución familiar. Como las familias son poco numerosas, viven en departamentos pequeños (un cuarto de baño, dormitorio y cocina), por lo que no necesitan servidumbre, y, dado que entre ellos reina la igualdad, no desean impresionar a los demás por el lujo. Vida austera, pues, sin derroches, excesos, ni vanidades. Visten sobriamente: dos trajes iguales para todas las clases: uno para el trabajo, otro para los días de fiesta. Las diferencias de edad y sexo se aprecian por la forma de los vestidos. El color es siempre blanco o gris ceniciento. Por lo general las familias constan de cuatro a seis miembros. Marido y mujer colaboran en las tareas domésticas.
Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás MorenoLas jóvenes gozan de la misma instrucción o educación que los muchachos, pero se les niega el voto. Se dedican a las tareas domésticas y a la atención solícita de sus maridos e hijos. El matrimonio no se efectúa en cumplimiento de principios eugenésicos, sino de acuerdo con las inclinaciones de los contrayentes (24 y 18 años son las edades idóneas para contraer matrimonio
hombres y mujeres). Su finalidad es la procreación, pues el rigorismo religioso de V. Andreae, a diferencia de T. Campanella, no admite que las relaciones sexuales tengan por único propósito el placer de los sentidos.
Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás MorenoOtro utopista muy conocido de finales del XVII, el obispo católico Fénelon en su obra didáctica Las aventuras de Telémaque (1695) adoptará también una extrema posición colectivista respecto al trato debido a los niños, que pertenecen al Estado más que a sus parientes y que debe, en consecuencia, de ocuparse de su crianza y educación. Y, en sentido contrario, Morelly en su Code de la nature (1755) llegó a fundar su propia utopía sobre la transgresión generalizada de la prohibición del incesto[6]. Las habitantes de la utopía de Cyrano de Bergerac (El otro mundo o historia cómica de los Estados e Imperios de la luna,1657) llevaron  las medidas de control sexual tan rígidamente que hasta un extremo grotesco: había una ley que regulaba la cantidad de actos sexuales que debían realizarse entre marido y mujer: “Cada noche, el médico más cercano visita las casas, examina las parejas y, de acuerdo con su estado de salud, les indica cuantos abrazos se pueden permitir”. En 1725, en su Histoire des galligénes, Tiphaigne de La Roche describe una ciudad imaginaria en la que se proscribe toda idea de posesión o fidelidad obligada en materia amorosa, de tal manera que una de sus normas prescribe que “nadie tendrá nada que sea suyo, todo será de la República, todo pertenecerá a todos. Jamás se dirá esta mujer es mía, porque cada mujer será la esposa de todos los ciudadanos”.
Eliminación de la familia y control de la sexualidad, Tomás MorenoPero el personaje más interesante del siglo XVIII en esta materia es, sin duda, Charles Fourier[7], utopista político y ardiente propagandista de un proyecto de liberación sexual. Nacido en 1772 en Besançon, utopista convencido de haber inventado el principio de una sociedad liberada de las obligaciones de toda moral represiva, llega en su “Nuevo Mundo amoroso” a establecer órdenes y ciudad perfecta hasta las orgías deberían estar reguladas como una cuadrilla mundana (“una cuadrilla omnígama”), para que se respetara en toda circunstancia un mínimo de civilidad. Este proyecto de poligamia se podía corregir por lo que llama un “afecto pivotal”, es decir una preferencia amorosa durable.
            Con hermosa audacia para la época -nos recordará J. C. Guillebaud-, Fourier hace incluso el elogio de lo que entonces se llamaba pederastia y safismo. Cientificista convencido, se propone medir Wilhelm Reich descubridor del “orgón”. En varios sentidos por ejemplo acerca de distintos delirios cósmicos, Fourier es el predecesor directo de Reich. ¿Acaso no invoca la “androginia de los planetas” y no asegura que, tal como las plantas, copulan consigo mismos para engendrar la vida?
con exactitud la intensidad del placer en sus diversas manifestaciones, tal como hará, un siglo más tarde, el
            El odio de los utópicos por el matrimonio y por la familia convencionales, que veíamos en la ciudad imaginada por Platón, atravesará los siglos para terminar con David Cooper, y su ensayo La muerte de la familia, incrementando las filas de los regimientos utopistas, pues no hay uno solo de sus proyectos que no se encarnice contra el matrimonio y la vida familiar/doméstica.



                                                                                                                 Tomás Moreno




[1] F. Laplantine, Las voces de la imaginación colectiva, op. cit., p. 163.
[2] Este mito de los metales es una mentira necesaria, “una mentira noble”, urdida por el legislador para conseguir que, dentro de la ciudad ideal, cada cual se conforme con su suerte y no ansíe lo que no le corresponde.
[3] Experimentos sexuales,  control sin resquicios de la educación y  separación de los hijos de sus padres naturales fueron prácticas que se han  llevado a cabo en Europa por parte de las dos macroutopías totalitarias de la primera mitad del siglo XX.
[4] J. A. Rivera, Carta abierta de Woody Allen a Platón, op. cit. pp.17-33.
[5] Dominico heterodoxo calabrés (1568-1639)  panteísta y pro-copernicano que fomentó una conspiración para liberar Calabria del yugo español. Pasó por ello veintisiete años en la cárcel, fue torturado siete veces y terminó su vida en Francia, donde finalmente fue acogido en Saint-Germain por Luis XIII, que le concedió una pensión de tres mil libras
[6] Cf. François Guillebaud, La tiranía del placer, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 2000, pp.259-283.
[7] Para este ejemplo reseñado cf.  Jean Claude Guillebaud, La tiranía del placer, op. cit., p. 262. Sobre el rol de las  mujeres en su utopía véase Gloria Espigado Tocino, “La Mujer en la utopía de Charles Fourier”, en M. Dolores Ramos y M. Teresa Vera (Coords), Discursos, realidades y utopías, Anthropos, Barcelona, 2002. pp. 321-362. Para las obras y el pensamiento utópico de Fourier véanse Charles Fourier, La armonía pasional del nuevo mundo, trad. Menene Gras, Taurus, Madrid, 1973; Charles Fourier, Elogio de la Poligamia, Abraxas, Barelona, 2005; Charles Fourier, Doctrina social (El falansterio), Ediciones Jucar, Madrid, 19.




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