jueves, 16 de febrero de 2017

LA POESÍA: EN EL ESPEJO DE LAS MATEMÁTICAS: LOS LÍMITES DEL LENGUAJE

Para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile, la exposición titulada, La poesía: en el espejo de las matemáticas: los límites del lenguaje.




La poesía: en el espejo de las matemáticas: los límites del lenguaje. Francisco Acuyo, Ancile


LA POESÍA: EN EL ESPEJO DE LAS MATEMÁTICAS:

 LOS LÍMITES DEL LENGUAJE




La poesía: en el espejo de las matemáticas: los límites del lenguaje. Francisco Acuyo, Ancile


El impacto del  teorema de la incompletitud[1] ante los intentos de organizar un programa formal metamatemático (Hilbert, como el más conocido e ilustre promotor), fue realmente enorme. El intento de formalizar de manera universal un lenguaje último matemático capaz de demostrar la consistencia de las teorías matemáticas como realmente completas y semánticamente decidibles acabaría poniéndose en tela de juicio. Kurt Gödel acabaría demostrando que el sistema formal de la aritmética es incompleto,[2] por lo que es imposible un cálculo exhaustivamente completo. A través de la máquina de signos de la aritmética no nos es posible construir un sistema axiomático mediante el que se pueda inferir todos los potenciales enunciados válidos para la aritmética. La revaluación del sistema matemático lleva aparejada la necesidad de enfrentar el hecho del reconocimiento, no de un solo programa o lenguaje matemático, sino la realidad de diversos y plurales lenguajes y sistemas[3]. Se ponía pues, en evidencia, los límites del lenguaje incluso en el estricto ámbito matemático. Para poder superar este grave inconveniente expresivo matemático se trató de hacer posible la coexistencia de varios sistemas en virtud de la teoría de conjuntos,[4] no siendo esta la única vía que intentó la superación de la crisis[5].
                La problemática expuesta, ponía en evidencia la ineptitud de una visión mecanicista del lenguaje formal matemático que lleva al científico de las matemáticas a asumir que habrá muchos casos en los que sólo podremos hacer conjeturas. Esto es de una importancia enorme, en tanto que no solo afectaría a la misma línea de flotación de los fundamentos formales de la matemática, sino también de la misma lógica. Habida cuenta de esto es claro que la lógica que fundamenta las estructuras lingüísticas podría correr la misma suerte con mayor razón, a tenor de su naturaleza menos rigurosa y subjetiva. Todo esto sin entrar en la revolución algorítmica de Church y Turing[6] (que acabaría conformando un lenguaje mecánico formal) que, por cierto, también acabaría sucumbiendo, ya que no era posible de superar el problema lógico de la indecibilidad, todo lo cual acabaría por fortalecer el teorema de Gödel.
                Ahora bien, ¿significa esto que el discurso de las ciencias empíricas –amparado en las matemáticas-  sea también indecible? Debemos recordar que no necesariamente necesitamos la totalidad de las teorías matemáticas para aplicar, por ejemplo, a hechos físicos concretos, así como que los fundamentos lógico-matemáticos no necesitan estar conectados con la realidad perceptual y empírica. Se colige de esta reflexión de que en
La poesía: en el espejo de las matemáticas: los límites del lenguaje. Francisco Acuyo, Ancile
realidad, estamos utilizando sistemas concretos matemáticos (decíamos también algorítmicos o informáticos) para la resolución de problemas concretos. Así las cosas, el lenguaje matemático y el de las ciencias naturales fundamentado en él –en lenguaje matemático- nos aproxima a la realidad, pero, ¿lo hace limitadamente? La incompletitud y la indecibilidad nos dice que, efectivamente, el lenguaje lógico matemático fundamentado en sus signos característicos es insuficiente para responder a todas las inquietudes de la mente humana, y aquí es donde entran, a su vez reconociendo las limitaciones lógicas de cualquier lenguaje, la dinámica conceptual especial y simbólica de la poesía (que comparte principios y mecanismos con la filosofía metafísica y el universo del mundo de lo  inconsciente y de la simbología mítica y religiosa).
                El sujeto o la conciencia hoy sabemos que interfiere en el procesamiento de las observaciones empíricas, poniendo en tela de juicio, si no su objetividad[7], sí la realidad indivisa e independiente de lo observado respecto del sujeto observador. La linealidad del lenguaje –ordinario o estándar, también el literario y científico- y sus insuficiencias precisan de un lenguaje integrador y desde luego no lineal, encerrado en estructuras deterministas y más acordes con la realidad del mundo, ese lenguaje es precisamente el poético cuyo dinamismo refleja un sistema cuya peculiar racionalidad –y a veces irracionalidad- de entendimiento que maneja signos y símbolos cuya epistemología[8] -poética- desde siempre ha abierto vías de entendimiento complementarias que acaso hoy empezamos a olvidar.
                Indagaremos sobre el lenguaje y la potencial epistemología poética en otras entradas, ya que empieza, no obstante de la frivolidad e ignorancia de los tiempos que tanto nos agobian y perturban, y a raíz del reconocimiento de aquellas limitaciones de los lenguajes lógico formales, a ofrecer respuestas a los acaso pocos interesados en algo tan capital como es saber quiénes somos y hacia donde vamos en el trajinado tránsito existencial nuestro.




Francisco Acuyo





[1]  Gödel. K.: Sobre proposiciones formalmente indecibles de los principia mathematica y sistemas afines, Teorema, Valencia, 1980.
[2] Ambos teoremas está relacionados con la existencia de proposiciones indecibles en ciertas aproximaciones en la aritmética. El primer teorema dice que no es posible, bajo unas determinadas condiciones ninguna teoría puede describir números (naturales) y en la aritmética y ser consistente y completa. El segundo teorema nos dice (relacionado con el primero) que si fuese consistente no podría ser demostrado en virtud de aquellos axiomas.
[3] Surgieron escuelas diversas que trataron de afrontar esta nueva realidad expuesta por Gödel, es el caso de la escuela intuicionista y constructivista.
[4] Nos referimos a la vertiente de las matemáticas que estudia las propiedades y relaciones de los conjuntos creada Georg Cantor.
[5] Decíamos que así lo intentaron la escuela intuicionista y constructivista.
[6] La descripción formal creada por Church y Turing sobre los algoritmos que puede manejar una máquina acaba demostrando que es imposible demostrar el problema lógico de la indecibilidad.
[7] Física o mecánica cuántica da fe de esta realidad paradójica
[8] Acuyo, F.: Retórica hacia una nueva epistemología, I http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/02/retorica-hacia-una-nueva-epistemologia.html y Retórica hacia una nueva epistemología, II Retórica hacia una nueva epistemología, II, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/02/retorica-hacia-una-nueva-epistemologia_08.html ; Poesía: cuando las palabras son números y los números palabras, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/02/retorica-hacia-una-nueva-epistemologia_08.html


La poesía: en el espejo de las matemáticas: los límites del lenguaje. Francisco Acuyo, Ancile

martes, 14 de febrero de 2017

DEL SIGNO Y EL SIMBOLO –FORMALES- EN MATEMÁTICAS Y POESÍA

Del signo y el símbolo -formales- en matemáticas y poesía, es el título del nuevo post de la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile.



Del signo y el símbolo -formales- en matemáticas y poesía, Francisco Acuyo


DEL SIGNO Y EL SIMBOLO

 –FORMALES- EN MATEMÁTICAS Y POESÍA



Del signo y el símbolo -formales- en matemáticas y poesía, Francisco Acuyo




LAS evidencias lógicas que enuncian los signos formales de la lógica en matemáticas (por ejemplo, 2 + 2 = 4), son imprescindibles para la constitución de las diferentes ramas que conforman la ciencia matemática. Por otro lado, tenemos los signos que conforman el lenguaje de las ciencias empíricas que tratan de representar realidades que sean susceptibles de ser constatadas por los sentidos, dependiendo de estos el grado de su objetividad (por ejemplo, la célebre ecuación E = m x c 2 donde las constantes E, es la energía, m, la masa y c la velocidad). La poesía, en el desarrollo de su peculiar [1] con características genuinas que, como ya habíamos reiterado en otras ocasiones, llega a distinguirse del mismo signo lingüístico ordinario y, acaso, también del mismo que conforma el discurso literario.
Del signo y el símbolo -formales- en matemáticas y poesía, Francisco Acuyo
                EL signo y las convenciones sociales (más o menos arbitrarias) decantan los significados de las palabras, mas el signo alcanza en poesía unos rasgos de singularidad que vienen dados por la naturaleza especial de su discurso que, como también hemos señalado, viene investido en no pocas ocasiones por ese rasgo extraordinario de pensamiento salvaje[2] que marca el ser mismo, prístino, de la poesía[3], digo, que en ella, en el discurso poético, es muy frecuente encontrarnos con rasgos que no atañen o que van más allá de la mera convención social del signo en tanto que está o puede estar impregnado de intención moral, estética, trascendente, sentimental…  todo lo cual puede acabar por influir ineludiblemente en la misma interpretación semiótica de su discurso. De hecho, la palabra poética y su constructo poemático, se sitúan en el ámbito del signo (y del símbolo) que va(n) más allá de su significado formal o empírico. Se remarca en la cuestión subjetiva –personal- para la expresión de sus afectos, pensamientos, sensaciones…,  pero ineludiblemente también en la inmersión de la interrogación y búsqueda, más o menos consciente, de los principios en los que radica lo inmediato, pero también en muchos casos en la última realidad, porque acaso como en ninguna otra forma de expresión creativo artística (e incluso en el dominio de la metafísica) ambas indagaciones van unidas.
                Será por todo lo antecedido que no resulte extraño que el poema sea valorado mucho más que como un mero acto de lenguaje. Pero a lo que a nosotros interesa en este punto de la exposición es el signo y el símbolo en el que radica la estructura lingüística del verso, lo que nos lleva a enfrentarnos a la ya proverbial especialidad del lenguaje poético, y que, a nuestro modo de ver, también se sitúa un paso más allá de su función (fundamental, sin duda)  lingüística y sobre todo estética[4]. Los rasgos o caracteres singulares connotativos y denotativos[5] pueden ser en principio muy  destacables, pero es que la poesía puede (y acaso debe) situarse al margen de convenciones y estereotipos y, por qué no, de las mismas causas biográficas[6], cuestión que hace inevitable pensar en una semiología del sentido para la mejor comprensión del signo (y del símbolo) poético(s).
                Será muy necesario situar al signo y al símbolo poético en el marco más conveniente para su mejor comprensión que, en ocasiones, nos llevaría a prestar especial atención a los potenciales elementos semióticos, pero también presemióticos[7] que constituyen su discurso. La acción vital en el poema es acaso uno de los factores capitales de su constitución que, además, le van a hacer conectar de forma privilegiada con la memoria mítica y toda la compleja relación de símbolos que la constituyen. Abundaremos sobre esto en próximas entradas del blog Ancile.



Francisco Acuyo

               




[1] Acuyo, F: El yo semiótico en poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/09/el-yo-semiotico-en-poesia.html , Lenguaje y poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/08/lenguaje-y-poesia.html , Poesía: los elementos semióticos y presemióticos: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/08/poesia-los-elementos-semioticos-y.html  y sobre todo en Signo y poesía: el signo poético (vida, espíritu y poesía): http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/06/signo-y-poesia-el-signo-poetico-vida.html , entre otros trabajos al respecto.
[2] Levi-Strauss, C.: El pensamiento Salvaje, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.
[4] Mukarovsky, J.: Escritos de estética y semiótica del arte, Ed. Gustavo Gili, Col. Comunicación Visual., Barcelona, 1977.
[5] Hjemeslev, L.: Sistema lingüístico y cambio lingüístico, Versión española de Berta Pallarés de R. Arias, Madrid, Gredos, 1976.
[6] Lázaro Carreter, F.: Estudios de Lingüística, Editorial Crítica, Barcelona, 1981.
[7] Acuyo, F.: Blog Ancile,  Poesía: los elementos semióticos y presimióticos: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/08/poesia-los-elementos-semioticos-y.html


Del signo y el símbolo -formales- en matemáticas y poesía, Francisco Acuyo

sábado, 11 de febrero de 2017

EL SIGNO LINGÜÍSTICO Y MATEMÁTICO Y EL SÍMBOLO POÉTICO

Una breve aproximación al signo y el símbolo en poesía, para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile bajo el título: El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético.

 El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo


EL SIGNO LINGÜÍSTICO Y MATEMÁTICO

Y EL SÍMBOLO POÉTICO


 El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo

 LA realidad –empírica- del mundo como un hecho incuestionable abarca el objeto de entendimiento del científico (y del matemático que aplica su disciplina a la descripción de dicho objeto), como indiscutible fin –y principio- de su disciplina de conocimiento. Cualquier otro cuestionamiento al margen de este hecho no es objeto de estudio merecedor de atención para el método científico. Las indagaciones sobre los diferentes porqués sobre la interacción de nuestras conciencias con el mundo y del posible sentido de la realidad que inunda nuestras vidas se dice que es propósito de otros dominios del saber (casi siempre cuestionados por la ciencia empírica), como es la filosofía (en sus diferentes vertientes incluida o, sobre todo, especialmente discutida, la metafísica) o la religión. Veremos que la poesía (no es solo un arte literaria, sino una vía peculiar de conocimiento creativo) indaga de manera muy singular en la naturaleza de lo sensible y experimental, pero también sobre cuestiones no traducibles al ámbito de lo estrictamente sensorial, se diría incluso que intenta un saber uniabarcador –totalizador- donde el espacio y el tiempo en el que se sitúa lo experimentado, adquieren una singular carta de naturaleza.
                  Puede decirse que los rasgos matemáticos que –teóricamente al menos-  comparte la poesía, empatizan especialmente con los pitagóricos y platónicos, en tanto que la verdad –creativa y- última del número está implícita en la verdad última de lo que es cierto en el mundo. La poesía se intenta integrar muchas veces, en su afán de conocimiento e integración en el entorno, mediante la obtención de la belleza para una representación mediante la que, con su singular lenguaje (simbólico y especialmente conceptual),[1] indague la realidad y acaso las últimas cuestiones que se manifiestan no sólo en la reflexión metafísica o teológica, también en la búsqueda de la verdad (decíamos, mediante la indagación de la belleza) a través de la intuición lógica, paralógica y extralógica de la poesía. Los significados –de los conceptos-  poéticos  se sitúan en muchos casos más allá de las pretensiones lógico matemáticas de la ciencia que también confluyen en el lenguaje. El
 El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo
símbolo poético y esa peculiar lógica  del concepto poético –manifiesta, en tantas ocasiones referido, en el especial uso del lenguaje y, por tanto de su lógica- serán los que hagan de la expresión poética una senda única y genuina de entendimiento y de ser en el mundo.
                  Está claro que en muchas ocasiones es transparente que los significados poéticos son más extensos que los que se establecen mediante una relación lógico formal, y esto no sólo por el carácter singular del concepto poético (recuerden aquella lógica o ciencia de la paradoja de la que hemos hablado en otras ocasiones), también porque el símbolo –no sólo el signo- poético es también muy peculiar. El enunciado poético (como hipótesis de la realidad) no busca su verdad tanto en la comprobación empírica como en la veracidad de sus formulaciones a través de una coherencia refleja (como diría Juan Ramón Jiménez) en lo hermoso conseguido, que aspira a la armonía de la conciencia intuitiva –y su lógica subjetiva- con el mundo y con las aspiraciones que lo trasciende. Puede incluir significados que se encuentren más allá de lo experimental sensible (y que trascienden el espacio y el tiempo empíricos) y que, como decíamos, puede vincular –a lo poético- no sólo con la matemática –pura-, también con la metafísica o la religión, pues no es raro encontrar en su peculiar discurso símbolos y referencias míticas –y religiosas-[2] que la enlazan con el misterio de la existencia y del devenir y concluir de la vida.
Tampoco será extraña la indagación en poesía de conceptos tan fascinantes para el hombre como el del infinito (actual y potencial tan debatido en matemáticas) y del que hablaremos más adelante desde la óptica poética con más detenimiento, y que debate su existencia en el tiempo y el espacio como supuesta propiedad física del mundo, frente a la infinitud pura de lo matemático. El infinito es una de las visiones primigenias sobre las que ha debatido el hombre y lo ha hecho de manera singular desde la matemática, la metafísica, la religión y, desde luego, desde la poesía, y esta última lo ha hecho en virtud del manejo de símbolos y concepciones que aspiran a superar lo contingente de nuestras vidas, de hecho se dice que esa apreciación o valor de lo absoluto tiene una consistencia anterior a la articulación misma del pensamiento tal y como hoy lo concebimos y que en el prístino lenguaje del mito  (y de la poesía) es una constante.
                  De manera recurrente hemos hablado de los signos (formales de la lógica matemática) y de los símbolos intuitivos de la poesía (también de la matemática, de la lógica de la metafísica….) sin establecer unas distinciones claras entre unos y otros, entre otras razones porque no es fácil ya que tales distingos obedecen a cuestiones artificiosa cuando no espurias. En cualquier caso, en siguientes exposiciones hablaremos de este y otros asuntos de gran interés.

Francisco Acuyo

                 
                 

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[1] Especial, porque en sus presupuestos pueden dirimirse términos lógicos y otros que no tienen que serlo necesariamente (aquellos elementos irracionales tan característicos que muchas veces podemos encontrarnos en tantos versos de grandes poetas)
[2] Santayana, G.: Interpretaciones de poesía y religión, Cátedra, Madrid, 1993.


 El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo

jueves, 9 de febrero de 2017

EL LENGUAJE Y EL SER –POÉTICO Y MATEMÁTICO-

Bajo el título: El lenguaje y ser -poético y matemático-, seguimos indagando sobre el mundo de relaciones y diferencias entre el entendimiento y construcción matemático y poético, para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile.


El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo




EL LENGUAJE Y EL SER –POÉTICO Y MATEMÁTICO-





El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo


CUANDO poníamos en correspondencia las matemáticas (y las ciencias empíricas de la naturaleza, por su inexcusable vinculación con aquellas, recuérdense las matemáticas aplicadas) y la poesía en anteriores ocasiones,[1] lo hacíamos atendiendo a la lógica –y siempre en relación a la estructura y dinámica- de sus lenguajes. Si la matemática –pura- decíamos, se desarrolla mentalmente y no tiene por qué tener una vinculación perceptual, y las ciencias de la naturaleza mantienen un vínculo ineludible con lo sensible, la poesía, puede, y de hecho así sucede, mantenerse en una relación de ambivalencia que ya describíamos como una característica singular que la hace manifestarse paradójicamente (ciencia de la paradoja, llegamos a definirla)[2] en su vinculación con la realidad de la mente –de la conciencia- y de lo sensorial empírico. El lenguaje (y los signos –y símbolos-) que la constituye(n) tiene(n) así mismo una idiosincrática naturaleza que llega a distinguirlo no solo del lenguaje matemático (y empírico natural aplicado de la matemática), también del uso ordinario de la lengua, incluso se dice que es o puede ser bien distinto al lenguaje mismo literario.[3]
                La abstracción pura del signo matemático tiende a contrastar con la necesidad representativa de la ciencia empírico positiva, que precisa del objeto sensorio para sus verificaciones experimentales. La poesía también procesa representaciones –muy significativas- en virtud de su lenguaje peculiar mediante la  que se aspira a un contacto con el mundo de las sensaciones, no obstante, también maneja conceptos profundos y abstractos que no tienen por qué encontrar vínculo sensitivo experimental, ya hablábamos de sus expresiones singulares en la indagación de valores, de emociones, de entendimiento trascendente… , por lo que es preciso reconocer la realidad de un
El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo
lenguaje representativo que se ampara, no sólo en el signo lógico matemático necesario en cualquier gramática lingüística, también en el que es propio de dominios de conocimiento e indagación distintos y que precisan de los símbolos como instrumentos de expresión y entendimiento. Aquí se encuentran, sin duda, salvando las diferencias evidentes, junto a la filosofía, la metafísica o la religión, la poesía.
                La consistencia interna –formal- de cualquier enunciado lógico –matemático o no-, no tiene por qué tener referencia con lo real sensorio, no así aquellos que siguen un modelo representativo, insistimos en esto, porque la poesía (y la matemática aplicada) pueden acceder a la supuesta realidad experimental observable para cualquiera y para ser comunicada y compartida. Una de las características más notables de la lógica y de las matemáticas es la de consolidarse como un auténtico lenguaje público,[4] en virtud de la igualdad de significados en cualquier circunstancia, por lo que su utilidad en el ámbito de la ciencia es extraordinaria. No sucede esto con el lenguaje estándar, menos aún con el artístico o literario. Pero es aún más extremo y especial con el lenguaje singular de la poesía.
                En cualquier caso, el mismo lenguaje de las ciencias de la naturaleza, en su público entendimiento, a luz de los nuevos avances en la indagación de la realidad material del mundo, hay casos que se exige, a tenor de la ambigüedad y contradictorio comportamiento de la materia, varios modelos lógico matemáticos para una descripción más aproximada de aquella,[5] de donde comienzan a deducirse potenciales limitaciones del propio conocimiento científico. Mas, yendo más allá de la indagación pura de la lógica y de la matemática, de la empírica comprobación de la ciencia en diversos ámbitos de la realidad material, existen intuiciones, ideas, incluso conceptos muy especiales que atienden a inquietudes como la ética, las emociones, la atención a lo trascendente… en virtud de la inclinación de los seres conscientes a indagar en las causas últimas o finales a los que se dedica y se implica no sólo la filosofía o la misma religión, también la fascinación por lo bello como forma de entendimiento y verdad del mundo tiene su punto de inflexión en la expresión poético creativa.
                Seguiremos la indagación sobre estas otras formas de entendimiento (sin duda imprescindibles para la óptima compresión del mundo y de nosotros mismos) en próxima entrega de este blog.


Francisco Acuyo



[1] Ver en Ancile: De las formas y objetos –matemáticos- a los signos y símbolos –poéticos- http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-las-formas-y-objetos-matematicos-los.html o El signo lingüístico (poético), lógico y matemático: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/el-signo-linguistico-poetico-logico-y.html , entre otros.
[2] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecittà, Granada, 2010.
[3] Jakobson, R.: Ensayos de lingüística y poética, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1977.
[4] Leach, J.: Matemáticas y religión, Sal Terrae, U. P. Comillas, Santander, Madrid, 2011, p. 27
[5] El principio de Complementariedad es un claro ejemplo de lo que decimos, y se utiliza en mecánica cuántica  para entender el comportamiento ambivalente de la luz (como partícula y como onda).




El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo

UNA ÉTICA POÉTICA PARA LA HIPERMODERNIDAD. SOBRE Y PORTUGUESA EL ALMA DE MANUEL SALINAS

Para la sección, Noticias, del blog Ancile, traemos el trabajo de José A. González Núñez, sobre el libro recién publicado del profesor y poeta Manuel Salinas Y portuguesa el alma, publicado por Entorno Gráfico edicones; y todo ello bajo el título, Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma.



Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile




 UNA ÉTICA POÉTICA PARA LA HIPERMODERNIDAD.  

 SOBRE Y PORTUGUESA EL ALMA DE MANUEL SALINAS




Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile





La hipermodernidad, estos tiempos que vivimos una vez superada la posmodernidad según los bautizó G. Lipovetsky, sigue siendo una era  racionalista y pragmática, individualista y consumista, pero marcada por una original y  sofocante angustia, gestada en la rapidez de las metamorfosis, en la melancólica caducidad de su esencia efímera y en la provisionalidad e inseguridad a que el  capitalismo global sigue condenando a las masas, al ritmo desenfrenado  de su progresión desaforada. Esta época, marcada por el desasosiego, nos fuerza a nuevos planteamientos, a nuevas exigencias, a otros modos de vivir en sociedad y a otras relaciones en los dominios del poder político, del saber y, sobre todo en el íntimo espacio de la subjetividad:  preciado don heredado de la modernidad.

El individuo hipermoderno se ha transformado y, a pesar del persistente hedonismo y sus ansias de gozo inmediato e ilimitado, según se fue expandiendo y asentando el consumismo, comenzó a percibirse una cierta insatisfacción moral, el hartazgo de la producción material y la carencia de aquellos ideales necesarios al vivir colectivo. Si el compromiso militante se ha relativizado con el
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
desprestigio de las ideologías que ofrecían paraísos igualitarios a la vuelta del futuro y la moral autoritaria se ha visto erosionada por una laxa permisividad, poco a poco se  ha comenzado a denostar el nihilismo y han acabado por ir asentándose nuevos valores morales, derivados de los derechos humanos, imprescindibles para configurar la identidad donde cimentar la subjetividad satisfecha y peculiar de las sociedades democráticas y desarrolladas. Revestida de la fascinante y lujosa teatralidad que irradia y se expande desde los todopoderosos medios de comunicación, esa individualidad también recibe cada día la descarnada e insoportable  imagen de la pobreza y el sufrimiento ajeno.

En los resquicios y ámbitos nacidos al socaire de la sentimentalidad desbordante de los medios de información ha ido creciendo, a la par que la insoportable angustia vital, la crítica de la explotación del semejante y han comenzado a aparecer nuevos comportamientos altruistas y valores cimentados en la generosidad y en aquel sentido de la justicia que reconoce en el otro el mismo absoluto que en uno mismo.

Justo en estos momentos acaba de aparecer un nuevo poemario, Y portuguesa el alma, del granadino asentado en Málaga, Manuel Salinas, editado en la colección Entorno gráfico de poesía, que viene a dar continuidad a los ideales iniciados en  Viviré del aire (2014) y supone el logro de nuevos hitos en el camino hacia esa tan necesaria ética, en este caso poética, para nuestra “dañada realidad”.

 La vida humana en su dimensión ética se ofrece como un camino hacia el Bien, camino de perfección que ya San Teófilo (siglo I) y San Gregorio de Nyssa (siglo IV) entienden como tensión y continuo avance ascensional desde la materia inane hasta la más alta espiritualidad,  y que se expresa con el término griego “epectasy”. En ese itinerario la razón no considera al Bien como un sentimiento nacido en la voluntad particular del individuo, sino como una aspiración al infinito, una reiterada búsqueda de algo más, pues el espíritu sólo se sacia parcialmente con los logros adquiridos y se reproduce en su acción incondicional y en su afán de universalidad. El deber de abarcarlo todo llevó a estructurar la realidad en tres escalones o niveles de dignidades según las categorías existentes, pasando de la inferior o naturaleza material, incapaz de perfeccionamiento autónomo, a la humana, dotada de libre albedrio, y a la superior o Bien absoluto, identificado con el misterio divino, inalcanzable por los humanos.

La tarea del hombre, único ser dotado de capacidad moral autónoma, consiste en procurar la mayor perfección de lo dado, en continuo recomenzar y sin nunca acabar. Con la libertad, connatural al ser humano, en su caminar, puede optar por cualquiera de los dos sentidos de la marcha, hacia el Bien o hacia el Mal. El hombre bueno busca la elevación espiritual y su conciencia le hace sentir pudor cuando opta por el movimiento descendente, aquel que le lleva a darse de bruces con la materia inferior, incapaz ésta de mayor perfección y a la espera de la ayuda humana para su elevación.  Wieland, el “Voltaire alemán”, fue el filósofo que en los umbrales del Romanticismo supo expresar con prístina claridad el ansia de transformación ascensional que el mundo mineral siente por el vegetal, éste por el animal y la bestia por el hombre. Finalmente, a través del camino de perfección, el humano desea conocer lo desconocido, dar a ver lo invisible y alcanzar, aunque sólo sea en el fugaz instante del “toque delicado”, la unión con la divinidad en la inaccesible “teosis” del místico.

 En el trato con la naturaleza el hombre se atiene al pudor para dominar con la razón las inclinaciones sensibles; la compasión es el sentimiento que le permite avanzar en sus necesarias relaciones de simpatía con los demás, un ponerse en el lugar del otro, superando la perversa tensión egoísta, merced al principio de justicia con el que reconoce en el semejante la misma dimensión de ser que posee en sí mismo y así pueda nacer entre ellos el amor de igualdad. Por último, en su proyección hacia el misterio y para crecer espiritualmente, los humanos necesitan la virtud de la piedad,
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
veneración que se manifiesta en el trato con lo divino y que expresa su decidida vocación de perfección. Ante lo desconocido el hombre siente temor, pero poco a poco y según se acerca a lo divino, transforma aquel pánico inicial en reverencia y admiración, deseo insaciable de unión y  amor puro al Bien Supremo, porque en Él se conjunta de manera indivisible la triple virtud: pudor, compasión y piedad.

Manolo Salinas es poeta, y lo es porque ha recibido el don de guardar en la memoria el tesoro vivo de lo que ha sentido (G. A. Bécquer); con tan preciado material ha creado y elevado himnos en honor del misterio de la existencia, pues que trasciende, trascendentes. En el Arte Poética de Juan de Mairena la poesía, como cualquier fruto imperecedero, debe sobreponerse al tiempo, de manera que el tiempo vital del poeta se “eviterniza”, con los medios de que éste se vale, en su totalidad temporales (medida, acentuación, rima, imágenes…), para ser:

                                                     “Ni mármol duro y eterno
                                                     ni música ni pintura,
                                                     sino palabra en el tiempo.
                                                     Canto y cuento es la poesía,
                                                     se cuenta una viva historia,
                                                     cantando su melodía.”

 Y a tal poética se atiene Manuel Salinas, pues no en vano le dotó Lope de Vega con “los  ojos niños y portuguesa el alma”, unida a una nueva ética que enraíza y fructifica  en estos nuestros días. Manolo nos recibe en el pórtico carvajaliano, “Del lado de la vida” y allí nos da cuenta y desvela el milagro hecho pensamiento y canción. En los recién pasados tiempos sentimos pudor y llegamos a comprender “que somos unos bárbaros, y que / esto no puede ser”, “pues toda barbarie cultural destruye la belleza y produce una barbarie moral”.

El poeta siente la herida de abril, porque  “abril es una herida, huido/ aroma de la hermosura del mundo” y, marcando tajante separación entre el mirar y el comer, deglute el mundo en ágape de compasión, compartiendo amor entre semejantes, elevándose al segundo escalón en la escala ascensional y creando belleza: palabra en el tiempo. Con ella nos da a ver lo que a él también se le dio, ese destello luminoso que atraviesa la llaga en su mano de artífice, llama de amor que quema y cauteriza y, con su luz, hace hablar a las cosas, a los jardines, en los lienzos de Rosaura Álvarez, Carmen Tischler y Mª Teresa Martín-Vivaldi, –¡Qué hermosas glicinias del Generalife para la portada!–,  “donde prende el rojo, el carmín,/ el sangre”, o en los sotos de los ríos de Granada:

“Juncos del Darro,
junquillos leves,
alegres de día
de noche alegres”.

Y la memoria frente al olvido es canto y cuento, ráfaga de luz que traspasa las tinieblas, rompiendo el silencio de la  noche malagueña: “noche de plata”.

La poesía “palabra esencial en el tiempo”, “diálogo de un hombre con su tiempo” según el pensar de Mairena, no es buena sólo por su técnica sino por la calidad de intuición, por su sensibilidad poética, por esa visión descentralizada y polivalente que considera y atiende los diferentes ángulos del ojo lírico, capaces de redimir la soledad del hombre. Sinestesia de los sentires que tras la “noche oscura” del alma  “abre los ojos dentro: la vida”.

Salir al exterior con una conciencia auroral, con la inocencia del infante analfabeto,  el recién nacido que sobre todo “apetece la leche alba del espíritu: la razón inmaculada, la razón pura” (Bergamín), razón espiritual capaz de doblegar la razón práctica en su “vita nova”, hecha de rectitud moral ante el mundo, al que consigue dar significado. Sabiduría bondadosa que engendra el bien, bello y verdadero, los tres universales caros al pensamiento desde la antigüedad griega, después cristianizada.

En lo externo el poeta se alimenta, come y se enriquece con la experiencia de su tiempo vital y con su particular vibración, unido a los demás, en la entrega que propicia la compasión, pues “sólo el amor/ transforma lo que toca” y crea la poesía, velo lingüístico repleto de colorido que da vida y hace
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
legible lo que no puede ser leído o vivido. Oquedad del estigma en la mano del artífice metamorfoseado en canal de inspiración, tal como lo imaginó y plasmó Claudio Sánchez Muros en su alegoría de la poesía, mediación entre el espacio privado y la colectividad, punto intermedio en las redes de comunicación. El yo como “el yo-del-otro”, “el deseo del otro”, de su diversidad se complementa en tanto que se le reconoce como igual. “Es la hermosura, la indulgencia que nos ayuda a sentir que lo que bien se reparte, bien sabe”.

Si en la historia moral de la humanidad se ha reiterado el fantasma del hombre-dios, el poderoso divinizado, el rey sol dominando sobre un amplio espacio “radiocrático”, en la actualidad renace lo espiritual, lo humano, aquella metafísica que se creía erradicada desde la Ilustración hasta el nihilismo posmoderno, con el deseo de superar en su avance el terrible drama del siglo XX, las catástrofes continuadas y las  ruinas  acumuladas, el fruto amargo del aire del progreso que el Angelus Novus de Klee no logra frenar ni reparar, en tanto los hombres sean incapaces de reconocer a los demás, al “otro que es yo”, como iguales (H. Arennt) y  sientan pánico por la multiplicación de los discursos mestizos: la “espuma” caótica de la globalización (P. Sloterdijk).

Manuel Salinas reconoce a los tártaros “despojados de la avaricia del cielo” como “tigres que heridos regresan/para asaltar los cielos”, pero “ya no hay ni verdades ni mentiras, sino la vida que eligió cada uno” y, “frente a la codicia de lo utilitario”,  “hagamos del cielo el mejor lugar/ de la tierra.”

En el amor entre iguales es el poeta con su peculiar sentir, en su ética, quien mejor puede atisbar la moralidad de cada cual, atravesada por la “kénosis” divino-humana que transfigura la libertad. Si el mal que amenaza al hombre y a la historia es la muerte, el Bien hecho amor del decir se constituye en memoria frente al olvido, belleza que en el poema aspira a la exaltación musical y a la  redención del mundo. “Esa luz: aspirar a ser buenos y no más”,  palabras que concluyen el “Envío” y cierran el poemario.

E. Kant definió lo sublime como la elevación moral del sujeto ante la posibilidad de su destrucción por un poder superior;  ateniéndonos a esa idea, no cabe duda de que el alma portuguesa de Manuel Salinas se nos ofrece como inmejorable e imprescindible tratado ético contra la perplejidad de nuestros tiempos desde la lógica polivalente de su lírica.

El libro se completa con una sorprendente introducción, debida al temblor sagrado de la mano de Sara Pujol Russell, poeta conmovida, admirada y enamorada ante los versos  de Manuel Salinas, hasta el punto de hacer falso el axioma aristotélico que postula la más rica vitalidad del pensador en tanto sea capaz de someter su dinamismo impulsivo. La rebelión de la mano que la prologuista quisiera austera le ha llevado a elaborar un texto que es la pura esencia del otro que habita en la desnudez del yo. Por esto, y a su pesar, se nos ofrece como investigación erudita, ejercicio de exégesis y la mejor guía para el futuro lector, en un  decir nunca visto que es  fuego de una pasión capaz de iluminar los ocultos intersticios de un pensamiento más que dual, trinitario: el de la escritura, el del poeta prologado y el de estos versos machadianos:

                                                      Si un grano de pensar ardiera
                                                      no en el amante, en el amor, sería
                                                      la más honda verdad lo que se viera.
   





José A. González Núñez
                                   Venta del Pulgar.
                                               En la fiesta de Santa Ágata, la catanesa.
                                               5 de febrero de 2017.











Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile