viernes, 9 de enero de 2015

EL SÍMBOLO: MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN. SIMBOLOGÍA: ÍNTIMA HISTORIA DEL CORAZÓN Y LA CONCIENCIA

Ofreceremos para la sección De juicios, paradojas y apotegmas del blog Ancile, en diferentes post, bajo el título El símbolo: Más allá de la razón. Simbología: ïntima historia del corazón en la conciencia, una serie de reflexiones sobre el símbolo y su importancia como medio singular integrador del individuo como ser consciente en el mundo.


El símbolo: más allá de la razón. simbología: íntima historia del corazón y la conciencia, Francisco Acuyo


EL SÍMBOLO: MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN.
SIMBOLOGÍA: ÍNTIMA HISTORIA 
DEL CORAZÓN Y LA CONCIENCIA



El símbolo: más allá de la razón. simbología: íntima historia del corazón y la conciencia, Francisco Acuyo



I





QUE el símbolo no sea senda de seguir aceptada de buen grado por los enunciados que postulan, inflexibles, el más acerado racionalismo, en verdad que no es ofrecer nada nuevo a los dictámenes expositivo-descriptivos que enfrentan lo que la razón define y el símbolo representa. No será, a mi juicio, tarea baldía hacer una nueva pero necesaria admonición aclaratoria al respecto, sobre todo al albur en el que discurren nuestros días que, aun ante a los avances científicos y tecnológicos –posibles por la supuesta superioridad del discurso racional-, parece olvidado  el profundo y complejísimo universo del símbolo, con las nefasta consecuencias que conlleva dicha postergación, si es que tiene algún fundamento la determinación de que el símbolo es el paradigma del ser[1]. Los rudimentos en los que se construye el ser humano como tal arraigan en el pensamiento, o, mejor, en la aprehensión simbólica nada menos de lo que el mundo es.
            Los leones, mamuts, bisontes estampados en las paredes de grutas y cavernas nos hablan, desde hace milenios, de esa capacidad singular simbólica de los seres humanos. Véase, para asombro
El símbolo: más allá de la razón. simbología: íntima historia del corazón y la conciencia, Francisco Acuyo
de propios y extraños al mundo del arte primitivo, los descubrimientos en Klipdrift (Sudáfrica), donde pueden observarse obras de arte cuyas representaciones simbólicas datan de hace 165.000 años. Las representaciones en ocre rojo (por ejemplo, de la cueva de Blombos, también en Sudáfrica), ofrecen diseños geométricos de hacen al menos 75.000 años, que hablan desde luego con grande elocuencia por sí solos.
            La realidad es que a veces se nos olvida que el logro del símbolo es acaso valor más antiguo e importante que ha conseguido nunca la humanidad para su acerbo espiritual, no en vano nos ha llevado a los avances intelectuales en los que hoy nos vemos reflejados como seres conscientes y que, sin embargo, hay que aclarar que su intrincado cosmos, al margen de lo aportado por algunos insignes estudiosos e investigadores, está todavía por explorar.
            Claro está que el símbolo al que aquí evocamos no es simplemente el tropo conceptual o metafórico –que encierra en sí su propia complejidad retórica, lingüística y conceptual-, sino al símbolo que vincula nada menos aquello que somos como seres con conciencia en el proceso mismo
El símbolo: más allá de la razón. simbología: íntima historia del corazón y la conciencia, Francisco Acuyo
de existir, mas situado atemporalmente, entre el proceso creativo y el renacimiento de la gnosis fuera del elemento discursivo pues, nos pone en contacto con lo ancestral olvidado y lo aún por descubrir que encuentra fundamento no solo en el no saber (el solo sé que no sé nada socrático), sino en el más profundo escepticismo (no sé siquiera lo que sé).
            El símbolo (a través del mito, muchas veces) no es lo simbolizado, pues en realidad expresa lo inefable, lo que no se puede acceder mediante el concepto lingüístico, sino a través de su sensible manifestación que, al fin, lo sitúa más allá del concepto (y del propio tiempo conceptual e histórico). El símbolo exige el no ser (la muerte) como cualquier proceso verdaderamente creativo, o lo que es lo mismo, del nuevo nacimiento que conlleva el olvido de toda forma de conocimiento, estamos ante (inhibida en nuestros días) la vital, vigorosa y necesaria prioridad de indagar y vivir la marca, la huella, el sello estigmatizado en el espíritu de toda criatura consciente, a saber, aquello que supera nuestras limitadas condiciones existenciales y que nos hace evolucionar hacia individuos mejores, hablo de la ineludible necesidad de trascendencia que, al fin y a la postre es la fuerza que nos hace crecer y evolucionar como seres conscientes.[2]


                                                                                       

                                                                                          Francisco Acuyo




[1] Olives Puig, J.: Prólogo a la edición de Diccionario de los símbolos, de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, Herder, Barcelona, 1988, p. 9.
[2] Es preciso aclarar como imprescindible advertencia, que no hablo aquí de divinidad, concepto acaso muy posterior al que el símbolo guarda desde la aparición de la conciencia y manifiesta en sus más subidas representaciones artísticas o simbólicas. 



El símbolo: más allá de la razón. simbología: íntima historia del corazón y la conciencia, Francisco Acuyo

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