jueves, 19 de enero de 2017

LAS NOCHES DEL CENTINELA

Tengo el placer de mostrarles para la sección, Poesía, del blog Ancile, una muestra de la partitura de una de las composiciones que, Amparo Fabra, ha tenido a bien utilizar para componer tres canciones para piano y soprano, basándose en poemas del libro, Pan y leche para niños, y que reúne en un conjunto de tres canciones que titula, De niños. El poema que recogemos aquí es el titulado, Las noches del centinela. Las grabaciones se hicieron  en la NV Factory-NV Recording Studios, de Nueva York, en Mayo de 2016. Al piano estuvo Adam Kent, y la voz la puso la espléndida soprano Angelica de la Riva.
Las canciones vieron la luz pública por vez primera en el Part of the Composer Now Festival de la National Opera Center, de la ciudad de Nueva York, en febrero de 2014, en la que también interpretaron las obras de Amparo Fabra, el pianista Adam Kent y Angélica de la Riva como soprano.


Las noches del centinela, Francisco Acuyo, Amparo Fabra




 LAS NOCHES DEL CENTINELA




Las noches del centinela, Francisco Acuyo, Amparo Fabra



Para Robertito, en un día feliz


ESTA noche la lluvia
en la ventana
tras caliente cristal
su aliento exhala.

La soledad del vaho
anhela el agua
que en silencio de amor
impregna un alma:

El espíritu del
aire que clama
esta noche de nieve
en tu ventana,

con sus dedos etérea
señal de escarcha
en el jardín dibuja
de madrugada.

Esta noche de frío
en la ventana
asoma su silueta
tenue de plata.

tras caliente cristal
su aliento exhala,
y sueña una magnolia
entre sus sábanas.


Está solo en el vaho
y anhela un alma
gemela en el hogar
que arde en tu casa.

Quiere como la lluvia
de tu ventana,
en silencio rodar
siendo la lágrima

que cae dibujando
húmedo un mapa
que tiene entre tu lecho
la encrucijada.

Cada noche el invierno
de la montaña
a tu puerta la niebla
densa traslada.

¿No escuchas un murmullo
en la distancia
que, fragor belicoso,
en tu ventana,

esta noche de lluvia
pide venganza,
que detrás del cristal
su aliento exhala?

¿No presientes los tibios
dedos que alcanzan
un tanto en tu mejilla
con luz tan cálida?

Y una sombra suspensa,
sobre la cama,
a tu rostro en silencio
su aliento exhala.

¡Despierta, hijo, despierta!
despierta y alza
del sueño tenebroso
que tiene helada

la mejilla de rosas
y porcelana,
mira cómo te mira
querida tu hada;

acaricia tu pelo,
besa tu cara,
cuenta un cuento que empieza
esta mañana:

esta noche la lluvia
en la ventana,
tras caliente cristal,
su aliento exhala.




                    Francisco Acuyo, de Pan y leche para niños, 3ª edición aumentada, 2016.




Las noches del centinela, Francisco Acuyo, Amparo Fabra



sábado, 14 de enero de 2017

PERCEPCIÓN Y CATEGORÍAS, DE LO INNATO Y LO CONCEPTUAL EN MATEMÁTICAS Y POESÍA

Prosiguiendo para la sección del blog Ancile, Poesía y matemáticas, en las relaciones y las diferencias entre la poesía y las matemáticas, ofrecemos el trabajo titulado: Percepción y categorías, de lo innato y lo conceptual en matemáticas y poesía.


Percepción y categorías, de lo innato y lo conceptual en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo




PERCEPCIÓN Y CATEGORÍAS, DE LO INNATO

Y LO CONCEPTUAL EN MATEMÁTICAS Y POESÍA




Percepción y categorías, de lo innato y lo conceptual en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo



CUANDO indagamos sobre los significados que, supuestamente,  retendríamos de forma innata los seres –conscientes- humanos a la hora de nombrar ciertas vivencias elementales que rigen para, por ejemplo, dar razón  de nuestra orientación en el mundo (espacio temporales, digo, estar erguido, andando, parado, sentado …), estimamos que son desde luego primarias, vívidas y vividas y que, en cuanto que tratamos de nombrarlas, aun cuando su significado tenga rasgo de carácter prelingüístico, nos reconocemos en ellas perfectamente adaptados, conectados concordemente.
            De lo anteriormente dicho es importante destacar la expresión, dar razón, para, digamos, vivencias de orden elemental aplicadas al concepto mediante el que aquellas adquieren significado. Este inciso es fundamental porque veremos con posterioridad que, junto a las similitudes de la poesía con la matemática, será precisamente en virtud de este rasgo desde donde podamos constatar también las diferencias más evidentes entre ambas, y es que aquellos procesos racionales, lógico conceptuales, muy bien no tienen por qué asumirse en el ámbito poético, el cual, incluso se desvía en el uso mismo gramatical recomendado por la reglas –lógico conceptuales- que rigen en la lengua ordinaria –estándar-. Esto es así porque el discurso poético se separa de aquellos procesos lógico legales (de la gramática, decíamos, también de la misma semántica –propia del sentido común o racional-) que caracterizan su singular constructo lingüístico estructural.
            En matemáticas, cuando hablamos de números individuales, aceptamos con toda naturalidad la inmaterialidad de su entidad lógica, esto se ve reforzado cuando comprobamos que la misma aritmética (trasladada al ámbito material del, por ejemplo, operar con manzanas sumándolas o restándolas) tiene su fundamento en la lógica, por lo que dichos guarismos pueden perfectamente no
Percepción y categorías, de lo innato y lo conceptual en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo
ser referidos a objetos cualesquiera, dejando el ámbito de la misma lógica fuera del ser objeto de algo.[1] En los fundamentos legales de la lengua se asientan claramente presupuestos lógicos para la estructuración del lenguaje, manifiestos en los supuestos gramaticales sobre los que construir el andamiaje estructural de la lengua. En la poesía, estas estructuras se colocan, si no en tela de juicio, sí como una realidad que precisa otra forma de interpretación adecuada mediante la que explicar su naturaleza especial y estos desvíos propios del discurso poético[2]. No obstante,  recurriendo a una filosofía matemáticamente aplicable –de nuevo recurrimos a la kantiana- veremos que, en poesía se asume, en su ejercicio creativo y expresivo tanto el juicio a posteriori kantiano  (propio de la experiencia) y el a priori (como aquellos no reducibles o deducibles a lo estrictamente empírico), sustentados fundamentalmente a través del símbolo –el símbolo poético, que no estará necesariamente contextualizado, como en la lógica matemática, sino abierto al enlace y a la integración analógica y metafórica de los significados- y que puede también representar valores o entidades no materiales: amor, pesadumbre, trascendencia, valores éticos diversos…, constatándose en su discurso (sobre todo a través de los elementos irracionales o fuera del curso convencional racional del mismo) como sustancia fundamental de su dinamismo y naturaleza.
            En otros lugares de este espacio hablaba de la poesía como pensamiento salvaje,[3] en tanto que aquella se sustenta tanto en un reconocimiento primario preconceptual –simbólico-, sensorial y empírico, como especialmente –poéticamente- racional, manteniendo una relación muy singular, no obstante, con las categorías racionales o científicamente conceptuales. Las relaciones que establece nuestro intelecto de forma ordinaria en la organización del mundo son reconocidas a través de categorías –agrupaciones de objetos y acontecimientos diferentes- para su descripción y entendimiento, desde Aristóteles a Kant; para la lógica y la matemática se ofrecen, con todas sus controversias, de manera claramente reconocible, al margen de que exista algo innato precategorial en nuestra capacidad de percepción y conocimiento del mundo, sin embargo, en el dominio de la poesía, esto sucede de manera diferente, y no porque no sea posible establecer una lógica –particular- y unas categorías dinámicas particulares reseñables y susceptibles de una potencial taxonomía. Dicho esto, ¿será, entonces, posible una, digamos, epistemología poética?[4] Desde el ámbito de los estudios literarios, podría decirse que sí, para el poeta esto no es más que una falacia imposible, y esto deriva del hecho de que el análisis, la autopsia, hecha por el artefacto forense analítico de algo vivo conlleva, inevitablemente,  su destrucción y la desvirtuación de su singular naturaleza  y de su dinámico, orgánico y vivo objeto.
            Veremos en entrada próxima de manera más puntual lo que aquí hemos tan rudimentaria como urgentemente expuesto.



Francisco Acuyo
           
           



[1] Así lo estimaba Russell, ya que habría que demostrar que aquello referido a este o aquel objeto sujeto al proceso lógico aritmético –suma, resta… de manzanas- está deducido de supuestas relaciones –entretejidas- con aquella deducción aritmética basada en la lógica, por lo que se precisarían contextos que no necesariamente implicarían que tales objetos mentales existan
[2] Véase, por ejemplo, en el blog Ancile:  Lenguaje y poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/08/lenguaje-y-poesia.html o Una poética semiológica: http://franciscoacuyo.blogspot.com/2014/07/una-poetica-semiologica.html
[4] Retórica, hacia una nueva epistemología, 1, Blog Ancile,  http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/02/retorica-hacia-una-nueva-epistemologia.html


Percepción y categorías, de lo innato y lo conceptual en matemáticas y poesía. Francisco Acuyo

miércoles, 11 de enero de 2017

DE LO INNATO Y LA EXPERIENCIA EN EL SIGNO (POÉTICO Y MATEMÁTICO)


Traemos para la nueva sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile el post titulado: De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático).


De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo
De Igor Morski



DE LO INNATO Y LA EXPERIENCIA

 EN EL SIGNO (POÉTICO Y MATEMÁTICO)




De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo



Se dice que el lenguaje humano tiene la característica de ser innato[1] por lo que, lejos de ser un producto del aprendizaje y la asociación[2], proviene de un módulo neurocerebral (órgano del lenguaje) que permite el aprendizaje y el uso del lenguaje de manera instintiva, así como la existencia de una suerte de reglas universales –gramaticales- que rigen bajo unos principios generales abstractos. Dicha gramática (generativa o pura) incluía reglas innatas que permitirían construir infinitas frases con un número finito de elementos. Las reglas lógico sintácticas -sean o no innatas, ya avisamos en la nota dos de la controversia abierta con las nuevas visiones lingüísticas al respecto- del lenguaje han de servir (como las usadas en las matemáticas) para proceder al esquema con el que referirnos al objeto (material o ideal) sobre el que pretendemos obtener algún entendimiento[3]. Para el caso de las matemáticas (por ejemplo en la geometría), es fácil en tanto que bastaría con una intuición –pura- de la figura en el espacio, que muy bien puede proceder directamente de nuestro entendimiento; cosa bien distinta sería trazar un esquema de objetos materiales desconocidos (o no), a no ser que existiera un repertorio material innato (formas ideales platónicas)  en nuestra mente de todo lo que en el mundo existe. En cualquier caso también
podría firmarse que la capacidad de reconocer y de crear patrones (matemáticos) del ser humano bien podría ser también innata. El caso es que volvemos en este punto a la interrogante de la anterior entrada y que se refiere a cómo se procede en la generación del constructo interpretativo o interpretado de algo no percibido nunca antes.
                En cierto modo las relaciones y diferencias entre la matemática pura y la aplicada participan de esta misma problemática lógico lingüística. Es claro, según advertíamos en anteriores trabajos,[4] la percepción experimental es limitada y falsea en muchas ocasiones la interpretación, por lo que la intuición pura (matemática y poética) necesita de una vía de integración positiva para comparecer ante la realidad exterior que, en palabras de Umberto Eco, precisaría de una faceta contractual[5] para una noción más aproximada de aquella en nuestras interpretaciones y, que, veremos,  tiene mucho que decir en relación al discurso poético, el cual enlaza acaso con el primitivo más arcano de todos cual es el ser sobre el cual  nos estamos refiriendo ya que sabemos que entes de razón y materiales incluyen aquello a lo que podemos referirnos (hablar, conceptualizar), amén de poder insertar lo hipotético o posible o de lo que se puede decir algo. Mas será este algo el que induzca a la utilización de los diferentes signos (lingüísticos, lógicos, matemáticos…) porque es preciso referirse a él, al algo que necesita de nuestra atención y da lo mismo que tenga consistencia física, material o no, cuestión que puede servirnos para contemplar la relación entre los constituyentes puros de la matemática (y veremos los de la poesía) como igualmente existentes que aquellos a los cuales se puede aplicar como forma física y sus potenciales relaciones materiales en matemáticas, emocionales (psicológicas), ideales (filosóficas), vivenciales, trascendentes (simbólicas)…. en poesía.
                Si el ser es algo que se dice (matemática o poéticamente), aquí no nos interesa (y no por no ser harto interesante) la cuestión metafísico filosófica del mismo, nos compete aquí atender al poder enorme del signo lingüístico (en el lenguaje poético) y el lógico matemático para la revelación de lo que es el ser, o lo que es lo mismo, aquello no sujeto al devenir caótico de las sensaciones y a la aniquilación que conllevan de consuno, interesa lo que en verdad dura y es aquí como muy bien señalaba Eco[6], donde reside el vasto y raro dominio –creativo- de los poetas.
                Abundaremos sobre este y otros aspectos del signo (matemático, lógico y sobre todo poético) en próximas entradas.



Francisco Acuyo




[1] Chomsky, A.N.: Estructura lógica de la teoría lingüística, tesis doctoral, 1975.
[2] No hace mucho que la teoría chomskiana se ha puesto en tela de juicio así como su Gramática Universal, sobre todo por la denominada lingüística del uso, que rechaza la idea del módulo gramatical innato, y su lugar lo ocuparán diversos recursos cognitivos que no tienen que ver con el mismo lenguaje como las capacidades para  ordenar el mundo en categorías y discernir relaciones entre diferentes objetos. Más tarde incidiremos sobre esta interesante y nueva aproximación en el ámbito de la construcción del lenguaje, sobre todo en el lenguaje poético.
[3] Acaso con esta nueva visión se pone en evidencia las relaciones entre la matemática pura y la gramática generativa (pura) y la matemática aplicada con la nueva lingüística del uso, analogía que no parece agotarse, aunque nosotros, por ahora, sólo señalaremos.
[4] Ver El signo lingüístico (poético), lógico y matemático: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/el-signo-linguistico-poetico-logico-y.html De las formas y objetos matemáticos a los signos y símbolos poéticos: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-las-formas-y-objetos-matematicos-los.html, Del número y la realidad (muy brevemente: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html
[5] Eco, U.: Kant y el ornitorrinco,  De bolsillo, Barcelona, 2013, p. 17.
[6] Eco, U.: nota 3, p. 51.




De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo

sábado, 7 de enero de 2017

EL SIGNO LINGÜÍSTICO (POÉTICO), LÓGICO Y MATEMÁTICO

Prosiguiendo con la línea argumental de anteriores post de la sección, Poesía y Matemáticas , del blog Ancile, traemos la entrada que lleva por título, El signo Lingüístico (poético), Lógico y matemático.

El signo Lingüístico (poético), Lógico y matemático. Francisco Acuyo
De Flora Borsi



EL SIGNO LINGÜÍSTICO 
(POÉTICO), LÓGICO Y MATEMÁTICO



El signo Lingüístico (poético), Lógico y matemático. Francisco Acuyo
De Flora Borsi


SIGUIENDO el hilo de la anterior entrada hacemos en esta, no obstante, un inciso por llevar una breve  declaración de intenciones fundamental para entender estos trabajos (acaso tan peculiar y aparentemente inconexos para el lector no avisado, entre matemáticas y poesía), a saber: que la problemática que tratamos es tan vieja como descomunal, pues desde muy antiguo hasta nuestros días trae de cabeza no solo a los científicos –últimamente y en especial a los cognitivistas-, sino a cualquiera interesado por las relaciones en general entre la mente y materia y, particularmente, en aquello que se refiere al modo en el que asignamos nombres a las cosas, así también sobre cómo las distinguimos unas de otras y, desde luego, cómo interrelacionamos ideas abstractas con percepciones provenientes del mundo material, las cuales incluso -¡a priori de su percepción!- describen fascinantemente estructuras y dinámica de la misma materia; es evidente que, con toda humildad, lo que pretendemos no es resolver esta obsesiva cuestión para el saber no sólo científico, también filosófico de la humanidad (o de cualquier ser consciente) sobre estas relaciones y su fascinante naturaleza que, como decíamos, se mantienen hoy día sin una resolución definitiva.
                  ¿Dónde sucede el fenómeno de la designación, distinción, construcción… del mundo percibido o imaginado por nuestra conciencia?[1] Nuestro sistema neuronal, como soporte físico (orgánico) de aquella, poco parece decirnos al respecto, al margen de las descripciones topográfico neuronales de las nuevas tecnologías[2] que reproducen topográficamente el funcionamiento del cerebro, aunque, en cualquier caso, no es este el motivo de nuestro debate. A nosotros nos interesa el espacio y el tiempo en el que suceden estos modus operandi de la exégesis que hacemos del mismo, sobre todo ante aquellos objetos nunca antes sensiblemente reconocidos (así, los matemáticos puros y también los éticos, estéticos, trascendentales…) y su extensión supuestamente reconocible por nuestros sentidos.
El signo Lingüístico (poético), Lógico y matemático. Francisco Acuyo
                  Parece que en matemáticas esto es algo mucho más fácil de entender, sobre todo en el ámbito de la matemática pura, al fin y al cabo (para el no iniciado en esta ciencia) el número es algo inconsistente si no es aplicado al ordinario y pragmático transcurso de la vida, recordemos aquel 1 + 1 = 2, que no es nada sino lo relacionamos, por ejemplo, con la adición de una más una manzanas, cuyo resultado de dos manzanas es físicamente costatable. Me parece oportuno hacer una advertencia sobre un asunto capital en relación a esta temática, recordando que Platón y Aristóteles mantenían una concepción de la matemática bien diversa a la de Leibniz: no son parte de ningún objeto eterno particular –las Ideas o Formas platónicas, y tampoco de objeto idealizado como producto de la abstracción –Aristóteles-, para Leibniz su argumentación es puramente lógica, y radica en que la negación del objeto matemático es sencillamente ilógica y, por tanto, imposible. Este argumento nos parece muy oportuno, insistimos en ello,  porque nos sirve para elaborar una línea de razonamiento con la que establecer las diferentes analogías que nos proponemos establecer con la poesía y el modo en que se relaciona con el proceso poético de interpretación, descripción e interacción del mundo.
                  Más tarde sería Kant quien, disintiendo de la argumentación leibziana sobre la realización puramente lógica del signo matemático puro, establezca (a través de sus proposiciones sintéticas a priori)[3] que la percepción sensorial no es necesaria para el reconocimiento de una potencial realidad –abstracta-, no obstante de ser necesarias para describir el mundo físico (en las ciencias de la naturaleza y, sobre todo, en la física) pues de ellos depende (digo, de esos juicios puros a priori) posibilitar una experiencia objetiva. Hay que añadir que cualquier percepción objetiva obtenida se sitúa, como adelantábamos, en el ámbito espacio temporal y la materia en la que ambos se instalan y localizan y, donde se encuentra pues, la materia detectada por nuestra percepción. ¿Funciona la proposición o juicio poético de manera análoga al matemático? ¿Cómo construye el concepto poético su postulado en relación a sí mismo –como creación mental- y la realidad perceptual? Recordamos que en matemáticas se llega de tres formas diferentes a explicar esta relación entre el concepto puro abstracto y la realidad[4] que obtenemos a través de la percepción, a saber: la lógica, la propia de la ciencia de sistemas formales –formalismo- y la matemática como actividad de las construcciones intuitivas –intuicionismo-[5]. ¿Es posible una equiparación a la manera de construir el verso y el poema? El signo lingüístico y el matemático tienen mucho que decir al respecto. En posteriores post incidiremos sobre esto.



Francisco Acuyo




[1] Dejaremos al margen las cuestiones planteadas al respecto por la neurociencia (sobre todo por la más radical materialista, e invitamos a consultar otros post al respecto de si la conciencia es o no un epifenómeno del cerebro?. Véase por ejemplo: Naturaleza del pensamiento humano, en este mismo blog. http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/10/naturaleza-del-pensamiento-humano-la.html
[2] Por ejemplo la Tomografía por emisión de positrones entre otras técnicas.
[3] Véase: Del número, la realidad a la poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html o De las formas y objetos –matemáticos- a los signos y símbolos –poéticos-: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html
[4] Es importante aclarar que es tan real lo percibido como aquello que tiene su –singular- sustancia en nuestra mente como idea matemático –y no matemática- abstracta.
[5] Fregel, Russel (con sus sustanciales diferencias) y sus sucesores son representantes del logicismo matemático según el cual rige en matemáticas las leyes generales de la lógica además de definiciones que finalmente se formulan con aquella. Hilbert será el representante más destacado del formalismo científico matemático que pretende una teoría congruente, al margen del logicismo, amén de ser capaza de formalizar todo lo que en matemáticas es susceptible de ser formalizado. El intuicionismo matemática, establece igualmente sus proposiciones al margen de la lógica, estableciendo que todas ellas nos siempre proposiciones a priori, por lo que, a diferencia del formalista que piensa que toda su formalización se realiza en el mundo físico, las del intuicionista se realizan en la mente.




El signo Lingüístico (poético), Lógico y matemático. Francisco Acuyo

martes, 3 de enero de 2017

DE LAS FORMAS Y OBJETOS –MATEMÁTICOS- A LOS SIGNOS Y SÍMBOLOS –POÉTICOS-

Para la sección, Poesía y matemática, del blog Ancile, traemos la entrada que lleva por título, De las formas y objetos -matemáticos- a las signos y símbolos -poéticos-, abundando en la misma temática del post anterior de esta sección.

De las formas y objetos -matemáticos- a las signos y símbolos -poéticos-, Francisco Acuyo




DE LAS FORMAS Y OBJETOS –MATEMÁTICOS-
A LOS SIGNOS Y SÍMBOLOS –POÉTICOS-



De las formas y objetos -matemáticos- a las signos y símbolos -poéticos-, Francisco Acuyo


AQUELLOS objetos eternos (1, 2, 3…) como Formas aritméticas para Platón, junto a aquellas otras (Formas) geométricas (punto, línea, círculo…), establecieron (al margen de las discusiones interpretativas de aristotélicos y platónicos al respecto) un debate en verdad nada baladí para las matemáticas, ya que sobre las relaciones entre unas y otras Formas se acabaría derivando la distinción capital entre la matemática pura y la aplicada, es decir, entre aquellas proposiciones ciertas de la aritmética y de la geometría como necesariamente ciertas, y que describen relaciones invariables que no pueden ser captadas por los sentidos, sino por la razón[1] y las de la matemática aplicada, en tanto que esta está contenida en objetos sujetos a la experiencia sensible y a sus derivadas relaciones. Sin entrar en las diferencias expresadas por Aristóteles al respecto de aquellas Formas (para el discípulo de Platón, la Forma no era distinguible de la materia empírica a la que se aplicaba), no deja de resultar muy interesante la analogía con el mundo del lenguaje y, sobre todo, con el relativo al que se circunscribe el ámbito del lenguaje poético (y su descripción simbólico semiótica).
                El viejo problema tan debatido sobre cuándo y cómo interviene –la conciencia- en un proceso de reconocimiento (semiótico) frente a un fenómeno nunca antes (sensiblemente) reconocido, la doctrina de Peirce establece, casi como dogma, que el reconocimiento del signo deriva de un proceso perceptivo (en contra de cualquier intuicionismo matemático cartesiano), por lo que el signo poético u ordinario deriva siempre (hipotéticamente) de la experiencia o de conocimientos previos aportados por el elemento empírico. ¿Significa esto que debemos rechazar cualquier esquema, por frágil que fuese, anterior a la experiencia y propio de la Forma o la Idea proveniente de, digamos, un mundo de lo no perceptivo que es ampliamente aceptado en matemáticas?
                El elemento lógico en matemáticas, aun siendo controvertido en muchos aspectos que no detallaremos ahora, es un factor esencial para la deducción de las formas puras (aritméticas y geométricas) así como en su aplicación perceptiva, pero, ¿es posible encontrar un elemento análogo
De las formas y objetos -matemáticos- a las signos y símbolos -poéticos-, Francisco Acuyo
en el constructo lingüístico literario y sobre todo en el poético? ¿Puede inferirse una lógica poética (que vaya más allá de la que se infiere de las normas gramaticales, métricas, retóricas…) análoga a la que se implica en la ciencia matemática? Los axiomas, postulados, definiciones, teoremas se dice (Leibniz) que son verdades de razón, cuyas proposiciones idénticas implican que sus opuestos sean expresamente contradictorios; ¿es posible una razón –poética- (además de la reconocida en sus interacciones y reglas lingüísticas) que nos sirva de consideración expresa para dilucidar una similitud con la matemática?
                Parece inevitable que al tratar cuestiones de esta índole despunte en el horizonte filosófico la figura gigantesca de Kant y su Idealismo Trascendental, expreso en sus juicios o proposiciones (analítica-o-s[2] y sintética-o-s –a posteriori, o, a priori-), siendo estos últimos, los apriorísticos[3], los que encierran una peculiar singularidad, en tanto que no necesitan la experiencia para confirmar su existencia informativa y universal (como así sucede en las matemáticas puras y la física teórica). Discusión que no ha pasado desapercibida en el ámbito mismo de uno de los aspectos más profundos del lenguaje, cual es la misma semiótica, así se reconoce una semiosis implícita a la hora de distinguir entre juicios analíticos y sintéticos[4] (también en Antropología), y que llega a la conclusión, incluso, que se puede leer la misma Lógica desde esta óptica semiótica. Pero, ¿en qué media afecta a la poesía como fenómeno creativo expresivo literario y lingüístico? Está claro que en la misma que afecta a cualquier tipo de lenguaje y que viene a radicar (al margen de las peculiaridades que le son comunes a la poesía, de las que hablaremos más tarde) en la interrogante ¿cómo asignamos los nombres a las cosas?[5]
                Veremos en próxima entrada cómo las (dos) proposiciones a priori kantianas (intuitivas y discursivas)[6] inciden en el lenguaje en general y en el poético en particular, y de su estrecho vínculo con el mecanismo y dinámica de la matemática (pura).



Francisco Acuyo



[1] Körner, S. : Introducción a la filosofía matemática, Siglo XXI edt. México, 1967, p. 13.
[2] Las proposiciones analíticas, recordemos, exigen que su negación sea contradictoria, o lo que es lo mismo, el significado del concepto predicado está incluido en el sujeto y no añaden nada nuevo –no son extensivos- sobre el conocimiento que teníamos del sujeto (ejemplo: los triángulos tienen tres lados); las sintéticas, el concepto del predicado no está incluido en el del sujeto y añaden información, por lo que se dice que son extensivos, a posteriori, son las que son empíricas o necesitan de una confirmación perceptual, mientras que las a priori son independientes de la experiencia (matemáticas puras y la Física Teórica)
[3] Kant, E.: Crítica de la Razón Pura, Losada, Buenos Aires, 1973.
[4] Eco, U.: Kant y el ornitorrinco, De bolsillo, Barcelona, 2013, p. 93
[5] Ibidem, p.94.
[6] Las intuitivas se relacionan con la estructura de la percepción y del juicio perceptivo, y las discursivas con la función ordenadora de las nociones generales.



De las formas y objetos -matemáticos- a las signos y símbolos -poéticos-, Francisco Acuyo