jueves, 26 de enero de 2012

AMOR Y POESÍA: CON ANTONIO CARVAJAL

Decidimos crear una nueva entrada en Ancile que reflejara de manera inmediata (y muy breve) una reflexión -emoción- poética ofrecida en un sólo poema, siguiendo aquel sugestivo y precioso principio juanramoniano de Amor y poesía, cada día. Inauguramos la sección nada menos que con el poeta Antonio Carvajal, cuyo texto va acompañado de un motivo igualmente hermoso del artista Ricardo García.




AMOR Y POESÍA: 
CON ANTONIO CARVAJAL



Amor y poesía; con Antonio Carvajal, Ancile





LOS VELOS DEL VIENTO



Para Ricardo García, de su
devoto amigo Antonio Carvajal

Pudor, coquetería, honestidad,
decoro, ¿son defensas o son velos
o armas de seducción cuando arrebata
lo apenas entrevisto y casi apenas
sospechado, el espíritu, los ojos
turbios de gasas, prontos al deseo,
y los oídos se abren al susurro
del viento contra los tules, esperando
confesión, confidencia o maravilla?

Ciega la luz y es seña la blancura
de ignorancia o de muerte, siempre pálidos
los rostros y las manos sin aliento,
como la sombra es ciega y sin relieves,
pero hay bultos de sombra para el tacto,
espadas níveas de dolor que el hueso
céleres atraviesan, relevantes
choques de lengua en diente o diente en lengua
que dan toque de marfil la grana
como arrebato, lágrima y silencio.

Como lágrimas, siendo transparentes,
enturbian la mirada, como asordan
los latidos del propio corazón
la percepción de la armonía celeste,
así la veladura sobre el lienzo
monstruos oculta que el pintor retira
a nuestro obsceno afán de posesión,
y así el silencio vuela entre las bocas
de los amantes en fruición fundidos.

El viento trae las nieblas, se las lleva,
difunde luz mientras propaga sombras,
y una mirada transparente como
las aguas de una cala donde nunca
se percibe oleaje, nos incita
a naufragar por siempre, a ser más agua
entre las aguas y soñar la vida
que es velo al viento y llaga al suspiro.

Antonio Carvajal




Amor y poesía; con Antonio Carvajal, Ancile


lunes, 23 de enero de 2012

EDITH STEIN: DE HUSSERL A SAN JUAN DE LA CRUZ (Y II)

Segunda y última entrada sobre Edith Stein, esta vez en relación con su filosofía, y siempre de la mano del profesor Tomás Moreno para el blog Ancile.



Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile

EDITH STEIN: DE HUSSERL A 
SAN JUAN DE LA CRUZ (Y II)



Como hemos visto en el anterior microensayo, la historia de Edith Stein es la historia de una fuerte personalidad en busca de verdad y sentido, dialogando con el “mundo”, empatizando con los hombres, con las “situaciones” y con las “cosas”, para tratar de captar, finalmente, el sentido del ser en el “logos eterno” que, como un destello suyo o como una “huella dolorosa de Dios en la memoria” (en expresión del poeta Dionisio Ridruejo), está presente en el alma de cada hombre individual.
            Edith Stein buscó el entendimiento de su fe -“Mi nostalgia por la verdad era mi única oración”, confiesa en su apasionante autobiografía Estrellas amarillas[1]- sin renunciar a la razón humana, esto es sin despojar al hombre de uno de los atributos que más lo dignifican e identifican, pero también -como apuntara el gran pensador y escritor español Jiménez Lozano[2]- sin idolizarla hasta el extremo de volverla ciega para el misterio.
Edith Stein Husserl a San Juan de la Cruz, Ancile
Edmund Husserl
            La discípula predilecta de Husserl -que, sin duda, figura en la filosofía del siglo XX a la altura de sus maestros -Husserl y Max Scheler[3]-, dedicó toda su aventura existencial e intelectual a ver mejor la fe a través de la razón humana y su vida de mujer a tratar “empáticamente” de hacer mejores y más felices a los demás, renunciando a sí misma y denunciando con valentía todas aquellas ideologías y situaciones que trataban de despojar al hombre de su racionalidad y de su dignidad ofreciéndolos ritualmente como corderos a los Absolutos de la Raza, la Clase social, el Confort, el Dinero, la Razón científica o el Poder.
            Su obra filosófica fue asombrosamente extensa para su corta vida (51 años) y de la más variada temática filosófica, religiosa, mística, además de cartas, conferencias,  artículos, anotaciones biográficas etc. La edición de sus obras completas en Alemania a lo largo de 48 años (1950-1998), en un plan que se llegó a presentar, constaría de 25 tomos[4]. Entre sus obras fundamentales destacan: Sobre el problema de la empatía (1922), Investigación sobre el estado (1925); La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás (1929) y sobre todo sus obras póstumas: Ser finito y ser eterno[5] (1950) y Ciencia de la Cruz[6] (1950).
Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile
Max Scheler
                Un somero repaso de su itinerario intelectual, nos servirá para comprender el largo camino seguido por Edith Stein, desde su ateísmo juvenil y universitario a su profundo diálogo con Dios en la vida contemplativa. En ese camino, la fenomenología de Edmund Husserl y  la filosofía de los valores de Max Scheler serán los primeros hitos por los que transcurrió su itinerante búsqueda filosófica. Después, tras su conversión religiosa, vendrá Santo Tomás de Aquino y los grandes místicos españoles: Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
                La tesis doctoral de Edith Stein, defendida en Friburgo en 1916, sobre El problema de la empatía [7] (Einfülung), su primer trabajo erudito, constituye la clave de su modo contemplativo y empático de ver las cosas y, por supuesto, de su espiritualidad. En ella, se reflejan expresamente las influencias del maestro Husserl, desarrollando las implicaciones más escondidas de su enseñanza y de su método filosófico y, también, la influencia de las tesis expuestas por Max Scheler en Esencia y formas de la simpatía (1913)[8].
            Como ha escrito Alfonso López Quintás, en un brillantísimo ensayo[9], la vuelta a las cosas postulada por Husserl, “no era en Scheler un mero lema académico, constituía el impulso de su vida, la fuente de la que manaba esa torrentera de luz que eran sus escritos y conferencias”[10]. Todo ello le sirvió para ir distanciándose de un racionalismo imperante -ya denunciado por Husserl, al rechazar la tendencia a pensar que sólo el conocimiento que significa un control exhaustivo de la realidad era digno de tal nombre- que había encerrado a Edith durante cierto tiempo en un mundo estrecho y sin salida, el único susceptible de tal género restringido de saber.
            El trato con los fenomenólogos abrió, pues, su espíritu a esferas diversas de la realidad que superaban a ojos vistas los límites del mundo sometido al conocimiento objetivista y positivista. “Al realizar personalmente la experiencia de tales modos elevados de realidad, Edith Stein empezó a notar que las barreras interiores cedían y se ampliaban las fronteras de la vida espiritual”[11]. Edith descubrió, de una vez por todas, que el método reduccionista, característico de ese modo de conocer positivista -muy inclinado al uso de la expresión “That is nothing but… (esto no es más que esto otro)- no significaba más que una vulgar traición a la verdad[12].

Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile
San Juan de la Cruz
            Su tesis doctoral sobre la Einfülung, le permitió la superación de ese objetivismo reduccionista, llevándola a desbrozar su camino hacia la verdad. Edith Stein entendía por Einfülung el tipo de percepción afectiva que un yo tiene de otro yo, la experiencia vivida de relación con el otro, la capacidad de sentir con el otro, de ponerse en su lugar. Con su investigación, Edith Stein quería mostrarnos lo específico de una experiencia tan personal como sería, por ejemplo, el darse cuenta del dolor de un amigo. Como señala Laura Boella, dos caminos eran posibles para ello: uno, objetivo, por el cual trataría de explicarme y explicar las razones de su dolor, de indagar las manifestaciones y las reacciones que provoca en mí; el otro, empático, mediante el cual buscaría comprender el dolor del otro en su inmediatez y globalidad, esto es: el hecho de que el amigo sufre. “Se trata de una experiencia específica, porque no es la repetición/imitación de una experiencia mía pasada, ni la deducción por analogía de mis experiencias precedentes”[13]. Y, sobre todo, se trata de una experiencia de amor que nos libera de la indiferencia por el otro y del resentimiento ante el otro, que nos ciegan para los valores de los “otros”. Un tipo de conocimiento-amor, en fin, que “entrevera nuestro ámbito de vida con los campos de posibilidades creativas que nos ofrecen las realidades valiosas” y “lo pone todo a una nueva luz”[14].
            Tras su conversión[15], en 1922, Edith deseó conocer los fundamentos teóricos del mundo católico en el que ella gravitaba a partir de entonces. Emprendíó la traducción al alemán de las Quaestiones disputatae de veritate (1931), “camino obligatorio para penetrar en el mundo del pensamiento de Santo Tomás” (al que antes detestaba). Desde que daba clases en el seminario de maestras “Santa Magdalena” de los dominicos de Espira (1922-1931) -donde enseñaba alemán-  tratará de abordar un acercamiento entre la filosofía de Husserl y la filosofía tomista sin, por ello, renegar de su formación husserliana, ni del lenguaje fenomenológico (su “lengua materna filosófica”). Deseaba confrontar los dos mundos e intentar encontrar el camino hacia una nueva síntesis filosófica neoescolástica modernizada. Surgió así un ensayo sobre La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación, que apareció en el Jahrbuch de 1929, en homenaje a los setenta años de Husserl.
Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile
Teresa de Ávila (Bernini)
            Proyectó también escribir desde 1931 un gran trabajo sobre las categorías centrales de la ontología aristotélico-tomista, Potencia y Acto (pero será diferido, sólo lo retomará en 1935,). Ser finito y Ser eterno (que se publicará póstumamente, en 1950) será otro intento para la confrontación anteriormente aludida. Subsistirán, no obstante, algunas divergencias insalvables: delimitar, como lo hace Husserl, la esfera de la conciencia trascendental pura y luego, en el seno mismo de esta, “un sector de auténtica inmanencia, es decir, un conocimiento (noèse) que estaría absolutamente unido a su objeto (noème), a partir de este hecho, sería indudable”[16], lo cual se revelaría incompatible con el tomismo, para el que Ser y Conocer no coinciden más que en Dios. La filosofía católica no podía aceptar una ontología que colocaba la conciencia del hombre en el fundamento de la búsqueda filosófica, antes que en Dios.
            Su tomismo poco ortodoxo se verá enriquecido, tras su ingreso14 de octubre de 1933 en el Carmelo de Colonia, por la aportación de nuevas lecturas teológicas y místicas. A pesar de llevar en él una vida contemplativa, Sor Benedicta de la Cruz no renuncio a la reflexión intelectual: las obras de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz serán la fuente que sacie su sed de verdad y conocimiento: “Qué bien sé yo la fonte que mana y corre/ aunque es de noche”[17].
            En conclusión: su filosofía devino una original síntesis entre la fenomenología y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, con algunos elementos escotistas y místicos, tratando de insertar la doctrina de la intencionalidad husserliana en una nueva elaboración de la filosofía escolástica. Como ha señalado Alfonso López Quintás, para Edith Stein el esfuerzo integrador de esa nueva filosofía debía ahondar en la concepción del “ser” del tomismo con un método en buena medida fenomenológico y teniendo como telón de fondo la intuición sanjuanista de cambiar el “centro de gravedad de nuestro espíritu: “El yo trascendental (Husserl) y el yo concreto y finito instalado en el mundo (Heidegger) deben polarizarse en torno al Ser Supremo”. Sólo así ascenderemos al “sentido pleno del Ser”[18].

Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile
            Lo peculiar de la persona como ser espiritual es “poderse dar sin perderse, recogerse sin excluirse, ser autónomo al arriesgarse a ser heterónomo entregándose al Dios que no quiere ser rival”. Edith Stein culminó la filosofía en una especie de conocimiento místico que no fue infidelidad a su vocación filosófico-racional sino atención estricta al lema filosófico de la fenomenología: “retorno a las cosas mismas”. Esto es: instalación personalizada, creyente y amorosa en el Ser Supremo, fundamento absoluto de toda realidad finita y de toda vida personal[19].
            No es probable, apuntaba Jiménez Lozano, que nuestro mundo pueda comprender una reflexión filosófica y entender una vida como las de ella, pero lo menos que se puede pedir a este mundo es que se tome con seriedad estos testimonios de una verdad que supera todas las medidas humanas, planificada y realizada sobre la “ciencia de la Cruz”. El título de su último libro, el que inició en el Carmelo de Echt y estaba redactando cuando fue detenida, La Ciencia de la Cruz[20], parece presagiar la experiencia de inmolación que le esperaba: un testigo de su vida en el campo de exterminio de Auschwitz, nos la describe sentada en la barraca y pendiente del sufrimiento de los demás más que del suyo, como una “Pietá” sin el Cristo[21].


                                                                                                                       Tomás Moreno





[1] Estrellas amarillas. Autobiografía: infancia y juventud, traducción de Carlos Castro Cubells y Ezequiel García Rojo, Editorial de Espiritualidad, Madrid, 1992. Esta es la principal fuente que utilizamos para su biografía hasta su doctorado con Husserl.
[2] Cfr. J. Jiménez Lozano (Premio Cervantes de las Letras) en una de sus  memorables Cartas de un cristiano impaciente (publicadas en la Revista Destino, por los años sesenta del pasado siglo) dedicada a Edith Stein, analizaba con lucidez y maestría la significación de su figura y de su proyecto filosófico.
[3] Significativamente Karol Wojtyla también se sintió influido por el pensamiento de Max Scheler, al que dedicó su tesis doctoral.
[4] Se trata de la Edith Stein Gesamtausgabe (ESGA), dirigida por el Instituto Internacional Edith Stein de Würburg, a cargo del Padre Michael Linssen, OCD, todavía en curso de publicación en su segunda edición.
[5] Ser finito y ser eterno”, en Obras Completas, III: Escritos filosóficos: etapa de pensamiento cristiano, El “Carmen/Espiritualidad, Monte Carmelo, Vitoria, Madrid, Burgos , 2008
[6] Ciencia de la Cruz, en Obras Completas, III: El Carmen/Espiritualidad, Monte Carmelo, Vitoria, Madrid, Burgos, 2008.
[7] Sobre el problema de la empatía, en Obras Completas, II: Escritos filosóficos: etapa fenomenológica, El Carmen/Espiritualidad, Monte Carmelo, Vitoria, Madrid, Burgos, 2005;
[8] Cfr. Editorial Sígueme, Salamanca, 2005. Sobre la filosofía de Edith hasta su conversión véase la extraordinaria obra del filósofo escocés Alasdair MacIntyre, Edith Stein. Un prólogo filosófico, 1913-1922, Editorial Nuevo Inicio, Granada, 2008.  
[9] Alfonso López Quintás, Cuatro filósofos en busca de Dios, Ediciones Rialp, Madrid, 1990; cap.II Edith Stein y su acceso a la plenitud de lo real, pp. 116-150.
[10] Ibíd., p. 137.
[11] Ibíd., p. 138.
[12] Ibíd., p. 136.
[13] Laura Boella, Pensar con el corazón. Hannah Arendt, Simone Weil, Edith Stein, María Zambrano, Narcea, Madrid, 2010. pp. 50-51. Según Laura Boella, en la Einfülung, “el oído es el órgano que me abre al otro en su entera persona, alma y cuerpo. El otro se me presenta ante todo a través de su expresión corporal, su rostro y sus gestos: una mirada o una sonrisa me dan inmediatamente al otro”. Mediante ella se “nos pone frente a un acceso originario a la realidad que no pasa por la vía de un sujeto que se compara con un objeto, una cosa, e intenta darle sus leyes o de indagar sus mecanismos, causa, etc., sino que se apoya en el salir de sí mismo, en el encuentro y la apertura al otro, que no es nunca fusión afectiva o traspaso de límites. Hay un enorme potencial cognoscitivo en la experiencia empática: cuando nuestro yo es criterio de relación con el mundo, permanecemos encerrados en nuestra prisión; los otros son enigmas para nosotros o las moldeamos según nuestra imagen. La percepción empática, al contrario, ofrece una “comprensión” de la realidad, en la cual la irrepetible singularidad y unicidad de la persona, en vez de bloquear la comunicación, muestra un horizonte común de comprensión y de manifestación” (Ibíd.)
[14] López Quintás, op. cit., p. 136. Ese conocimiento-amor (López Quintás) es resultado de pensar con el corazón (Laura Boella).
[15] Cfr. Silvie Curtine-Denamy, Tres mujeres en tiempos sombríos, op. cit., pp. 48-50
[16] Ibíd., p. 51.
[17] San Juan de la Cruz, Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe.
[18] A. López Quintás, op. cit., pp. 144-145
[19] Ibid., p. 143.
[20] Edith Stein, Ciencia de la cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Monte Carmelo, Burgos, 1989.
[21] Cfr. Christian Feldmann, Edith Stein. Judía, filósofa y carmelita, Herder, Madrid, 1987, p. 138. 



Edith Stein o la pasión por la verdad, Ancile

viernes, 20 de enero de 2012

BEATRIZ RUSSO: POETA INVITADA

Tenemos el placer de presentar en esta ocasión en el blog Ancile, en la nunca suficientemente ponderada sección de Poetas invitados, a la poeta,  escritora y amiga Beatriz Russo. Dejamos en esta entrada una breve pero sustanciosa muestra de su espléndido y sentido quehacer poético así como una semblanza bio-bliográfica de su trayectoria (vital y literaria) con la que ilustrar y orientar a todos aquellos que, con muy buen criterio, quieran indagar a lo largo de su carrera literaria y poética. Queden pues para todos vosotros estas páginas y sus correspondientes poemas para deleite de los que, con muy buen criterio, ya disfruten de su obra, o de los que con no menor -y mejor juicio-, estén interesados en conocer su poesía.




BEATRIZ RUSSO: POETA INVITADA




BREVE NOTA LITERARIO-BIOGRÁFICA


Beatriz Russo, poeta invitada, Ancile


Beatriz Russo, poeta invitada, Ancile
Beatriz Russo nace en Madrid en 1971. Poeta y narradora desde que viviera un encierro de varios años, sus años luminosos, y descubriera que para ser poeta no hay que morir. Es licenciada en Filología Hispánica, magíster en la enseñanza de español como lengua extranjera y traductora de italiano, inglés y francés. Durante años ha ido combinando su creación literaria con numerosos recitales poéticos y ponencias en Universidades de España, Italia, Francia, México (D.F., Morelia, Toluca), en Festivales de poesía, Jornadas Literarias nacionales e internacionales y en cafés y centros culturales. Asimismo ha colaborado en prensa, radio, cine y televisión. Su obra es difundida constantemente por diferentes canales de comunicación tanto nacionales como internacionales. Es colaboradora de la revista electrónica de poesía Ibi Oculus y miembro del consejo editorial de Conoceralautor.com.
En 2004 publica su primer poemario, En la salud y en la enfermedad, a partir del cual no cesa en el empeño de encontrar su propia voz, hallada en La prisión delicada (Calambur, 2007), un encierro luminoso donde la belleza se prueba los disfraces de las mujeres que una vez se rebelaron contra lo convencional; un canto sensible secundado por antiguas voces que reivindican su contemporaneidad.




BIBLIOGRAFÍA





    Ha publicado los libros de poemas En la salud y en la enfermedad (Sial, 2004), La prisión delicada (Calambur, 2007), Universos paralelos (ECC, 2009), Aprendizaje (Polibea, 2010) y Los huecos de la lluvia (Universidad de Costa Rica/ Fundación Casa de Poesía, 2010). Parte de sus poemas han sido traducidos al serbio, italiano, francés, portugués y árabe. Su poesía ha sido incluida en varias antologías (El poder del cuerpo, La voz y la escritura, Erato bajo la piel del deseo, Mujeres en su tinta, Padre y madre, Web streaming poetry, entre otras)  y en numerosas revistas literarias tanto impresas como en red. También ha colaborado en los ensayos y estudios literarios: Actas de poesía Última 2003(Fundación Alberti), Manipuler et séduire (Universidad de Lyon), La masonería en la construcción de sociedades (editorial Masónica). Como narradora ha escrito las novelas, La versión de Eva Blondie(ganadora del Premio Istar de Novela Erótica), La montaña rusa, y un relato infantil, El monte de las amapolas voladoras. Actualmente está ultimando un nuevo libro de poesía.

Beatriz Russo, poeta invitada, Ancile


POEMAS





ME HE TATUADO UNA SERPIENTE….


Me he tatuado una serpiente en mi pierna con tu nombre y a veces siento que está viva, como tú,
y asciende mis muslos hipnotizada por algún Himno a la belleza,
y se desliza, pontífice de un rito que no suelo entender, pero me sigue, como si de pronto
    mi voz fuera un salmo penitente,
y entonces tú me obedeces, mártir de tu fe en mi cuerpo,
y asciendes un poco más hasta llegar a la antesala de mi sexo,
allí donde esperas la vehemencia de tu nombre, el sentido de ser tú el llamado y no otro, 
     tú en comunión con tu nombre a la espera de mí.
Doscientos años de vida tiene tu nombre y sin embargo,
tatuado en mi pierna se ha hecho serpiente y a tientas busca mi cuerpo.
Cada vez que te nombro profano un instante tu reposo y te obligo a que duermas junto a mí,
a que asciendas mis muslos tal y como ahora te digo,
así, lentamente, con la falsa detinencia del deseo que se retracta por miedo a no verse ennoblecido,
con la imprecisión de una mano inexperta que finge un control que sólo yo poseo.
El baile de la serpiente sobre mis nalgas es perpetuo.
La serpiente descalza baila en la antesala de mi cuerpo antes de morir en mí.
La música que ahora emite mi mano bífida en un coro desentrañado.
La serpiente se arrodilla desnuda en la antesala de mi cuerpo antes de morir en mí,
Y le grito que es ahora,
el instante de ahora y no un milímetro después que ahora dejas conmigo,
 como si conocieras la estrategia de varias dosis de veneno sobre mi sexo.
Ahora y sólo ahora, repito.
Pero la serpiente arrastra sus pies descalzos por la antesala de mi cuerpo antes de morir en mí,
ahora y sólo ahora y no más tarde, repito,
Ahora,
en la tenue frontera de mi cuerpo dividido en dos mitades reconciliadas.
Ahora,
con todos mis nombres, los que yo te doy y te pido que pongas sobre mí.
Ahora,
con la blasfemia del último canto en la divina estampa de los deleites.
Ahora bendigo mi nombre con tus dedos de mi mano.

Ésta es mi prisión delicada.
No me salvéis.
Aquí yacerá la que pudo haber sido Ophelia.
Inventadme un epitafio que se oculte bajo el musgo.
Llegó mi hora de descansar.


Fragmento de La prisión delicada (2007)




TAN POCO ESFUERZO

Tan poco esfuerzo en dormir sabiendo que tras la noche siempre acude puntual
 la mañana incuestionable.
Tan poco esfuerzo en esperar las estaciones, que siempre serán cuatro aunque se asocien.
Tan poco esfuerzo en prescindir de tus amigos, que ya cuelgan de sus esposas, como llaves
 que giran en un único sentido.
Tan poco esfuerzo en aceptarlo todo y no pensar en si acaso giráramos la mano hacia el otro lado,

abriríamos la puerta de salida.




TU VOZ VACÍA



Porque tu voz ya no es sonora,                                            
a veces me llamo por mi nombre con tu voz,
Cierro mis ojos vehementes y me pronuncio.
Entonces llegas sonoro a mi pecho
y te protejo con mis manos
para que no te me escapes de nuevo.
Sólo un instante, el mismo que te desapareció,
instante de bola de fuego que me traspasa
dejándome un hueco en el tórax,
como una ventana abierta que me despierta
con el repetido sueño de buscar la manta con los pies.
Porque tu voz ya no es sonora,
a veces me llamo por mi nombre con tu voz
y aún lloro tu muerte inventada.
Mi rostro se posa sobre tu lápida
y te escribo un epitafio con mis lágrimas
e insomne te velo con el riguroso luto 
de mis ojos oscuros, de mis ojos enterrados
en vida bajo la tumba de mi almohada.
Me muero de frío,
la ventana está rota,
no hay manta a los pies  de mi cama
y sin embargo, aún sueño que regresas
y me hablas al oído.




Y HACIA DÓNDE




Ya no sé quién soy sin la memoria de ti,
me siguen tus espejos, tu infinitud
fantasmagórica. El cielo modela nubes
con tu rostro, la lluvia siente empatía
de mi tristeza y en los libros que no leo
sólo se habla de ti.
Hacia dónde huir,
en qué cueva suicidarme devolviéndome
a la tierra que me parió aborto de gusano,
despojo de culebra o trozo de piedra.
Hacia dónde huir, si en mi huída
me persigue tu recuerdo,
la lenta huella de mi podredumbre,
el rastro paulatino de mi sangre
cuajándose en el fango.
Me descompongo con los martillazos
de  un puño invisible que me apalea, 
despacio, repetidamente despacio
hasta hacerme el picadillo
que alimenta al desahuciado.




EL TONEL DE LAS DANAIDES


                                              
Después de ti, todo era molesto,
molestaban las caricias que sobre mi cuerpo
ansiosas confluían.
Entonces deseé ser menos humana.
No tener piel, para no sentir que otras manos,
no las tuyas, me tocaban.
No tener boca, para que los labios de todos
no encontraran la entrada a mi infierno,
al infierno que quema su lenguas innecesarias.
No tener ojos para no desviar la mirada
que no te reconoce en sus rostros.
No tener pubis para que no me buscaran
a tientas los penes vendados,
que torpemente chocan contra mi muro.

Entonces deseé ser menos humana
y se me puso la piel de madera,
y pedí ser aún menos humana
y se me fue ensanchando la boca
hasta hacerse tan grande como mi cuerpo,
y aún pedí ser menos humana
y se me fue holgando la vagina
hasta hacerse tan grande como mi cuerpo.

Pedí, yo pedí, pedí ser menos humana

y entre todos me han convertido
en el tonel sin fondo de las Danaides.




NO HAY QUE OLVIDARSE


                                  
No hay que perder el hábito,
no hay que olvidarse, amar es obligatorio,
es un deber fisiológico,
amar para que los ojos no se nos den la vuelta
de mirarnos el ombligo,
amar para que nuestros brazos no se queden
raquíticos de no abrazar,
o amar para que por los suelos
no se arrastren caídos,
amar para que no se desgaste la misma mano
y llegar al fondo de la cuestión.

No hay que olvidarse, amar es obligatorio,
es un deber profiláctico,
amar  para prevenir la hipocondría,
amar sanando el dolor ajeno,
amar para que fluya la corriente
y no se nos queden  los líquidos estancos,
amar para entrenar al corazón
y subirle los biorritmos.

No hay que olvidarse, amar es obligatorio,
es un deber dialectológico,
amar para aumentar el vocabulario,
y traer antónimos, para que el odio y sus sinónimos
no sean mayoría,
amar para que el músculo de la lengua
no quede anquilosado,
amar para segregar saliva y pronunciar mejor
las consonantes bilabiales,
o amar para llevarles la contraria.
Pero repito, no hay que olvidarse
Pero repito, no hay que olvidarse,
amar es obligatorio, es un deber evolutivo,
amar para preservar la especie humana
de tener los ojos blancos, muñón de brazos
o manos descalzas,
amar, al fin y al cabo, para que siga viva la leyenda
de que una vez amamos los humanos.

 En la salud y en la enfermedad (2004)





贷款 PRÉSTAMO



我不属于在何人。
我调幅并非矿。
在活借了我,
但是她将把我还给自私
的死亡的相子。

Yo no soy de nadie.
Por no ser, no soy ni mía.
La vida me tomó prestada,
pero me devolverá a la urna
de la muerte usurera.


离开马可 DEJAR HUELLA




他上楼了飞。
她跟随了他更慢。
孩子上升了第一步,他问:
这马可是谁的?

Él subió las escaleras casi volando.
Ella le siguió más despacio.
Cuando el niño subió su primer escalón preguntó:
¿De quién es esta huella?


记得 RECORDAR




她向前看,
她返回了,向前看。
她躺在上,
翻下lian ,向前看。
那 shi ,她站起来了,她镜子里看自己,
她回头看。

Ella miró de frente,
se giró y miró de frente,
se tumbó y miró de frente,
se puso boca abajo y siguió mirando de frente.
Después ella se levantó, se miró en el espejo
y volvió la vista atrás.


键忘 OLVIDO




键忘不存在。
她忘记 了她的名字。
今天她在逛,她看街道,她感到激动。
她忘记 了她的名字。
或许她不记得,
但是键忘不存在。

El olvido no existe.
Ella olvidó su nombre.
Hoy paseando vio una calle y se estremeció.
Ella olvidó su nombre.
Quizás nunca lo recuerde,
pero el olvido no existe.


声音 VOZ




声音在寂静里,
当我看时,我讲话,
我看见的按静的上午。

En el silencio está la voz.
Hablo cuando miro,
callo cuando veo.


过去 EL PASADO



每天我起来,我不知道在晚上发生什么。我张开我的眼睛,我想:
我不做什么了? 过
每天晚上我睡觉,我不知道在白天发生什么,我想:
我不做什么了?

Cada día me levanto y no sé que ha ocurrido durante la noche. Abro los ojos y pienso:
¿Qué me he perdido?
Cada noche me acuesto y no sé qué ha ocurrido durante el día. Cierro los ojos y pienso:
¿Qué me he perdido?


诗 POESÍA 峙




峙是和水并且喝醉,
峙㖷发烧并且在水下唱歌了,
峙是感冒了,
峙是吃并且饿,
峙是我的;
我饿。

La poesía es beber agua y emborracharse,
la poesía es tener fiebre y cantar bajo la lluvia,
la poesía es acatarrarse,
la poesía es comer y tener hambre.
La poesía es mía;
yo tengo hambre.



Poemas del libro La caja china escritos en chino y traducidos al español y publicados en el blog: http://lacajachina.blogspot.com (ambas versiones son de la autora)



HAZME ESCRIBIR QUE AMO A LOS HOMBRES.



  Cuando leas esto, yo que ahora soy visible,
   me habré vuelto invisible.     
                                                                                                                           Entonces, tú serás compacto y realizarás mis               
poemas volviéndote hacia mí.

Hojas de hierba. Walt Whitman


Hazme escribir que amo a los hombres.
Amar al hombre por el hombre.
Como un animal inmune a los fusiles.
Sé que no he de temer al domador de los labios ni al trapecista que torpemente trepa la punta de su lengua para escuchar el eco de los aplausos.
Sé que no he de temer a los falsos tolerantes que llaman insolidaria a la razón de otros.
Sé que no he de temer a los traficantes de cerebros ni a los blanqueadores de la carne y las venas de carbón.
Porque he de amar al hombre por el hombre,
en la escenografía impuesta por los coreógrafos de los números mal calculados.
en el verde apagado de los árboles drogadictos,
en la verticalidad de las casas anoréxicas que adelgazan sus paredes con el ayuno de las visitas y sacuden sus manteles por los balcones para que nadie crea que han cenado solos.
Aún así,
he de amar al hombre por el hombre.
Transitar los estratos de las calles como un vagabundo que deja su canto en Central Park a cambio del poso de los labios en el vino.
Ser una malabarista urbana danzando con los astros en los semáforos verdes frente a rostros helándose sobre el felpudo de la hierba enterrada.
Ya sé que no se detienen los coches aparcados.
No se detienen porque los pies de los transeúntes se han mimetizado con las ruedas.
Y aún así,
he de amar al hombre por el hombre.

Podría llamar alma a la maquinaria de los átomos,
conciencia a la manivela que mueve los brazos y las piernas,
hombre, al hijo bastardo de la vida y de la muerte peleándose por su custodia en el juicio de las sombras.
O quizás,
podría llamar hombre al terrorismo de las células,
alma al talento del redentor,
sociedad al voto amañado en el referéndum del espíritu,
y conciencia a la vieja honra abandonada en los andenes.
Porque aún no puedo amar al hombre por el hombre despego las hojas entre la hierba aglutinada.
Leo un poema donde se habla del hombre, el alma, la sociedad y la conciencia y salgo a la calle.
Busco una explicación en la maleza de los parques.
Pero no la encuentro.
Aún así sigo buscando, como ordena el mensaje en el tapón de un refresco.
Y al final lo encuentro.
El amor está en lo invisible,  ahora lo entiendo, como el bálsamo que dejan los pinos en los entierros o la exhalación de los incensarios en las catedrales.

Por eso y pese a todo,
he de amar al hombre por el hombre.
Está escrito en la conciencia de cada hoja y en toda la hierba.



Inédito


Beatriz Russo



Beatriz Russo, poeta invitada, Ancile