domingo, 21 de julio de 2013

MITO, MÍSTICA Y POESÍA


Para la sección de Juicios, paradojas y apotegmas del blog Ancile esta breve semblanza sobre un tema que siempre cautivó a quien os habla: las relaciones  entre los elementos míticos y místicos en el ámbito de la poesía. 



Mito, Mística y poesía, Francisco Acuyo, Ancile





 MITO, MÍSTICA Y POESÍA I






Mito, Mística y poesía, Francisco Acuyo, Ancile


EL MITO, ENTENDIDO TRIVIALMENTE, encuentra suficiencia de expresión, si lo referimos a la colectividad de la conciencia, como concepto junguiano 1 de arquetipo. Si añadimos la espléndida y penetrante prevención antropológica de J.G.Frazer 2 acaso no perdamos el equilibrio a la hora de cuestionar su alcance y significado. Más dificil, de hecho, supone la significación de la mística -máxime si en un esfuerzo de comprensión llegamos a distinguirla del fenómeno religioso, impulsados tal vez por una excesiva asepsia en el intento pues, si tratamos de conceptualizar el término será bastante común divagar y, aun errar, si los intrumentos de definición no son (porque no pueden serlo) puntuales. Me refiero a todo aquello que va desde el lenguaje hasta la forma de proponer la definición.
      En las distintas manifestaciones simbólicas, intentamos un nexo común, un primer cabo que nos ayude a desenredar el ovillo, o tal vez a atar nuevos cabos. Por ejemplo, vemos la muerte como ancestro y universal del eterno retorno. De retorno al origen. Las ideas de la divinidad y del retorno al origen son aspectos fundamentales que dan carácter y similitud a cantidad ingente de mitos catalogados como básicos.
      La poesía maneja el instrumento fundamental de expresión cual es el lenguaje que, en nuestra cultura, confía en la capacidad de aprehender la naturaleza última de las cosas y que, no obstante, hace problemático el contacto con la realidad. Sin embargo, resulta paradójico que la poesía, aun sustentada por el lenguaje mismo, no sólo no nos priva de la visión de la realidad, sino que, al mismo tiempo que con ella, la aprehendemos, expandimos la conciencia hacia lo transpersonal: aquello que ve la luz, desea ocultarse, que dijo Heráclito.
            Sucede además que, si bien se colige que el fenómeno crucial del lenguaje, supone el tránsito del mito al logos, y a través del conocimiento alcanzado llegamos a la toma de conciencia; se deduce también que la capacidad de alcance y percepción ha de quedar, no obstante, mermada, confinada, enajenada por la supuesta identidad que distingue con el lenguaje entre sí y lo que le rodea; un ego por tanto que protege mediante la máquina de lo cotidiano razonable, y que la poesía, con su lenguaje transgresor, conculca peligrosamente.
            La construcción de un lenguaje verdaderamente poético supone la entrega total y manifiesta hacia una expresión de libertad sin condiciones: si la lógica de nuestros pensamientos encierra  variables ya establecidas como una carta marina, sus paralelos y meridianos, en la expresión poética se abre como hemisferio infinito, pues supone el mundo y su traslación en el eje total de la poesía.
            Se dice que el impulso poético no conoce el tiempo. La razón poética y creativa está en un eterno presente. Entonces es, cuando más allá del mito, la poesía, en su más alto ideal, capta la realidad; y es que el mejor momento de la poesía no es cuando describe una posible experiencia, sino cuando nos culmina mediante la ficción de algo cuya experiencia es imposible... no se es un poeta completo si la totalidad de su imaginación no está sintonizada, y no se funde toda su experiencia en una sinfonía única, 3 que dijo Georges Santayana. No nos resulta extraño pues, pre-sentir como la poesía nos hace trascender de nosotros mismos con el fin unívoco de acceder a la realidad para ser esa realidad misma.
            Creo que puede entenderse el mito subyaciendo confundido en la fronda y espesura de su propia proyección arquetípica, ocultando el origen y regulando la presencia del caos y la angustia. Perfecto narcótico que pretende tranquilizar con la ilusión de su efecto positivo.
            La poesía, sin embargo, conlleva una paradoja: la de ser expresión y reflexión sobre sí misma: El efecto especular, donde dos espejos enfrentados dan trasfondo al infinito. Así la poesía se vierte como un sistema formalizado y complejo que demuestra que la prueba de su validez no se encuentra -ni se agota- en sí mismo, 4 y sin embargo, nos invita a penetrar el sitio donde -sin tiempo ni espacio- no se va a ninguna parte, porque allá donde permanece es inagotable.
            John Dewey dijo que la naturaleza es un artista que trabaja desde dentro. La poesía es uno de los catalizadores -quizá el mejor- que hacen posible no sólo un intercambio fluyente con el mundo, sino una vía de transformación verdaderamente influyente.
            Quizá el mito que propone más claramente una visión integradora -no mimética- de poesía y naturaleza, sea el de Narciso. Ama aquella imagen que cambia, no obstante, del remanso del río en su flujo continuo, mientras siente y presiente la eternidad de su propia naturaleza, aun, o precisamente, por no haberse reconocido.
            Si la dialéctica, en la búsqueda de la verdad necesita comparar una tesis con su antitesis procurando su síntesis, en la poesía la antitesis desaparece en la tesis misma, conciliando ambas con las propiedades de su opuesto. Visión especular donde el espejo nos dice que la realidad es una sola cosa, aunque la denomine diversamente.
            La poesía proporciona fuentes de información ilimitada, mientras que de ellas deducimos nuestra incapacidad o la insuficiencia de nuestros conceptos para captarlas. Su particularidad radica en su forma de aprehender la verdad -sin limitar por ello su capacidad estética y de deleite-, y de ofrecerse como codificador que conecta con todo lo que, aparentemente disperso, se muestra y oculta en derredor nuestro, pues la realidad es todo lo que la poesía crea.


                                                                     
                                                                                        Francisco Acuyo




1 Jung, C.: La interpretación de la naturaleza y de la psique, Paidós, Buenos Aires, 1962.
Frazer, J.G.: La rama dorada, Fonde de Cultura Económica, México, 1991.
3 Santayana, G.:Poesía y Religión. Cátedra Madrid 1994.



Mito, Mística y poesía, Francisco Acuyo, Ancile

1 comentario:

  1. Un desarrollo excelente del tema y varios párrafos memorables como este: " La construcción de un lenguaje verdaderamente poético supone la entrega total y manifiesta hacia una expresión de libertad sin condiciones: si la lógica de nuestros pensamientos encierra variables ya establecidas como una carta marina, sus paralelos y meridianos, en la expresión poética se abre como hemisferio infinito, pues supone el mundo y su traslación en el eje total de la poesía.
    Se dice que el impulso poético no conoce el tiempo. La razón poética y creativa está en un eterno presente. Entonces es, cuando más allá del mito, la poesía, en su más alto ideal, capta la realidad; y es que el mejor momento de la poesía no es cuando describe una posible experiencia, sino cuando nos culmina mediante la ficción de algo cuya experiencia es imposible... no se es un poeta completo si la totalidad de su imaginación no está sintonizada, y no se funde toda su experiencia en una sinfonía única, 3 que dijo Georges Santayana. No nos resulta extraño pues, pre-sentir como la poesía nos hace trascender de nosotros mismos con el fin unívoco de acceder a la realidad para ser esa realidad misma."

    La Poesía nos abre a una realidad completamente diferente

    Tu exposición alumbra, amigo. Muchas gracias por tan magnífico trabajo.

    Un cordial saludo

    Jeniffer Moore

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