jueves, 25 de diciembre de 2014

DIAGNOSIS ELEMENTAL PARA UNA SOCIEDAD ENFERMA: TERROR Y RESPONSABILIDAD DE SER INDIVIDUO

Para la sección de De juicios, paradojas y apotegmas del blog Ancile, esta reflexión sobre la alienación del individuo en las sociedades modernas que lleva el título de Diagnosis elemental para una sociedad enferma: terror y responsabilidad de ser individuo.



Diagnosis elemental para una sociedad enferma, Francisco Acuyo



DIAGNOSIS ELEMENTAL

PARA UNA SOCIEDAD ENFERMA:

TERROR Y RESPONSABILIDAD DE SER INDIVIDUO


Diagnosis elemental para una sociedad enferma, Francisco Acuyo



LOS términos ansiedad (en incluso depresión en relación con aquella), por harto familiares que ahora nos resulten en el discurrir social tan trasegado de nuestras turbadoras, por no decir perplejas y confusas jornadas imbuidas en la rutina cotidiana, no dejan de ser en realidad repertorio reciente en la clínica de las descripciones para la diagnosis psiquiátrica y psicológica, cuyas clasificaciones (y descripciones) fueron en otro tiempo, como digo, no muy lejano, propias de una suerte de melancolía metafísica aneja a la extravagancia de raros filósofos y poetas, sin duda no bien adaptados a la disciplina y dinámica social de cada época. Hoy, lejos de haber avanzado algo al respecto, creo que se agravan estas sintomatologías, ya con carácter de enfermedades bien descritas y clasificadas, en tanto que vienen a sucederse en virtud de las exigencias de una sociedad cada vez más hostil a la realización y desarrollo plenos del individuo.
Diagnosis elemental para una sociedad enferma, Francisco Acuyo                  Alejados de los miedos y ansiedades que eran propios de un entorno hostil ante la intimidación de depredadores y amenazas naturales, hoy el terror proviene, a mi juicio, manifiesto más o menos conscientemente, ante el desafío y la adversa  (y siniestra admonición)  fuerza social enajenante y arrobadora que, sin duda, arrasa más  brutalmente de lo que parece, cualquier iniciativa individual original o renovadora que ponga en peligro la paz social de la masa informe que consume y se esfuerza por no ser, resueltos decididamente en su realización a través del  tener (sin éxito, de ahí la sintomatología y enfermedad que advertimos), en pos de hundir al individuo en ese tótum revolútum que tan magras divisas produce a determinados intereses económicos, políticos y sociales. Se trata pues, de diluir cualquier iniciativa o cualquier rasgo distintivo de personalidad propia, fuera de este movimiento altamente enajenador.
                  Se dice, no obstante, que el síntoma ansioso o depresivo proviene de la exigencia social de futuro expuesta en las preocupaciones del individuo en la adquisición de bienes, de posición social, de estabilidad o seguridad económica…., donde el miedo es la expresión emocional evidente ante la responsabilidad de admitir (o de adaptarse a)  la incertidumbre para alcanzar estas exigencias, en realidad, sociológicas impuestas e individualmente impostadas.  Pero hay una razón oculta  más profunda y mucho más importante, a saber, la pérdida de la identidad personal -como manera de ser el mundo, y que es vehículo esencial para trascenderse a sí mismo- en pos de la avalancha de una psicología colectiva de consumo anuladora de cualquier impronta personal creativa que, al fin, pueda poner en peligro el equilibrio mórbido de una sociedad devoradora de lo genuino, nuevo, diferente e individual que, a l fin y a la postre es lo que hace crecer al ser humano como individuo singular, aspirante siempre a la superación de sus limitaciones.
                  Se ha dicho que los procesos de ansiedad (y o depresivos derivados de aquella) es la consecución cognitivo-afectiva innata que prepara para la supervivencia[1]. A mi humilde entender, hoy, se han transfigurado dichas respuestas  clarificadoras de manera harto sutil, pues, lo que en
Diagnosis elemental para una sociedad enferma, Francisco Acuyo
realidad oculta (y manifiesta en forma de ansiedad) es la sintomatología de una sociedad enferma (pues el anula la célula dinamizadora de aquella, que es el individuo creativo) para garantizar la supervivencia del sistema colectivo infectado a costa de la salud del individuo, el cual ha de volverse cada vez más dependiente de las necesidades colectivas impuestas con mayor o menor sutileza. La respuesta (consciente y o subconsciente) del ente individual ante esta terrible agresión contra su integridad no es otra que la manifestación clínica de la ansiedad, el miedo -y la consecuente depresión- ante la aniquilación evidente de su genuina y personal  existencia.
                  La estoicidad individual y su característico optimismo, o el impulso hedonista epicúreo, por poner sólo un par de ejemplos sensatos de respuesta a estas sintomatologías, basados en la capacidad individual racional para afrontar las contrariedades existenciales, ya no tienen cabida en nuestra civilización, la búsqueda, el hallazgo y la salida a cualquier problemática basada en la reflexión, en la meditación profunda, son iniciativas que se pretenden hacerlas inútiles para nuestra sociedad que, al fin y al cabo, está compuesta de individuos; solo queda la vía o solución parcial, provisional y transitoria de la química de la medicación  al albur de los gurús de la resiliecencia[2], mediante la que solo queda resistir o aceptar (acomodados ,o, mejor, alienados en las resueltas y modernas soluciones de una psicología sometida a los patrones serviles de una sociedad de consumo) no tanto las tribulaciones existenciales personales –afectas tanto al dolor como a la belleza-[3], como la enajenación de lo más genuino y necesario para la expresión, realización y el avance de nuestras sociedades: el individuo.


Francisco Acuyo





[1] Barlow, D.: Anxiety and its disordes, Paperback, 2004.
[2] Rojas Marcos, L.: Superar la adversidad, Bookot. Espasa Calpe, Madrid, 2011.
[3] Acuyo, F.: Elogio de la decepción y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la Belleza, Jizo ediciones, Colc. Origen y destino, Granada, 2013.






Diagnosis elemental para una sociedad enferma, Francisco Acuyo

2 comentarios:

  1. Ojalá, amigo, estas meditaciones fueran asimiladas por muchos, abrieran puertas para la valoración y revaloración del individuo como piedra angular de la sociedad, y así de afirme la voluntad transformadora para bien común. Un abrazo y feliz año que viene. Abrazos.

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  2. En una sociedad (al completo) donde se castiga el individualismo con la infamia la burla el aislamiento y la exención ¿qué se puede esperar? Pero no por ello hay dejarse vencer, la "verdad y la belleza" está ahí para quien se atreva a mirarla

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